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martes, 14 de enero de 2014

YO NO LO CONOCÍA

            Por dos veces repite en pocas líneas Juan el Bautista esta expresión: yo no lo conocía. Se refiere naturalmente a Jesús de Nazaret. Lo leeremos en el evangelio del próximo domingo. Según todos los indicios, atendiendo a lo que nos cuentan los especialistas, Jesús y Juan el Bautista se conocían de tiempo atrás. Muchos piensan incluso que Jesús había sido discípulo de Juan. Sin embargo, Juan repite “yo no lo conocía”. ¿De qué conocimiento se trata? En el Evangelio y otros escritos de San Juan, el término “conocer” tiene un sentido nuevo que va más allá del puro conocimiento físico, exterior. Así termina el Evangelio: “esto que os he escrito lo escribí para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios,  y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Jn 20, 31). En otro lugar se dice: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a tim el único dios verdadero y al que tú has enviado, Jesucristo” (17, 3). Juan decía que conoció a Jesucristo cuando, en el bautismo, vio que el cielo se abría y se oyó una voz: “este es mi hijo amado, el predilecto”, mientras descendía sobre él como una paloma. Es decir, a Jesús Juan lo conoce, con ese conocimiento especial que da la vida, por una revelación singular de Dios.

            Nosotros nos llamamos cristianos. Al menos los mayores hemos oído desde niños muchas cosas sobre Jesús. Su nacimiento, su muerte, sus milagros... Es cierto que los niños y jóvenes de hoy quizá ni esto. Pero, en la mayoría de los casos, el conocimiento que tenemos de Jesús ¿cómo es? ¿Capaz de despertar amor, entusiasmo, seguimiento, un nuevo camino de vida? ¿Induce a dar una nueva orientación a la propia vida?  Se abre un nuevo ciclo en la Liturgia de la Iglesia en la que cada día iremos leyendo los tres evangelios sinópticos empezando por San Marcos y terminando por San Lucas allá por el mes de noviembre. Esta lectura seguida de los evangelios más los textos seleccionados especialmente para los domingos, si se leen despacio y orando con ellos, nos proporcionarán un encuentro con Jesucristo que, con la acción del Espíritu, nos proporcionará ese conocimiento interno que nos hace comprender toda la realidad de manera nueva. Que transforma nuestra vida, dándola un nuevo sentido y dirección.

            San Ignacio de Loyola hablaba del conocimiento interno de Jesús. A sus ejercitantes les invitaba a pedir continuamente ese conocimiento interno para poder amar a Jesús y seguirlo. ¿Tenemos los cristianos –también sacerdotes y religiosos- un conocimiento de Jesús de tal  naturaleza que dé sentido a nuestra vida? Y si andamos escasos de tal conocimiento, ¿lo deseamos, lo buscamos, lo pedimos? Vivimos en momentos históricos en que los soportes externos, institucionales, “tradicionales” son insuficientes para sustentar una vida cristiana de verdad. Los nuevos paradigmas y modelos sociológicos se tragan las tradiciones. Es necesario buscar la savia en el interior. Dentro de nosotros y por el conocimiento interno de Jesucristo.


                                                                      JOSÉ MARÍA YAGÜE CUADRADO

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