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martes, 21 de enero de 2014

SOMBRAS DE MUERTE Y UNA LUZ GRANDE

            “A los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”. Tierra y sombras de muerte designan el país en el que Jesús de Nazaret comienza su misión. Misión consistente en inundar la tierra con una “luz grande”.

            La luminosidad y belleza de Galilea no son suficientes para poder disfrutar de su paisaje abierto, esplendoroso, atravesado por suaves colinas y, de Norte a sur, por el mar de Galilea y el Jordán. En tiempos de Jesús, Galilea estaba sometida a un poder extranjero, Roma, que se lucraba del trigo, el aceite y el vino de sus llanuras y condenaba a la pobreza a sus gentes. Las revueltas sociales eran frecuentes y la violencia de zelotes y sicarios hacía correr la sangre. La represión de los soldados imperiales, cuando veían amenazada su “pax romana”, no se hacía esperar. El mismo Jesús habría de ser víctima de ese poder romano, cuando, tan hipócrita como hábilmente, es denunciado por los dirigentes de su raza como enemigo del Emperador.  A ese pueblo que camina en tinieblas y no puede gozar de la apacibilidad de su hermosa tierra, Jesús no sólo le inunda con una luz grande y nueva, sino que le cura de su ceguera. A la vez que les anuncia un Imperio muy superior al de Roma, el Reino de Dios, que es de justicia y paz, también les abre sus corazones para ver la realidad, toda la realidad desde otras perspectivas: la de la misericordia de Dios, Padre de todos y la de la fraternidad de los humanos.

            Hemos regresado lamentablemente a tierra sobre las que se ciernen sombras de muerte. Tras padecer una absurda guerra civil en la que los españolitos, nuestros abuelos, se mataban en los campos de batalla, hemos sufrido la dictadura de los nuevos zelotes y sicarios que no conocen otras razones que la violencia y la imposición de su propia verdad, zafia y consecuencia de estúpidas manipulaciones de la Historia. La obcecación, la tergiversación, el provincianismo más estrecho y corto de miras pretenden imponer su ley a todos. Eso sí, so capa de diálogo y democracia. A estas ceremonias de la confusión y el sinsentido se suman los partidos políticos mayoritarios, alimentando los nacionalismos para conseguir o perpetuarse en el poder. ¿Es tan difícil la cordura? ¿Qué podemos hacer los ciudadanos de a pie? ¿Revueltas sociales como las que ha desencadenado Gamonal? ¿Buscar pretextos para salir a la calle, acosar a la policía, protestar de todo y por todo? Algunos así lo pretenden, añadiendo más violencia a la que ya padecemos por unos políticos legítimos pero que se deslegitiman con su torpeza y ambición. El pasotismo de unos y el catastrofismo de otros, sin otro programa que destruir lo que hacen los de enfrente, sea bueno o malo, nos puede conducir, si nadie para tanto despropósito, a hacer inhabitable esta magnífica y querida tierra que llamamos España.

            Lástima que los modernos “gentiles” (=paganos) se empeñen en no querer contar con la luz que viene de Jesús. Más que nunca deberíamos estar todos atentos a su llamada vibrante a cambiar nuestros corazones. Sólo él trae “la luz grande”.

            
                                                                                   JOSÉ MARÍA YAGÜE 

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