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lunes, 30 de junio de 2014

TE DOY GRACIAS

            El evangelio que se leerá el domingo próximo contiene cien palabras. En ellas se expresa toda la sabiduría cristiana. Entre otras muchas muy bellas, estas pocas palabras son la más hermosa perla del evangelio de San Mateo.

            Te doy gracias. Es el sentimiento fundamental de Jesús. El que sobresale por encima de todos los demás. Es toda su vida. Vive en la gratitud y, por tanto, en la gratuidad. La vida no es un negocio. Es un don. Con todas sus venturas. Y también con todas sus desventuras. ¿Cómo ver en la Cruz la glorificación de Dios y de su criatura? Hacen falta unos ojos y un corazón nuevos para entender así la vida humana. Y también la muerte.

            ¿Quién puede entender, sentir, vivir la gratitud? Sólo los sencillos. ¿Quiere esto decir que hay que ser tonto, optimista compulsivo, ingenuo o estar de espaldas a la realidad para ser feliz? No casa en absoluto ninguno de esos rasgos con Jesús de Nazaret. La explicación es otra: él posee una sabiduría superior. La de ver la realidad, toda la realidad, desde la mirada amorosa de Dios. En la mirada y el quehacer de Dios, toda la miseria humana y cósmica va siendo transformada. Dichoso el que recibe esa iluminación.

            Conocer al Padre. Es, debería ser, la gran aspiración y también la principal ocupación del corazón humano. Pero el corazón se dispersa en la multiplicidad de lo real. Y así se di-vierte. También se pervierte. Por eso se pierde. Sin conocimiento de Dios, la mente y el corazón humanos están en riesgo permanente de errar el tiro. Y, por tanto, de construir un mundo al revés. Éste es el mundo en el que vivimos seducidos, engañados. Las ideologías pretenden suplantar el conocimiento de Dios. Capitalismo, comunismo, posmodernidad, nihilismo... Así nos va. ¿No sería mucho más fácil buscar la verdad de Jesús, el sencillo aldeano de Nazaret? El sabe entender incluso su muerte? Pero hay que ser valientes, fuertes y libres para acudir a Jesús.

            El nos susurra hoy estas tres invitaciones, contenidas en las cien palabras:
Venid a mí los cansados y agobiados. Para dar el primer paso hacia Jesús hace falta creer en él. Y no darse por vencido a las primeras dificultades. El viaje hacia Jesús transcurre por caminos recónditos y a veces empinados. 
Cargad con mi yugo. Cierto es que el hombre actual no quiere yugos ni cargas. Ahora bien, no se alcanza la tan soñada libertad sin disciplina, compromiso y fidelidad. Por otra parte, todo el mundo se unce a algún yugo. El asunto es a cuál queremos unirnos. El Señor nos dice que su yugo es llevadero y su carga ligera. Hay que leer más y antes las bienaventuranzas que los mandamientos.
Aprended de mí. El aprendizaje lo refiere a algo muy concreto: la sencillez y la mansedumbre. Estilo, forma de ser frontalmente opuestos a la tendencia actual a la arrogancia y la queja. ¿No habrá que invertir esta tendencia para mirar personas y acontecimientos con otros ojos menos agresivos y culpabilizadores?

            Dichoso quien se anima a entrar en este convite del Señor. Dichoso quien sabe y puede vivir en la gratitud.


                                                                                 JOSÉ MARÍA YAGÜE


sábado, 28 de junio de 2014

AVISOS DE LA UNIDAD PASTORAL

A partir del próximo lunes 30 de junio, las celebraciones quedarán como sigue a continuación hasta primeros de octubre:
  • De lunes a sábado, sólo habrá Eucaristía en la iglesia de San Mateo a las 7:30.
  • Los domingos, Eucaristía en San Mateo a las 11:30, y en la Anunciación a las 12:30.
En el mes de septiembre tendremos la Asamblea de la Unidad Pastoral para afrontar el nuevo curso.

Colecta de la festividad del Corpus, día de la caridad:
  • Anunciación del Señor,   256,30 €
  • San Mateo,                    501,00 €

viernes, 27 de junio de 2014

SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

"El Señor me asistió y me confortó"   (2 Tim 4,17)


San Pedro y San Pablo, de El Greco, sorprende por su contenido argumental y su riqueza cromática. Aunque el tema central es la reunión entre los dos apóstoles después de haber mostrado su desacuerdo, se insinúa una reconciliación no cumplida en las manos unidas que se cruzan sin llegar a tomar contacto. Al mismo tiempo, muestra un gesto de cesión o reconocimiento por parte de San Pedro, que se representa como un anciano cansado en un fondo de nubes que se abre al azul del cielo para resaltar la aureola de santidad y llevando las llaves de la iglesia. A su lado aparece la poderosa imagen de San Pablo en la plenitud de su madurez, sin aureola, con túnica verde y manto rojo, sujetando con orgullo la espada o atributo que le es propio.
Las figuras estilizadas se envuelven con pesados ​​mantos que impiden contemplar su anatomía, destacando sus pliegos en los que se crean sugerentes contrastes luminosos.  La espiritualidad de los santos está resaltada en sus rostros, claramente diferenciados.



La confesión de Pedro es un texto de gran importancia para la vida del cristianismo y se compone de dos partes: la respuesta de Pedro sobre el mesiazgo de Jesús, Hijo de Dios (vv. 13-16), y la promesa del primado que Jesús confiere a Pedro (vv. 17-19). Por lo que respecta a la pregunta que dirige Jesús a sus discípulos, podemos subrayar dos puntos de vista: el de los hombres (v. 13: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»), con su apreciación humana, y el de Dios (v. 15: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?», con el correspondiente conocimiento sobrenatural.
La opinión de la gente del tiempo de Jesús reconocía en él a un profeta y a una personalidad extraordinaria (v. 14). La opinión de los Doce, en cambio, es la expresada por la confesión de fe de Pedro: Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (cf. v. 16). Ahora bien, esa revelación es fruto exclusivo de la acción del Espíritu Santo, «porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre, que está en los cielos» (v. 17).
A causa de esta confesión, Pedro será la roca sobre la que edificará Jesús su Iglesia. A Pedro y a sus sucesores les ha sido confiada una misión única en la Iglesia: son el fundamento visible de esa realidad invisible que es Cristo resucitado. Ambos constituyen la garantía de la indefectibilidad de la Iglesia a lo largo de los siglos.
Por otra parte, el poder especial otorgado por Jesús a Pedro, expresado por las metáforas de las llaves, del «atar» y del «desatar» (v. 19), indica que tendrá autoridad para prohibir y permitir en la Iglesia.


La liturgia fija hoy algunos momentos en la rica y agitada vida de los dos apóstoles. Domina sobre todos la escena de Cesárea de Filipo, descrita en el fragmento evangélico. ¿Qué retendremos, en particular, de este episodio tan célebre? Estas palabras: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». La Iglesia, pues, no es una sociedad de librepensadores, sino que es la sociedad -o mejor aún, la comunidad- de los que se unen a Pedro en la proclamación de la fe en Jesucristo. Quien edifica la Iglesia es Cristo. Es él quien elige libremente a un hombre y lo pone en la base. Pedro no es más que un instrumento, la primera piedra del edificio, mientras que Cristo es quien pone la primera piedra. Sin embargo, desde ahora en adelante no se podrá estar verdadera y plenamente en la Iglesia, como piedra viva, si no se está en comunión con la fe de Pedro y con su autoridad, o, al menos, si no se tiende a estarlo. San Ambrosio ha escrito unas palabras vigorosas: «Ubi Petrus, ib¡ Ecclesia», «Donde está Pedro, allí está la Iglesia». Lo que no significa que Pedro sea por sí solo toda la Iglesia, sino que no se puede ser Iglesia sin Pedro (R. Cantalamessa, La Parola e la vita, Roma 1978, p. 307).

Lecturas de la festividad:

Vídeo:




miércoles, 25 de junio de 2014

SOLO JESÚS EDIFICA LA IGLESIA

El episodio tiene lugar en la región pagana de Cesarea de Filipo. Jesús se interesa por saber qué se dice entre la gente sobre su persona. Después de conocer las diversas opiniones que hay en el pueblo, se dirige directamente a sus discípulos: “Y vosotros, ¿ quién decís que soy yo?”.
Jesús no les pregunta qué es lo que piensan sobre el sermón de la montaña o sobre su actuación curadora en los pueblos de Galilea. Para seguir a Jesús, lo decisivo es la adhesión a su persona. Por eso, quiere saber qué es lo que captan en él.
Simón toma la palabra en nombre de todos y responde de manera solemne: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús no es un profeta más entre otros. Es el último Enviado de Dios a su pueblo elegido. Más aún, es el Hijo del Dios vivo. Entonces Jesús, después de felicitarle porque esta confesión sólo puede provenir del Padre, le dice: “Ahora yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.
Las palabras son muy precisas. La Iglesia no es de Pedro sino de Jesús. Quien edifica la Iglesia no es Pedro, sino Jesús. Pedro es sencillamente “la piedra” sobre la cual se asienta “ la casa” que está construyendo Jesús. La imagen sugiere que la tarea de Pedro es dar estabilidad y consistencia a la Iglesia: cuidar que Jesús la pueda construir, sin que sus seguidores introduzcan desviaciones o reduccionismos.
El Papa Francisco sabe muy bien que su tarea no es “hacer las veces de Cristo”, sino cuidar que los cristianos de hoy se encuentren con Cristo. Esta es su mayor preocupación. Ya desde el comienzo de su su servicio de sucesor de Pedro decía así: “ La Iglesia ha de llevar a Jesús. Este es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta”.
Por eso, al hacer público su programa de una nueva etapa evangelizadora, Francisco propone dos grandes objetivos. En primer lugar, encontrarnos con Jesús, pues “él puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestras comunidades… Jesucristo puede también romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo”.
En segundo lugar, considera decisivo “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio” pues, siempre que lo intentamos, brotan nuevos caminos, métodos creativos, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual”. Sería lamentable que la invitación del Papa a impulsar la renovación de la Iglesia no llegara hasta los cristianos de nuestras comunidades.


De  Eclesalia.net


martes, 24 de junio de 2014

SAN PEDRO Y SAN PABLO: A VUELTAS CON LA IGLESIA

            El próximo domingo 29 coincide con la festividad de los santos apóstoles Pedro y Pablo. Por otra parte, el papa Francisco es responsable de muchos titulares, casi cada día. En general, favorables pero sin que falten las críticas. Gracias a Dios. Todo ello me lleva a dedicar estas líneas semanales a la Iglesia. Tan amada por unos y tan denostada por otros. Signo de contradicción no sólo por los valores que representa sino también por las miserias con las que carga.

            Lo primero que habría que poner en claro es que la Iglesia no es el Papa. Ni los obispos con los curas, religiosos y religiosas. Como no lo era San Pedro. Ni siquiera lo eran los Doce, aunque ellos la representasen y fuesen los primeros encargados de ensanchar, o mejor, eliminar sus fronteras. Pablo fue el mejor exponente de la pluralidad de la Iglesia primitiva. Mostrando la pluralidad de la Iglesia, fue el “jefe de la oposición”. Pluralidad que la Iglesia canoniza celebrándolos el mismo día. Merced a esta oposición, junto con Bernabé y otros, la Iglesia se abrió a los gentiles, a los paganos, a quienes los piadosos judíos negaban la salvación. Sin conocer la Ley, ¿cómo podían cumplirla? Y si no la cumplían, no había para ellos posibilidad de salvación.

            Estos hechos incontrovertibles de la primitiva Iglesia deberían ser algo más que temas de estudio para los especialistas. Son pautas de obligado cumplimiento. La intolerancia de las derechas e izquierdas eclesiásticas enfrentadas entre sí no tiene razón de ser. Más bien, es motivo de descalificación de unas y otras cuando se convierten en capillismos y rompen la unidad eclesial. O cuando, según preferencias ideológicas, unos exaltan a un papa hasta casi deificarlo mientras otros lo convierten poco menos que en el anticristo. O, como comentaba la semana pasada, de él se cuestionan hasta los zapatos que calza.

            Sería bueno ir bastante más adentro y buscar la coherencia de hechos y palabras del papa y de todos los cristianos con el Evangelio de Jesús. Mucho más, claro está, que con tradiciones, costumbres o hábitos adquiridos al arrimo de modas de poder o gobierno hoy ya insoportables en las sociedades civiles modernas. En todo caso, la crítica y la autocrítica son necesarias en la Iglesia. Pero quienes las realizan o realizamos deberíamos atenernos al menos a estros tres principios:

           Para tener derecho a la crítica se necesita un plus de autenticidad. De otro modo, nos ocurrirá lo que San Pablo escribía en Rom. 2,12: “no tienes excusa tú que juzgas, pues juzgando a otro a ti mismo te condenas, ya que obras esas mismas cosas que juzgas”. Una crítica positiva sólo puede nacer del amor a quien se critica. De no ser así termina en cisma y recíprocas exclusiones o condenas. Las críticas a la Iglesia han de ser ajenas, para ser legítimas y útiles, a un sutil mecanismo: encubrir y servir de tapadera a la evasión del compromiso o bien a la autojustificación. Por eso, con frecuencia, los más críticos son los más descomprometidos. Y los más estériles.


                                                                   JOSÉ MARÍA YAGÜE CUADRADO


SAN JUAN BAUTISTA


San Juan Bautista. Rublev. S. XV

Andrei Rublev revolucionó la pintura religiosa de su tiempo. A diferencia de la mayor parte de los artistas rusos, pintores de íconos suntuosos y llenos de alegorías secundarias, Rublev se concentró en representar únicamente aquellos aspectos esenciales que se relacionaban con los personajes representados. La frontalidad y el hieratismo característico de los íconos son transformados en suaves escorzos de líneas fluidas y suaves, utilizando una gama de colores más pura y luminosa, con mucho contraste de luz y sombra. Rublev fue el artista más imitado desde su época, a tal grado que es sumamente difícil saber qué obras atribuirle a él mismo con seguridad.
Sin embargo, la característica más sobresaliente de sus íconos y frescos es la profunda espiritualidad que emana de sus figuras sacras. A consecuencia de las rígidas normas que se imponían a los artistas y sus representaciones, los íconos bizantinos suelen ser hieráticos y distantes; los personajes están revestidos de una dignidad majestuosa, tal como correspondía a su categoría sobrenatural. En muchos casos la representación se convierte en un mero seguimiento de las fórmulas establecidas, convirtiéndose en estereotipado. Rublev rompe con estos esquemas establecidos sin contravenir las normas impuestas, lo cual es ya de por sí un logro extraordinario. Sus figuras se humanizan, se acercan más a la naturaleza mística del que las contempla, bajando de su trono celestial para hablarnos y establecer una íntima comunicación espiritual.

Este ícono, que representa la figura del bautista, constituye una de sus obras más notables. Es cierto que su ícono más famoso (y el único que se le atribuye con seguridad) es el de la Trinidad del Antiguo Testamento, con sus delicadas figuras angelicales y su novedosa tridimensionalidad, pero este San Juan Bautista es más cercano a la imagen del eremita del desierto que predica y bautiza en nombre de aquel que vendrá y del cual “… yo no soy digno de desatar la correa de su calzado” como dice la escritura.   
Este San Juan Bautista no es una deidad o la idea que se tiene en este sentido. Un santo es ante todo un hombre que ha vivido una vida ejemplar y ha sido, por gracia divina, capaz de hacer milagros. Nuestro San Juan tiene la mirada patética, y sus largos cabellos y barba descuidada nos hablan acerca del desprendimiento y del abandono de la vida terrena. Sus manos abiertas imploran por la venida de aquel que será el alimento de las almas, que al fin es lo que realmente importa porque es lo realmente trascendente, lo esencial para el verdadero creyente. Rublev era un místico convertido en pintor quien, a semejanza del Bautista, vivió y predicó la profunda y más auténtica espiritualidad.

                                                                       Julián González Gómez



lunes, 23 de junio de 2014

CÁRITAS DE LA UNIDAD PASTORAL INFORMA

Durante los primeros seis meses de este año 2014, en nuestra Unidad de Acción Pastoral, se han realizado 79 ayudas  y su cuantía asciende a 12.800 €.


AVISOS SEMANA 23 DE JUNIO

El miércoles 25  de Junio  habrá “Oración de silencio” en la iglesia de la Anunciación del Señor de 5 de 6 de la tarde.

Jueves 26 de Junio tendremos Eucaristía a las 6 de la tarde en la Capilla de la Hermandad Ferroviaria (Avenida de París).

También el jueves 26  de Junio  a las 8 de la tarde tendremos Exposición del Santísimo en la  iglesia  de San Mateo.



domingo, 22 de junio de 2014

CRISIS JURIDICA E INJUSTICIA LEGAL

INFORME DEL OBSERVATORIO SOBRE LA DOCTRINA SOCIAL DE
 LA IGLESIA EN EL MUNDO

Se habla, y con razón, de crisis económica. Pero según el V Informe sobre la Doctrina social de la Iglesia en el mundo del Observatorio Cardenal van Thuân, presentado hace unos días, hay una crisis oculta, sutil pero muy invasiva y desestabilizadora: la crisis jurídica o, como dice el Informe, la "injusticia legal".
Estamos ante una profunda crisis jurídica si los Tribunales internacionales de justicia entran a definir quién es persona, si los jueces ordinarios eliminan con sus sentencias las leyes y sustituyen a los Parlamentos, o si las Constituciones son ahora el terreno de ásperas disputas en lugar del reconocimiento común de algunos valores naturales, que luego se extiende a todas las relaciones sociales y económicas. Esto explica en gran medida la crisis actual: según el Informe referido se multiplican las normas, pero se menoscaba la ley. De este modo el verdadero Estado de derecho entra en crisis, incluso en las democracias occidentales.
Del análisis sobre lo sucedido en los cinco continentes, el Informe indica "tres tendencias peligrosas que acaban por minar la base de la ley para sustituirla con las normas".
La primera de las tendencias es la de las Cortes Internacionales de Justicia, que intervienen con mucho peso en los asuntos internos de los Estados para obligarlos a adoptar leyes sobre temas como la fecundación artificial o sobre los matrimonios entre homosexuales.
La segunda es la de los jueces ordinarios que, con sus sentencias, demuelen las leyes y, de hecho, sustituyen al Legislador. 
La tercera está constituida por la lucha por las constituciones. Muchas leyes sobre la vida y la familia impuestas por la presión internacional son anti-constitucionales. Algunos países, como Croacia y Eslovaquia, han blindado sus Constituciones para defender la familia y la vida. Sobre la Constitución, está en marcha una guerra que mina el sentido de pertenencia de las naciones, dado que las cartas constitucionales deberían, justamente, ser un punto de referencia compartido y no un campo de batalla. Todo esto "genera crisis jurídica, o bien injusticia legal, y se aumentan las situaciones que exigen soluciones como la objeción de conciencia".
Los datos de este informe del Observatorio Van Thuân demuestran la difusión de la anomia social en el mundo, la suspensión de la ley en muchas áreas, la crisis de las instituciones, la corrupción más o menos consentida, el oligopolio del uso de la fuerza, las prácticas ilegales impunes, las limitaciones del derecho a la objeción de conciencia. Ejemplos de lo dicho son América Latina o África donde este panorama es desolador, de modo que no se salva ni siquiera el mundo llamado desarrollado. Esto nos indica que no es poca la influencia que, sobre la organización de la vida cotidiana de nuestra sociedad (también de la europea a la que pertenecemos), tienen estos fenómenos del comportamiento de los jueces y de las Constituciones, fenómenos de crisis de la justicia que el Informe documenta a nivel de los tribunales internacionales. Cabe el riesgo de que esto se este extendiendo a otros ámbitos a modo de contagio, lo que exige una actuación rigurosa conforme a los principios y normas que inspiran la ordenación de los pueblos y de las sociedades. 


                                                                             Raúl Román Sánchez