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miércoles, 9 de abril de 2014

NADA LO PUDO DETENER

La ejecución del Bautista no fue algo casual. Según una idea muy extendida en el pueblo judío, el destino que espera al profeta es la incomprensión, el rechazo y, en muchos casos, la muerte. Probablemente, Jesús contó desde muy pronto con la posibilidad de un final violento.
Jesús no fue un suicida ni buscaba el martirio. Nunca quiso el sufrimiento ni para él ni para nadie. Dedicó su vida a combatirlo en la enfermedad, las injusticias, la marginación o la desesperanza. Vivió entregado a “buscar el reino de Dios y su justicia”: ese mundo más digno y dichoso para todos, que busca su Padre.
Si acepta la persecución y el martirio es por fidelidad a ese proyecto de Dios que no quiere ver sufrir a sus hijos e hijas. Por eso, no corre hacia la muerte, pero tampoco se echa atrás. No huye ante las amenazas, tampoco modifica ni suaviza su mensaje.
Le habría sido fácil evitar la ejecución. Habría bastado con callarse y no insistir en lo que podía irritar en el templo o en el palacio del prefecto romano. No lo hizo. Siguió su camino. Prefirió ser ejecutado antes que traicionar su conciencia y ser infiel al proyecto de Dios, su Padre.
Aprendió a vivir en un clima de inseguridad, conflictos y acusaciones. Día a día se fue reafirmando en su misión y siguió anunciando con claridad su mensaje. Se atrevió a difundirlo no solo en las aldeas retiradas de Galilea, sino en el entorno peligroso del templo. Nada lo detuvo.
Morirá fiel al Dios en el que ha confiado siempre. Seguirá acogiendo a todos, incluso a pecadores e indeseables. Si terminan rechazándolo, morirá como un “excluido” pero con su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no rechaza ni excluye a nadie de su perdón.
Seguirá buscando el reino de Dios y su justicia, identificándose con los más pobres y despreciados. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá como el más pobre y despreciado, pero con su muerte sellará para siempre su fe en un Dios que quiere la salvación del ser humano de todo lo que lo esclaviza.
Los seguidores de Jesús descubrimos el Misterio último de la realidad, encarnado en su amor y entrega extrema al ser humano. En el amor de ese crucificado está Dios mismo identificado con todos los que sufren, gritando contra todas las injusticias y perdonando a los verdugos de todos los tiempos. En este Dios se puede creer o no creer, pero no es posible burlarse de él. En él confiamos los cristianos. Nada lo detendrá en su empeño de salvar a sus hijos.

De  Eclesalia.net





martes, 8 de abril de 2014

DOMINGO DE RAMOS

            Recuerdo haber escrito el año pasado, en estas vísperas del domingo de Ramos, algo sobre los estrenos. Porque, efectivamente, en mi tierra es día de lucir “los majos” adquiridos para la primavera. Si era en Misa, mucho mejor. Además, el año pasado se estaba estrenando el papa Francisco en su ministerio pontificio.  Este año, a falta de otras novedades, periódicos, radios y televisiones nos atosigan con la polémica suscitada por Pilar Urbano sobre la Transición Española, y el insignificante episodio de la multa a Esperanza Aguirre. Debatir públicamente sobre esto último nos pone en la pista de la mediocridad y la intrascendencia en que nos movemos.

            Mayor calado tiene  el asunto del “23F”, porque aquí sí se está poniendo en tela de juicio la sinceridad democrática no sólo de la suprema autoridad del Estado Español, sino de muchos otros políticos de aquel momento que han sacado pecho presumiendo de convicciones y conductas democráticas. Quizá habrá que decir que sí, pero menos. Nada vicia más la honestidad del comportamiento humano que el oportunismo. De ello hay demasiado en la joven democracia española. Menos mal que, aunque el reconocimiento haya llegado tras su muerte, sabemos que, al menos uno, el Presidente Suárez  sí tuvo sentido de Estado y mantuvo el tipo con dignidad. Muy meritorio en el ostracismo orquestado al que se le sometió.

            Ahora bien, el domingo de ramos nos lleva a reflexionar sobre otros valores más permanentes y fecundos, al margen de su antigüedad o novedad. Permanece y tiene futuro, con vocación de eternidad, lo que se gesta en el silencio de la acción. El proceso de Jesús, lo que hoy llamamos la Semana Santa, se desencadena cuando Jesús entra en Jerusalén montado sobre un pollino. Nadie podía sospechar que aquel primer domingo de ramos, así llamado por las palmas y olivos agitados por la gente sencilla y los niños para aclamar a Jesús, terminaría con la sumaria condena y ejecución del hoy proclamado Rey e Hijo de David. Menos aún podía intuirse que, al domingo siguiente, aquel condenado volvería a la vida, convirtiéndose así en Señor del mundo y Cabeza de una Iglesia que sigue caminando tras veinte siglos. Vida y muerte de Jesús verifican lo que Él había enseñado: lo importante tiene orígenes pequeños y ocultos. El pan crece y alimenta por la levadura que se esconde en la masa y los frutos provienen de la pequeña semilla que se pudre bajo tierra. 

            En la cultura del ruido, de la noticia de “última hora”, del espectáculo vibrante, de las manifestaciones masivas no exentas de violencia en muchos casos, del hacerse notar porque no existe lo que no se publica, de la foto en las primeras planas..., el domingo de ramos, con su protagonista sobre el burrito, nos hace deseable la vida oculta pero entregada, la eficacia del don de sí mismo en el silencio y el anonimato de lo cotidiano. En la familia, en el trabajo, en la política, en la Iglesia, en toda la vida...

                                                                                    JOSÉ MARÍA YAGÜE


          

domingo, 6 de abril de 2014

MARCHA SOLIDARIA DE LA UNIDAD PASTORAL


Ermita de El Viso

El  día 1 de Mayo tendremos la MARCHA SOLIDARIA que consistirá en Salir de la Iglesia de San Mateo para dirigirnos a la ermita de El Viso y vuelta por Villares de la Reina a la plaza de Barcelona donde leeremos un manifiesto; son unos 11 Km y los kilómetros patrocinados irán destinados a Cáritas de la Unidad Pastoral de San Mateo y la Anunciación.


sábado, 5 de abril de 2014

AVISOS SEMANA 7 DE ABRIL

Lunes 7
-  A las 5 nos reunimos el Grupo de Mayores en el centro de la Anunciación del Señor.
-  También a las 5, Taller de punto en el centro de la Anunciación.

Miércoles 9
-  De 5 a 6 de la tarde tendremos Oración de Silencio en la iglesia de la Anunciación del Señor, con exposición del Santísimo.
-  A las 7:30 h. tendremos Celebración Penitencial de Cuaresma en la Iglesia de San Mateo.

Jueves 10
-  A las 5, Celebración Penitencial para mayores en la Iglesia de San Mateo.
-  A partir de las 5, en el centro de la Anunciación, Taller de Guitarra de la UP.
-  Reflexión cuaresmal a cargo de Carmen Calzada, directora de Cáritas de Salamanca, a las 8:15 en la iglesia de la Anunciación del Señor.
Este jueves 10 no habrá Exposición del Santísimo, quedando para la Hora Santa del Jueves Santo en San Mateo.

Viernes 11
-  A las 6:30 Vía Crucis en San Mateo.
No habrá Eucaristía de 7:30 en San Mateo, celebrando la Eucaristía y el perdón en la iglesia de Nuestra Señora de Fátima a las 7:30.


SEGUNDA CHARLA CUARESMAL

El pasado jueves día 3, Ricardo de Luis Carballada, de la Orden de Predicadores, impartió en la iglesia de la Anunciación la segunda reflexión de esta Cuaresma.

Con el paso del tiempo aprendemos en la vida que las cosas más importantes con las más sencillas y que la vida se sostiene sobre la constancia e insistencia en aquello que creemos (fidelidad).
Cuaresma como tiempo de conversión: no seguir haciendo las cosas como hasta ahora, y volver a Dios, que Él sea nuestro punto de apoyo en todas las cosas que hacemos.
Volver a la fuente de la vida. Para encontrarla, a veces, hay que ir contracorriente.
Orientar nuestra mirada, porque también somos lo que miramos. ¿Dónde tenemos puesta nuestra mirada?
Unidos a Jesús. Nos pregunta: Y vosotros ¿quién decís que soy yo?
La pregunta equivale a decir: ¿qué significado tiene Jesús en nuestra vida?
Jesús es el abrazo de Dios.
Jesús es el que recompone nuestra humanidad.
Jesús es camino, verdad y vida.




jueves, 3 de abril de 2014

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

"Tu Palabra me da vida"  (Sal 118,50b)



Se da una conexión progresiva en los grandes textos de Juan leídos a lo largo de estos últimos domingos de cuaresma. Después de haber hablado del don de Dios (el agua viva), Jesús, verdadera Luz, ha abierto los ojos al ciego de nacimiento. Estas acciones simbólicas anunciaban el bautismo, es decir, el renacimiento por el agua y el Espíritu. Hoy, otra acción simbólica nos habla de las consecuencias del bautismo: la vida nueva e imperecedera.
Entre las múltiples consideraciones posibles, nos detenemos en el llanto de Jesús junto a la tumba de su amigo Lázaro. Si sabía que iba a devolverle la vida, ¿por qué llora? Sus lágrimas, tan reales, tienen también un valor simbólico. Se trata de todas las miserias humana -cuyo culmen es la muerte corporal-, que producen en Jesús esas lágrimas de compasión. Todo el misterio de la redención es un misterio de compasión y de amor.
La resurrección de Lázaro provocará directamente la condena a muerte de Jesús, que libra a los demás de la muerte a precio de su propia muerte. Los judíos dirán: "¡Ha resucitado a Lázaro, que se salve a sí mismo!". Pero si Jesús se salvara a sí mismo, no podría salvarnos. El amor es don. En Jesús vence el amor precisamente al no salvarse a sí mismo, sino muriendo por nosotros. Pues el amor, para vencer, debe saber perder: ésta es la ley fundamental del cristiano. No podemos obtener ningún bien para los demás sin perder nosotros mismos por amor.


Señor Jesús, eres nuestro amigo. Sabemos que nos amas muchísimo y que con frecuencia haces con nosotros lo mismo que con tus amigos de Betania. Cuántas veces y en cuántas circunstancias te llamamos, y tú no acudes enseguida. Tus demoras nos dejan preocupados. Tus retrasos nos hacen morir.
Pero tú sabes por qué. Tú sabes lo que favorece a tus amigos. Tú sabes lo que más conviene a los que amas. Todo lo dispones para hacer que creamos, para llevarnos a una fe más madura y a una esperanza más firme. Mejor es tu llanto por nosotros que nuestro vivir tranquilo. Mejor es morir para resucitar escuchando tu grito que nos llama. Señor Jesús, cuando por nuestra miseria estemos muertos, desintegrados, no permitas que dejemos de creer que tú lo puedes todo, porque lo quieres por la fuerza de tu amor y tu obediencia al Padre.
El Padre siempre te escucha porque se complace en ti. Tú, que eres la vida y compartes nuestro morir cotidiano, tú nos harás salir del sepulcro, de todos los sepulcros en los que caemos por la debilidad de nuestra fe.


Dígnate, Señor, venir a mi tumba y lavarme con tus lágrimas: en mis ojos áridos no tengo tantas para lavar mis culpas.
Si lloras por mí, me salvaré. Si soy digno de tus lágrimas, desaparecerá el hedor de mis pecados.
Si merezco que llores un momento por mí, me llamarás de la tumba de este cuerpo y dirás: "Ven afuera", - para que mis pensamientos no queden encerrados en el estrecho espacio de esta carne, sino que salgan al encuentro de Cristo para vivir en la luz; para que no piense en las obras de las tinieblas, sino en las del día: el que piensa en el pecado trata de encerrarse en sí mismo.
Señor, llama a tu siervo que salga afuera: a pesar de las ataduras de mis pecados que me oprimen, con los pies vendados y las manos atadas, y aunque esté sepultado en mis pensamientos y obras muertas, a tu grito saldré libre y me convertiré en un comensal de tu banquete. Tu casa se inundará de perfume si conservas lo que te has dignado redimir.
                                                             (San Ambrosio, La penitencia, II, 71)

Lecturas del día:

Vídeo de la semana:




miércoles, 2 de abril de 2014

UN PROFETA QUE LLORA

 Jesús nunca oculta su cariño hacia tres hermanos que viven en Betania. Seguramente son los que lo acogen en su casa siempre que sube a Jerusalén. Un día Jesús recibe un recado: nuestro hermano Lázaro, “tu amigo”, está enfermo. Al poco tiempo, Jesús se encamina hacia la pequeña aldea.
Cuando se presenta, Lázaro ha muerto ya. Al verlo llegar, María, la hermana más joven, se echa a llorar. Nadie la puede consolar. Al ver llorar a su amiga y también a los judíos que la acompañan, Jesús no puede contenerse. También él “se echa a llorar” junto a ellos. La gente comenta: “¡Cómo lo quería!“.
Jesús no llora solo por la muerte de un amigo muy querido. Se le rompe el alma al sentir la impotencia de todos ante la muerte. Todos llevamos en lo más íntimo de nuestro ser un deseo insaciable de vivir. ¿Por qué hemos de morir? ¿Por qué la vida no es más dichosa, más larga, más segura, más vida?
El hombre de hoy, como el de todas las épocas, lleva clavada en su corazón la pregunta más inquietante y más difícil de responder: ¿Qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? Es inútil tratar de engañarnos. ¿Qué podemos hacer? ¿Rebelarnos? ¿Deprimirnos?
Sin duda, la reacción más generalizada es olvidarnos y “seguir tirando”. Pero, ¿no está el ser humano llamado a vivir su vida y a vivirse a sí mismo con lucidez y responsabilidad? ¿Solo a nuestro final hemos de acercarnos de forma inconsciente e irresponsable, sin tomar postura alguna?
Ante el misterio último de nuestro destino no es posible apelar a dogmas científicos ni religiosos. No nos pueden guiar más allá de esta vida. Más honrada parece la postura del escultor Eduardo Chillida al que, en cierta ocasión, le escuché decir: “De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada”.
Los cristianos no sabemos de la otra vida más que los demás. También nosotros nos hemos de acercar con humildad al hecho oscuro de nuestra muerte. Pero lo hacemos con una confianza radical en la Bondad del Misterio de Dios que vislumbramos en Jesús. Ese Jesús al que, sin haberlo visto, amamos y, sin verlo aún, le damos nuestra confianza.
Esta confianza no puede ser entendida desde fuera. Sólo puede ser vivida por quien ha respondido, con fe sencilla, a las palabras de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees tú esto?”. Recientemente, Hans Küng, el teólogo católico más crítico del siglo veinte, cercano ya a su final, ha dicho que para él morirse es “descansar en el misterio de la misericordia de Dios”. 


De  Eclesalia.net

martes, 1 de abril de 2014

FORO EFFETA EN VIDA NUEVA



En la revista Vida Nueva del 28 de marzo:

Éffeta: la misión bulle en Salamanca
Nace un foro para la nueva evangelización que integra a sacerdotes, religiosos y laicos.

Enlace del artículo:
http://www.vidanueva.es/2014/03/28/effeta-la-mision-bulle-en-salamanca-foro-nueva-evangelizacion/

El que quiera el artículo completo puede ponerse en contacto a través del correo del blog.


SI CREES, VERÁS LA GLORIA DE DIOS

            No es fácil la fe. A toda persona le resulta difícil creer. Sobre todo si por fe entendemos confiar de lleno en alguien o Alguien. Según están las cosas en nuestras sociedades modernas, ¿quién se fía y de quién? ¿No estarán lacrados hoy el matrimonio, la vida familiar, la política, los negocios y tantas otras realidades cotidianas por la merma de confianza? Si en los asuntos temporales y visibles, la fe es tan escasa, ¿cómo depositar fe y confianza en algo que escapa a nuestros sentidos? Mucho más difícil aún creer “en la resurrección de los muertos y en la vida eterna” si esa vida ultraterrena la asociamos a imágenes ingenuas, idílicas y absolutamente irreales. Cualquier intento de pensar en el más allá de manera concreta e imaginable choca con un muro infranqueable. Como querer poner cuerpo a lo puramente espiritual. Imposible.

            La resurrección de Lázaro, que se nos propone el domingo próximo dentro del itinerario de la Cuaresma, tampoco ayuda para comprender la vida eterna. Lo único que nos enseña es que Jesucristo tiene poder sobre la muerte. Que Dios saca vida de donde sólo hay ya despojos humanos. Esto es mucho, muchísimo, porque nos muestra que Dios es creador y recreador. Pero la vida resucitada de Lázaro nada tiene que ver con “la vida eterna”. Es una vuelta a la vida histórica que ha de terminar de nuevo. Por el contrario, la vida de la que habla Jesús cuando nos dice “Yo soy la resurrección y la Vida” es una vida que no termina. Es para siempre, eterna.

            Últimamente he leído algún comentario católico hablando de la vida que esperamos más allá de la muerte como una “reintegración en el Uno“, como una especie de asunción en una divinidad panteísta en la que no queda nada de nuestra propia singularidad, en la que el “yo” se disuelve como una gota de agua en el océano y prácticamente desaparece. No es satisfactoria tal interpretación. Cuando en el Credo decimos “creo en la resurrección de la carne”, no estamos hablando de la materia, de los minerales y células que componen nuestra actual corporalidad. Lo que aquí significa “carne” es nuestra individualidad. Y nuestra capacidad de comunicarnos como personas singulares con Dios y con otras personas. Si el “yo” desaparece del todo, no estamos ya en la fe de la Iglesia en la resurrección. Resurrección es el yo confiado absolutamente a Dios Padre, para vivir siempre en Él.

            Ahora bien, ¿cómo ocurre esto? Aquí nos perdemos y nada podemos afirmar más allá del hecho. La revelación nos habla del hecho de la resurrección, no del cómo de la resurrección. Me parece luminosa la confesión de fe de Hans Küng, citada por J.A. Pagola: morirse es “descansar en el misterio de la misericordia de Dios”. O como intuía J.L. Martín Descalzo en su inspirado y conocido soneto:

Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.


                                                                                        JOSÉ MARÍA YAGÜE


domingo, 30 de marzo de 2014

AVISOS SEMANA 31 DE MARZO

Lunes 31 de Marzo
- A las 4:30 nos reunimos el Grupo de Mayores en el centro de San Mateo.
- A las 5, Taller de punto en el centro de la Anunciación.

Miércoles 2 de Abril 
- De 5 a 6 de la tarde tendremos “Oración de Silencio” en la iglesia de la Anunciación del Señor, con exposición del Santísimo.
- Después de la Eucaristía, a las 7,15 h. tendremos Celebración Penitencial de Cuaresma en la Iglesia de la Anunciación.

 Jueves 3
-  A partir de las 5, Taller de Guitarra en el centro de la Anunciación.
-  A las  8:15 la segunda Reflexión cuaresmal a cargo de D. Ricardo de Luis, prior de los Dominicos en la Iglesia de la Anunciación del Señor.
- Este día no habrá Exposición del Santísimo, quedando para la siguiente semana.

Viernes 4
-  Meditación del Vía Crucis, estaciones 13, 14 y 15. No habrá rezo de Vísperas.
-  A las 8 reunión del Grupo de Biblia en el centro de San Mateo.