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sábado, 28 de septiembre de 2013

AVISOS SEMANA 30 DE SEPTIEMBRE

Martes 1 de Octubre
-  A las 5:00 h. nos reuniremos el Grupo de Cáritas de la UP en el centro de San Mateo.
-  El mismo día 1 de Octubre comenzamos el mes del Rosario y de las Misiones
De lunes a sábado en San Mateo  rezo del Rosario a las 7:00 h.
De lunes a sábado en la Anunciación rezo del Rosario a las 6:15 h.

Miércoles 2 de Octubre
-  A las 5:00 h. en  el templo de la Anunciación del Señor habrá Oración de Silencio, con exposición del Santísimo.

Jueves 3 de octubre
-  A las 6:15 h. tendremos exposición del Santísimo en la Iglesia de la Anunciación del Señor.
-  El mismo día 3 de octubre a las 6:00 h. comenzamos la catequesis con una oración todos los grupos en la iglesia de San Mateo.
-  A partir de las 5, hasta las 8, comienzan las clases de guitarra de la UP en el centro de la Anunciación.

Domingo 6 de Octubre 
-  A la 1 de la tarde comienza el Grupo de Preadolescentes en el centro de San Mateo.


jueves, 26 de septiembre de 2013

DOMINGO 26 DEL TIEMPO ORDINARIO

"El Señor hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos"  (Sal 145,7)




La parábola del hombre rico y de Lázaro es de una notable sencillez: Dios nos sitúa ante el juicio que emite sobre cada uno de nosotros y ante la conversión que se nos pide. El rico epulón descubre, por desgracia demasiado tarde, quién es verdaderamente el Señor. Llegado aquí, no tiene otro remedio que pedirle que Lázaro vaya a advertir a sus hermanos para que cambien de vida y no tengan que caer en el lugar de tormento en el que él se encuentra. Pero Abrahán le responde: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco harán caso aunque resucite un muerto» (Lc 16,31).
El problema que nos presenta el evangelio es, precisamente, el de comprender que la conversión requiere la escucha de la Palabra de Dios. Para convertirnos es absolutamente necesario que escuchemos con atención la Palabra de Dios. Es preciso que permitamos a la Palabra bajar a nuestro corazón. Ahora bien, para que podamos recibirla de manera fructuosa, es menester abrirle nuestro corazón, a fin de permitirle penetrar hasta el fondo.
La conversión es siempre un problema de corazón, o sea, un problema de interioridad, de abandono fundamental de todo, con la intención de dejar que Dios disponga de toda nuestra vida. Podemos decir también que la conversión significa aflojar los dedos, aferrados a algo de una manera espasmódica, para caer por completo en las manos de Dios (Mt 6,25ss), o sea, para depender únicamente de él.
El verdadero pobre, cuando es tal, está totalmente suspendido del amor de Dios. Se muestra en todo libre y disponible a su amor. El rico, en cambio, se endurece cada vez más en este mundo. Justamente por eso no le resulta fácil comprender a los pobres, porque no capta el valor de la vida humana y, por consiguiente, tampoco el de la conversión. El testimonio que debemos dar de nuestra fe es, precisamente, la conversión, que compromete de una manera incondicionada toda la existencia como un todo, incluida una confianza total en la gracia de Dios. Ahora bien, ese testimonio exige una larga lucha. Significa confiarse sin vacilaciones a Dios, que nos ha escogido desde la eternidad. No es nunca conquista nuestra, sino un deber de amor al que sólo se puede responder con amor.
No se va al cielo «tumbado en cómodos divanes». No es posible vivir sin preocuparnos del pueblo que está seriamente amenazado. «Se acabará la orgía de los disolutos». Es preciso «ir al exilio a la cabeza de los deportados». El rico epulón no fue condenado simplemente por su riqueza, sino porque no fue capaz de ofrecer su ayuda al pobre, que carecía de todo y, enfermo, se estaba muriendo al lado de su puerta. El pecado es la riqueza que permite que los pobres mueran junto a su propia puerta; es la falta de solidaridad que separa a los hombres.



Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Vos me lo diste, a Vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.  (San Ignacio de Loyola).


Vídeo de la semana:
http://www.youtube.com/watch?v=NPSIHVLUKYk

Lecturas del día:
http://www.servicioskoinonia.org/biblico/calendario/texto.php?codigo=20130929&cicloactivo=2013&cepif=0&cascen=0&ccorpus=0


miércoles, 25 de septiembre de 2013

ROMPER LA INDIFERENCIA

Según Lucas, cuando Jesús gritó “no podéis servir a Dios y al dinero”, algunos fariseos que le estaban oyendo y eran amigos del dinero “se reían de él”. Jesús no se echa atrás. Al poco tiempo, narra una parábola desgarradora para que los que viven esclavos de la riqueza abran los ojos.
Jesús describe en pocas palabras una situación sangrante. Un hombre rico y un mendigo pobre que viven próximos el uno del otro, están separados por el abismo que hay entre la vida de opulencia insultante del rico y la miseria extrema del pobre.
El relato describe a los dos personajes destacando fuertemente el contraste entre ambos. El rico va vestido de púrpura y de lino finísimo, el cuerpo del pobre está cubierto de llagas. El rico banquetea espléndidamente no solo los días de fiesta sino a diario, el pobre está tirado en su portal, sin poder llevarse a la boca lo que cae de la mesa del rico. Sólo se acercan a lamer sus llagas los perros que vienen a buscar algo en la basura.
No se habla en ningún momento de que el rico ha explotado al pobre o que lo ha maltratado o despreciado. Se diría que no ha hecho nada malo. Sin embargo, su vida entera es inhumana, pues solo vive para su propio bienestar. Su corazón es de piedra. Ignora totalmente al pobre. Lo tiene delante pero no lo ve. Está ahí mismo, enfermo, hambriento y abandonado, pero no es capaz de cruzar la puerta para hacerse cargo de él.
No nos engañemos. Jesús no está denunciando solo la situación de la Galilea de los años treinta. Está tratando de sacudir la conciencia de quienes nos hemos acostumbrado a vivir en la abundancia teniendo junto a nuestro portal, a unas horas de vuelo, a pueblos enteros viviendo y muriendo en la miseria más absoluta.
Es inhumano encerrarnos en nuestra “sociedad del bienestar” ignorando totalmente esa otra “sociedad del malestar”. Es cruel seguir alimentando esa “secreta ilusión de inocencia” que nos permite vivir con la conciencia tranquila pensando que la culpa es de todos y es de nadie.
Nuestra primera tarea es romper la indiferencia. Resistirnos a seguir disfrutando de un bienestar vacío de compasión. No continuar aislándonos mentalmente para desplazar la miseria y el hambre que hay en el mundo hacia una lejanía abstracta, para poder así vivir sin oír ningún clamor, gemido o llanto.
El Evangelio nos puede ayudar a vivir vigilantes, sin volvernos cada vez más insensibles a los sufrimientos de los abandonados, sin perder el sentido de la responsabilidad fraterna y sin permanecer pasivos cuando podemos actuar. 

De  Eclesalia.net.




EL POBRE LÁZARO Y EL RICO “RICO”

                Algo que no se sabe normalmente de esta conocida parábola, salvo claro está los más entendidos, es que la única parábola que tiene un nombre propio es la que leeremos el próximo domingo, la del rico Epulón y el pobre Lázaro. Lo que no se sabe es que “epulón” significa rico y que el evangelio solamente dice “había un rico”. Después sí da el nombre del pobre. Cuando nosotros traducimos “el rico Epulón” estamos diciendo sencillamente “el rico rico”.
              ¿Saben lo único que se cuenta de este personaje? Tres cosas: que banqueteaba espléndidamente, que vestía de púrpura y lino, y “que le enterraron”. Se supone que esto último se cuenta porque sería un entierro fastuoso, como correspondía a su clase social. Pero no se da su nombre. Lo que quiere decir que es una persona sin rostro. Mucho ropaje externo, mucha parafernalia, pero nada de nada.
              No se critica que tuviera riquezas. Sólo lo que hacía con ellas: banquetear, vestir lujosamente y pasar de largo sin ayudar al pobre que yace a su puerta. Lo que se critica es el uso que hace de las riquezas y la insensibilidad ante el pobre. Claro, luego se añade cuál es el destino de este personaje: una sed que le corroe las entrañas y seca su lengua como la de una teja reseca.
              Éste es justamente el problema de nuestra sociedad y de nuestras sociedades. Utilizar los bienes sólo en beneficio propio y la insensibilidad frente al necesitado. Estos días he tenido que volver a leer las grandes encíclicas sociales. Y resumirlas para explicarlas a mis alumnos de Doctrina Social de la Iglesia. Trabajo pesado, vive Dios porque los papas se han empeñado en repetir una y otra vez lo que dijeron sus antecesores. Pero a base de tanto repetir, algo queda siempre. Que los bienes nos los ha dado Dios y los podemos poseer con tal de que sirvan a las necesidades de todos.
              Es decir, justo lo que nos empeñamos en no hacer. Dentro de cada Nación, cada uno, salvo excepciones, va a lo suyo. Con crisis o sin crisis, los que pueden gastan y gastan, insensibles ante la necesidad “ajena”. Hasta que la cosa llega a la propia familia, claro. Y si hablamos de la relación entre naciones, peor. Se puede gastar en lujos, en aeropuertos sin aviones, en armamentos, en coches de alta gama para los políticos, en engrosar cuentas en el extranjero de los vivos de turno. Pero no hay dinero ni siquiera para el 0,7 % para ayudas al desarrollo de los pueblos pobres.
               Pienso que esta parábola hay que leerla hoy más como una descripción de nuestro mundo colectivamente considerado que a nivel individual. Y que ahí nos encontramos muchos “sin rostros”. Problema de sensibilidad. ¿No estamos realmente alienados, sin nombre, sin rostro por tener mente y corazón puestos en el consumo? Nos espera un entierro en el que lo único seguro, como dice el papa Francisco y ya recordé aquí en alguna ocasión, llevaremos los bolsillos del sudario vacíos y no irá tras nuestros restos el camión de las mudanzas.                  

                                                              JOSÉ MARÍA YAGÜE CUADRADO     



martes, 24 de septiembre de 2013

IMPULSAR LA RENOVACIÓN EVANGÉLICA

Querido hermano Francisco:
Desde que fuiste elegido para ser la humilde “Roca” sobre la que Jesús quiere seguir construyendo hoy su Iglesia, he seguido con atención tus palabras. Ahora, acabo de llegar de Roma, donde te he podido ver abrazando a los niños, bendiciendo a enfermos y desvalidos y saludando a la muchedumbre.
Dicen que eres cercano, sencillo, humilde, simpático… y no sé cuántas cosas más. Pienso que hay en ti algo más, mucho más. Pude ver la Plaza de San Pedro y la Via della Conciliazione llena de gentes entusiasmadas. No creo que esa muchedumbre se sienta atraída solo por tu sencillez y simpatía. En pocos meses te has convertido en una “buena noticia” para la Iglesia e, incluso, más allá de la Iglesia. ¿Por qué?
Casi sin darnos cuenta, estás introduciendo en el mundo la Buena Noticia de Jesús. Estás creando en la Iglesia un clima nuevo, más evangélico y más humano. Nos estás aportando el Espíritu de Cristo. Personas alejadas de la fe cristiana me dicen que les ayudas a confiar más en la vida y en la bondad del ser humano. Algunos que viven sin caminos hacia Dios me confiesan que se ha despertado en su interior una pequeña luz que les invita a revisar su actitud ante el Misterio último de la existencia.
Yo sé que en la Iglesia necesitamos reformas muy profundas para corregir desviaciones alimentadas durante muchos siglos, pero estos últimos años ha ido creciendo en mí una convicción. Para que esas reformas se puedan llevar a cabo, necesitamos previamente una conversión a un nivel más profundo y radical. Necesitamos, sencillamente, volver a Jesús, enraizar nuestro cristianismo con más verdad y más fidelidad en su persona, su mensaje y su proyecto del Reino de Dios. Por eso, quiero expresarte qué es lo que más me atrae de tu servicio como Obispo de Roma en estos inicios de tu tarea.
Yo te agradezco que abraces a los niños y los estreches contra tu pecho. Nos estás ayudando a recuperar aquel gesto profético de Jesús, tan olvidado en la Iglesia, pero tan importante para entender lo que esperaba de sus seguidores. Según el relato evangélico, Jesús llamó a los Doce, puso a un niño en medio de ellos, lo estrechó entre sus brazos y les dijo: “El que acoge a un niño como este en mi nombre, me está acogiendo a mí”.
Se nos había olvidado que en el centro de la Iglesia, atrayendo la atención de todos, han de estar siempre los pequeños, los más frágiles y vulnerables. Es importante que estés entre nosotros como “Roca” sobre la que Jesús construye su Iglesia, pero es tan importante o más que estés en medio de nosotros abrazando a los pequeños y bendiciendo a los enfermos y desvalidos, para recordarnos cómo acoger a Jesús. Este gesto profético me parece decisivo en estos momentos en que el mundo corre el riesgo de deshumanizarse desentendiéndose de los últimos.
Yo te agradezco que nos llames de forma tan reiterada a salir de la Iglesia para entrar en la vida donde la gente sufre y goza, lucha y trabaja: ese mundo donde Dios quiere construir una convivencia más humana, justa y solidaria. Creo que la herejía más grave y sutil que ha penetrado en el cristianismo es haber hecho de la Iglesia el centro de todo, desplazando del horizonte el proyecto del Reino de Dios.
Juan Pablo II nos recordó que la Iglesia no es el fin de sí misma, sino solamente “germen, signo e instrumento del Reino de Dios”, pero sus palabras se perdieron entre otros muchos discursos. Ahora se despierta en mí una alegría grande cuando nos llamas a salir de la “autorreferencialidad” para caminar hacia las “periferias existenciales”, donde nos encontramos con los pobres, las víctimas, los enfermos, los desgraciados…
Disfruto subrayando tus palabras: “Hemos de construir puentes, no muros para defender la fe”; necesitamos “una Iglesia de puertas abiertas, no de controladores de la fe”; “la Iglesia no crece con el proselitismo, sino por la atracción, el testimonio y la predicación”. Me parece escuchar la voz de Jesús que, desde el Vaticano, nos urge: “Id y anunciar que el Reino de Dios está cerca”, “id y curad a los enfermos”, “lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”.
Te agradezco también tus llamadas constantes a convertirnos al Evangelio. Qué bien conoces a la Iglesia. Me sorprende tu libertad para poner nombre a nuestros pecados. No lo haces con lenguaje de moralista, sino con fuerza evangélica: las envidias, el afán de hacer carrera y el deseo de dinero; “la desinformación, la difamación y la calumnia”; la arrogancia y la hipocresía clerical; la “mundanidad espiritual” y la “burguesía del espíritu”; los “cristianos de salón”, los “creyentes de museo”, los cristianos con “cara de funeral”. Te preocupa mucho “una sal sin sabor”, “una sal que no sabe a nada”, y nos llamas a ser discípulos que aprenden a vivir con el estilo de Jesús.
No nos llamas solo a una conversión individual. Nos urges a una renovación eclesial, estructural. No estamos acostumbrados a escuchar ese lenguaje. Sordos a la llamada renovadora del Vaticano II, se nos ha olvidado que Jesús invitaba a sus seguidores a “poner el vino nuevo en odres nuevos”. Por eso, me llena de esperanza tu homilía de la fiesta de Pentecostés: “La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades y gustos… Tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes, con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos”.
Por eso nos pides que nos preguntemos sinceramente: “¿Estamos abiertos a las sorpresas de Dios o nos encerramos con miedo a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta?”. Tu mensaje y tu espíritu están anunciando un futuro nuevo para la Iglesia.
Quiero acabar estas líneas expresándote humildemente un deseo. Tal vez no podrás hacer grandes reformas, pero puedes impulsar la renovación evangélica en toda la Iglesia. Seguramente, puedes tomar las medidas oportunas para que los futuros obispos de las diócesis del mundo entero tengan un perfil y un estilo pastoral capaz de promover esa conversión a Jesús que tú tratas de alentar desde Roma. Francisco, eres un regalo de Dios. ¡Gracias!

Jose Antonio Pagola, en Vida Nueva


lunes, 23 de septiembre de 2013

ÉFFETA



El próximo 24 de septiembre, a las 20.30 horas en la Casa de la Iglesia se presentará un nuevo Foro para la Evangelización: “Éffeta”, que nace en el último tramo del Año de la Fe con el objetivo de aunar fuerzas e inquietudes para afrontar los retos y desafíos que plantea la nueva evangelización en nuestra diócesis. Ese día se abrirá el periodo de inscripción para participar en un itinerario que comprende cinco acciones concretas, comunitarias y personales, con las que pretenden renovar y afianzar la fe de cada una de las comunidades cristianas que se sienten implicadas en este proyecto así como de las personas, sean religiosos, sacerdotes o laicos, que deseen adentrarse en la aventura de descubrir cómo vivir, celebrar y anunciar su fe en este momento de la vida.
Éffeta está orientado a adultos de 25 a 55 años aunque cualquier persona puede participar en las acciones que se llevarán a cabo.
Éstas son las fechas y lugares del itinerario previsto:

- 22 de octubre: PARROQUIA SAN JUAN BAUTISTA. “Eres precioso a mis ojos. Yo te amo”. Acogida e introducción.
- 29 de octubre: PARROQUIA MARÍA MEDIADORA. “Creí por eso hablé. Venid a mí”. Una fe que anuncia y convoca.
- 5 de noviembre: PLAZA BARCELONA, SAN MATEO y LA ANUNCIACIÓN. “Seréis mis testigos”. Una fe que irradia, contagia, atrae.
- 12 de noviembre: CARBAJOSA DE LA SAGRADA. “No os acomodéis a los criterios del mundo presente”. Denuncia y transforma.
- 19 de noviembre: SAN JUAN DE SAHAGÚN y PLAZA MAYOR. “Y la ciudad se llenó de alegría”. Una fe que celebra la alegría de creer.

CONOCE más de cerca A ÉFFETA

Éffeta lo integran personas pertenecientes a distintos ámbitos eclesiales (parroquias, movimientos, congregaciones,…) y a diversas formas de vida, ministerios y servicios apostólicos y pastorales.

La intención del foro es reflexionar e incorporar nuevas propuestas evangelizadoras que enriquezcan el tejido eclesial de nuestra diócesis, así como colaborar con otras iniciativas diocesanas y arciprestales que vayan en la línea de este dinamismo evangelizador. Otro de sus objetivos es llegar a ser un verdadero taller y laboratorio apostólico, donde se afronten retos y desafíos respecto a la nueva evangelización, y donde se ensayen y trabajen iniciativas que puedan abarcar otras franjas pastorales aún no atendidas por otras instancias diocesanas.

MODOS DE PARTICIPACIÓN Y COLABORACIÓN

- Participando semanalmente en los encuentros del foro desde un sentido de corresponsabilidad y co-protagonismo.
- Participando quincenalmente en los encuentros desde la corresponsabilidad y solidaridad en el trabajo que se va realizando.
- Colaborando puntualmente en acciones o proyectos concretos desde los distintos ámbitos eclesiales a los que se pertenece.

Información: www.foroabrete.blogspot.com.
Tfno.: 615 957 148.


domingo, 22 de septiembre de 2013

FIESTA DE SAN MATEO

De la Misa...







...a la mesa








AVISOS SEMANA 23 DE SEPTIEMBRE

Lunes 23
A las 4:30 reunión del grupo de Cáritas de la UP en los locales de San Mateo

Miércoles 25
A las 5, en el templo de la Anunciación, Oración de Silencio, con exposición del Santísimo.
También a las 5, reunión de los confirmados este pasado mes de mayo en el centro de la Anunciación.

Jueves 26
A las 6 encuentro de catequistas en el centro de San Mateo.
Asímismo, a las 6 comienzo del Taller de Guitarra de la UP en el centro de la Anunciación.
Y a la misma hora, Eucaristía del mes en la capilla de la Hermandad Ferroviaria de la A. de París.

El domingo 29 después de la misa de 11 de San Mateo, reunión de todos los niños y niñas que han comulgado esta año o los años anteriores.

Catequesis:  Apuntarse desde 2º de Primaria a los jóvenes, en el despacho de San Mateo de 6 a 7:30 de la tarde desde el 16 al 30 de septiembre. La catequesis comenzará el día 3 de octubre a las 6 en la iglesia de San Mateo.


jueves, 19 de septiembre de 2013

DOMINGO 25 DEL TIEMPO ORDINARIO

"Los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia"
 (Gaudium et spes, 69)





«Ningún criado puede servir a dos amos…, no podéis servir a Dios y al dinero». Se trata de una declaración muy fuerte e incisiva, que pone claramente de manifiesto lo que está en juego. Es preciso saber elegir con precisión entre Dios y el dinero, o sea, entre el Dios del amor y el dios del dinero. El evangelio no subraya la falta de honestidad del administrador, sino la astucia de la que hace gala en la preparación de su futuro.
El Señor nos invita a preparar nuestro futuro y a darle cuentas de su gestión con la entrega de nuestros bienes a los pobres mediante un reparto que sea justo. La riqueza no es algo maldito en sí misma, sino un servicio y un don a los hermanos que el Señor nos da, una voluntad de compartir con ellos. Ahora bien, la riqueza puede ser asimismo un riesgo permanente. Una vez que la sed de riquezas se apodera de nosotros, ya no nos suelta. Tiende a someternos y a hacerse con todo nuestro interés. De este modo, poco a poco, Dios acaba por convertirse en algo secundario o, peor aún, acaba por convertirse en un adversario peligroso que es preciso eliminar absolutamente de nuestra propia vida. Por el contrario, cuanto más se convierte Dios en nuestro único amor, en el único sol de nuestra vida, en el todo de nuestro corazón, tanto más se debilita el amor a la riqueza, hasta desaparecer por completo, como en san Francisco de Asís, para quien Dios se convirtió en el único tesoro para compartir con los hermanos. O -como él mismo decía- en su «caja de caudales celestial».
El Señor nos invita en la liturgia de hoy a practicar un discernimiento de lo que es esencial, de modo que nos desprendamos del dinero o -mejor- separemos el dinero de nosotros mismos para compartirlo como puro don de amor. En realidad, el problema principal no es apartar el dinero de nosotros, sino convertirlo en un valor para el Reino. Se trata de introducir el dinero en la corriente justa a través de la cual se abre la gracia de Dios un camino hasta nuestro corazón. Precisamente al lugar donde el amor de Dios impregna todo lo que constituye nuestra persona y donde, poco a poco, el amor lo invade todo hasta brillar como fuego incandescente de amor. Entonces tiene lugar el milagro: el dinero queda invertido en el Reino de Dios. Ya no hay «riqueza inicua». Ahora, a través del amor a los necesitados, fructificará al ciento por uno.
Esa es la razón de que Pablo insista tanto en la necesidad de la oración: «Deseo, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando las manos limpias de ira y altercados» (1 Tim 2,8). La pureza del corazón, desprendido de todo y orientado a Dios, es necesaria para que nuestra oración sea luz en un mundo plagado de injusticias, en donde el dinero se convierte con frecuencia en una trampa oscura para los hermanos.


Te alabamos y te bendecimos, Señor Jesús, por tu inmenso amor. Te pedimos la gracia de conocerte cada día más íntimamente, a fin de amarte con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, con toda nuestra vida. Sí Jesús, tu amor nos abraza, nos rodea: somos en ti y podemos contemplar en todos los hombres tu amor, que se entrega. Cada hombre y cada mujer están envueltos por tu mismo fuego de amor. También lo están nuestros pecados, todas las situaciones que encontramos, la pobreza y la miseria que descubrimos cada día a nuestro alrededor.

Haznos crecer, Jesús, en este amor tuyo. Concédenos la gracia de llegar a un conocimiento cada vez más profundo e íntimo de ti, oh Señor, que te has hecho hombre por nosotros, para amarnos cada vez con mayor intensidad y enseñarnos a amar con tu mismo amor. Imploramos esta gracia del Padre a través de ti, Jesús, que vives y reinas con él en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

Lecturas del día:

Vídeo de la semana:



NUEVA ENTREVISTA DEL PAPA FRANCISCO