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martes, 14 de octubre de 2014

RENACE LA ALEGRÍA


            Con este lema nos aprestamos a celebrar un año más la Jornada Mundial de las Misiones, el otrora popular DOMUND. Como siempre, esta jornada se celebra el tercer domingo de octubre, coincidente este año con el domingo 29 del tiempo ordinario en el que leemos el conocido Evangelio del “Dad a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del César”.

            El lema procede de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco que lleva por título “La alegría del Evangelio”. En tiempo de frustraciones, quejas y tan graves como múltiples desajustes en nuestra sociedad y en el mundo entero, el Papa nos invita a no dejarnos robar la alegría. Alegría que sólo puede provenir, para ser auténtica y duradera, del encuentro con Jesús. Así nos lo dice el Papa:

            “Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. Éste es el fin de la actividad misionera: ayudar a extender esta alegría, anunciando a todos la posibilidad de nacer y renacer al encuentro con Dios. Un renacer a la vida de fe que, como tantas veces comprueban los misioneros, ha sido revelado a los pequeños. Los misioneros, llenos de alegría, comparten con los más pobres su experiencia de encuentro con Cristo. Los que  reciben este anuncio y abren su corazón a él, también acogen con alegría la Buena Noticia de la salvación. Francisco nos dice cuál es el origen de esta gran alegría: “El amor con el que el Padre ama al Hijo llega hasta nosotros y, por obra del Espíritu Santo, nos envuelve”; y además, nos invita a participar en ella: “¿Por qué no entramos también nosotros en este río de alegría?”. 

            Los dos párrafos anteriores son parte de la campaña con la que las Obras misionales pontificias (OMP) invitan a todos los cristianos a orar por las misiones y colaborar económicamente con los misioneros. Constituyen una fantástica invitación. En mundo tan carente de alegría y sobrado de lamentos, es muy de agradecer que se nos muestre el modo de encontrar la alegría profunda y duradera, endógena. Muy distinta y contraria a la que es  producto de experiencias finalmente decepcionantes.

            Sí. La clave está en el encuentro con Jesucristo.  Es lo único que explica la alegría, la fortaleza y la libertad que nos muestran muchos misioneros viviendo en las condiciones de vida más adversas, expuestos a enfermedades, a atentados y a un sinnúmero de riesgos en países distintos y distantes de sus raíces culturales. Quizá el secreto está en que se han atrevido a “dar a Dios lo que es de Dios”. Es decir, a ofrecer su vida, sus capacidades, su todo al único que recompensa con creces. Pero no por interés personal, sino por haber reconocido que el centro de sí mismos no es otro que el Señor y que eso se expresa cuando se es capaz de “perder su vida por Cristo y su Evangelio”. Es decir, en la práctica, por los otros y, en concreto, por los más pobres. Tal es el mensaje del Domund de este año: renacer a la alegría por el encuentro con Jesucristo. ¿Nos atreveremos a iniciar en serio el camino hacia él?

                                                                                      JOSÉ MARÍA YAGÜE




AVISOS SEMANA 13 DE OCTUBRE

Los lunes y los jueves  de 12 a 1 se abre la Oficina de empleo de Cáritas de la UP en el despacho de San Mateo.
El martes 14 de octubre a las 5 se convoca al Grupo de Mayores en el centro de la Anunciación del Señor.
Jueves 16 de octubre a las 5 comenzara el Grupo de Vida Ascendente en el centro de San Mateo.
También el jueves, de 5 a 7, clases de guitarra en el centro de la Anunciación.
Viernes 17 de Octubre a las 8 se reanuda la Formación Bíblica en el centro de San Mateo.
Todos los martes en la Iglesia de la Anunciación del Señor  de 6 a 7 de la tarde habrá Oración de Silencio, con exposición del Santísimo.
El próximo domingo 19 en la misa de 1 de San Mateo, se celebrará el día del Domund a nivel diocesano.

Durante el mes de octubre a las 7 de la tarde en la Iglesia de San Mateo, rezo del Rosario (de lunes a sábado) y en la Anunciación del Señor a las 6:15 lunes, miércoles, viernes y sábado antes de la misa.



lunes, 13 de octubre de 2014

TENGO PREPARADO EL BANQUETE

            Raramente los comentaristas del Evangelio nos fijamos en los destinatarios de las palabras de Jesús. Sin embargo, es frecuente que los evangelistas expliciten a quienes se dirige preferentemente Jesús. En el caso de la parábola del banquete de bodas que el Rey prepara para su hijo, esta denuncia tiene un destino preciso: los sacerdotes y “ancianos” del pueblo. Entrecomillo “ancianos” porque no se trata de los mayores de edad, sino de los notables, los dirigentes, los que parten y reparten el bacalao. La parábola que leíamos el domingo pasado de los arrendatarios asesinos que se quedan con todos los frutos de la viña también se dirigía a los mismos.

            Jesús sabía que “el mayor problema” de Israel, de su pueblo, no era la gente llana y empobrecida. El mayor problema eran los dirigentes. En su tiempo, la clase dirigente estaba conformada por los sacerdotes (poder religioso), los saduceos (poder económico) y los “ancianos” (poder político). Todos ellos subordinados a un poder superior que, en ese momento, lo detentaba el Imperio de Roma. Estoy inclinado a pensar que a la pregunta de las encuestas sobre los principales problemas de nuestro país, ya no hay que responder con el paro, el terrorismo (ahora el las minorías radicales musulmanas), la deuda con la que nacen los españolitos que vienen al mundo (más bien pocos), ni con ningún otro que no sea el de los dirigentes. Sí, éste es el gran problema: nuestros dirigentes

            Unos, endiosados, iluminados y locos, manipuladores de la opinión pública y empeñados en destruir la unidad nacional; otros, especialistas en incumplir lo que prometieron (por ejemplo traicionándose a sí mismos y a quienes les votaron no reformando leyes injustas e inhumanas), corruptos muchos y encubridores todos de latrocinios generalizados; los de más allá, populistas, acertados quizá en el análisis y la crítica a los demás, pero instalados en la utopía y no exentos ellos mismos de corrupción; y los de más acá, a la deriva, sin alternativas que no sean el insulto y las ocurrencias de turno, al más puro estilo de quienes negaron mendazmente lo evidente (la crisis económica) y nos condujeron a la ruina.  Difícil solución la de este gran mal, porque, efectivamente, toda sociedad necesita dirigentes. Y no se atisba la llegada de quienes quieran serlo con vocación de servicio. Ni tampoco se adivinan los valores morales en una sociedad generadora de fuerza humanizadora y solidaria, de donde emerjan buenos dirigentes.  

            Sí parece claro que nuestra sociedad va tomando conciencia del problema. Pero no es suficiente. Esa conciencia ha de llevar, no sólo a la crítica sino a una mayor lucidez a la hora de votar y, por supuesto, a una mayor honradez en la gestión de los asuntos personales (por ejemplo, el pago de impuestos) y profesionales. Seguramente, habrá que manifestarse contra las injusticias del sistema, pero echándose  a la calle sólo para reclamar pequeños intereses particulares y menos aún con la violencia, sino para reclamar el saneamiento de nuestra vida pública.

            Gran desafío al que estamos abocados los españolitos, sobre todo los de a pie.

           
                                                                                  JOSÉ MARÍA YAGÜE


INIVITACIÓN

Jesús conocía muy bien cómo disfrutaban los campesinos de Galilea en las bodas que se celebraban en las aldeas. Sin duda, él mismo tomó parte en más de una. ¿Qué experiencia podía haber más gozosa para aquellas gentes que ser invitados a una boda y poder sentarse con los vecinos a compartir juntos un banquete de bodas?
Este recuerdo vivido desde niño le ayudó en algún momento a comunicar su experiencia de Dios de una manera nueva y sorprendente. Según Jesús, Dios está preparando un banquete final para todos sus hijos pues a todos los quiere ver sentados, junto a él, disfrutando para siempre de una vida plenamente dichosa.
Podemos decir que Jesús entendió su vida entera como una gran invitación a una fiesta final en nombre de Dios. Por eso, Jesús no impone nada a la fuerza, no presiona a nadie. Anuncia la Buena Noticia de Dios, despierta la confianza en el Padre, enciende en los corazones la esperanza. A todos les ha de llegar su invitación.
¿Qué ha sido de esta invitación de Dios? ¿Quién la anuncia? ¿Quién la escucha? ¿Dónde se habla en la Iglesia de esta fiesta final? Satisfechos con nuestro bienestar, sordos a lo que no sea nuestros intereses inmediatos, nos parece que ya no necesitamos de Dios ¿Nos acostumbraremos poco a poco a vivir sin necesidad de alimentar una esperanza última?
Jesús era realista. Sabía que la invitación de Dios puede ser rechazada. En la parábola de “los invitados a la boda” se habla de diversas reacciones de los invitados. Unos rechazan la invitación de manera consciente y rotunda: “no quisieron ir. Otros responden con absoluta indiferencia: “no hicieron caso”. Les importan más sus tierras y negocios.
Pero, según la parábola, Dios no se desalienta. Por encima de todo, habrá una fiesta final. El deseo de Dios es que la sala del banquete se llene de invitados. Por eso, hay que ir a “los cruces de los caminos”, por donde caminan tantas gentes errantes, que viven sin esperanza y sin futuro. La Iglesia ha de seguir anunciando con fe y alegría la invitación de Dios proclamada en el Evangelio de Jesús.
El papa Francisco está preocupado por una predicación que se obsesiona “por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia”. El mayor peligro está según él en que ya “no será propiamente el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas. El mensaje correrá el riesgo de perder su frescura y dejará de tener olor a Evangelio”.


De  Eclesalia.net


NOTA

Este fin de semana no he podido crear la entrada correspondiente al 28 domingo del tiempo ordinario por cuestiones totalmente ajenas a mi voluntad. Ya lo siento.
Espero poder ir retomando el blog progresivamente.

                                                                         Juan Montero 

QUÉ ES UN CONSEJO PASTORAL DE LA PARROQUIA



El Consejo Parroquial de Pastoral es una novedad vivamente recomendada por el Concilio Vaticano II. Es el organismo que, en comunión con la Iglesia Diocesana, intenta realizar la unidad y la corresponsabilidad de presbíteros, religiosos y seglares en el cumplimiento de la misión de la Iglesia en el ámbito de la comunidad parroquial o en el de una unidad pastoral, esforzándose para que la Iglesia sea fiel a su misión y eficiente en el desempeño de la misma en su realidad concreta. La finalidad del Consejo es la programación, animación, coordinación y revisión de toda la acción pastoral de la Parroquia. El Código de Derecho canónico recoge la teología conciliar en el canon 536.
Los rasgos más destacables son que el consejo pastoral tiene voto meramente consultivo, y se rige por las normas que establezca el Obispo diocesano. 
Este consejo es definido como «un órgano colegiado "permanente" de carácter consultivo...». Sus miembros son: natos, elegidos y nombrados.
.- Son natos el párroco, los vicarios parroquiales, los diáconos, y los laicos instituidos en los ministerios estables de lector y de acólito. Los miembros elegidos lo son por un entre participantes de las principales acciones pastorales, comunidades (eclesiales, de vida consagrada y vida apostólica insertas activamente en la parroquia), asociaciones y movimientos apostólicos y otras institu­ciones de especial importancia para la comunidad parroquial. También cabe que haya miembros nombrados, en este caso directamente por el párroco.
La definición prosigue que «es un órgano colegiado... que, representando a toda la comunidad parroquial...»,  Pero la relación entre representación y elección no es siempre de conexión: ni en la familia, ni en la comunidad política, ni en la Iglesia. La representación no siempre tiene a la elección como medio de realizarse: en la Iglesia viene de la misión de Cristo a su autoridad, que es vicaria de Cristo Cabeza y representa al Cristo total, a la Iglesia. La elección no expresa, pues, la esencia de la representatividad política; pero es un medio de realizarla. Por esto los ordenamientos jurídicos tienden a mayor ecuación entre representación y elección como expresión de mayor democraticidad, sobre todo donde los elegidos responden ante el pueblo. En los consejos pastorales, la mayoría de sus miembros son laicos pertenecientes a diversas realidades pastorales y que no han recibido el sacra­mento del orden; ni han sido elegidos por la comunidad parroquial (aunque lo hayan sido en su grupo o asociación); «gozan sólo de voto consultivo» (c. 536, § 2), no participan de la autoridad del jerarca (Obispo, en el consejo diocesano; párroco en el parroquial): tal consejo no tiene, pues, título alguno para poder decir que «representa a toda la comunidad parroquial» «a la parro­quia». Es a lo sumo representativo, no representante. Con otras palabras: el Consejo es un reflejo de la parroquia, y por tanto se representa sólo a sí mismo.
El canon 512 sobre el consejo pastoral diocesano lo esta­blece también con más que suficiente claridad: no habla de representar, sino de que los miembros del consejo «sean escogidos de modo que a través de ellos quede realmente configurada (configuretur: que otros traducen por "reflejada") la porción del pueblo de Dios que constituye la diócesis, teniendo en cuenta sus distintas condiciones sociales y profesiones, así como también la parte que tienen en el apostolado tanto personalmente como asociados con otros.
Es importante hacer notar todo eso, para hacer crecer la tarea pastoral diaria como quiere la Iglesia, no como nosotros queremos, y que este consejo no venga a querer ser ejecutivo, y menos fiscalizador y juez de las asocia­ciones y entidades apostólicas.
La definición de consejo pastoral parroquial termina diciendo que «es un órgano... consultivo que, representando a toda la comuni­dad parroquial, promueve, potencia y dinamita las tareas pastorales de la misma».
Conociendo bien las realidades de nuestro ser y hacer diario en la parroquia y en la Unidad pastoral, mejoraremos en la tarea de evangelizar con la alegría que nos da el Evangelio.



Raúl Román Sánchez


sábado, 4 de octubre de 2014

AVISOS SEMANA 6 DE OCTUBRE

Lunes 6
- A las 4:30 se convoca al Grupo de Habilidades Sociales en el centro de San Mateo.

Martes 7
- Oración de Silencio de 6 a 7 en la Anunciación del Señor.

Miércoles 8
- A las 4:30 Grupo de Mayores en el centro de San Mateo.
- A las 4:45 se convoca al Grupo de Pastoral de la Salud en el centro de la Anunciación.
- Rezo del Rosario Misionero a las 7 en la iglesia de San Mateo.

Jueves 9
- Clases de Guitarra de la UP de 5 a 8 en los locales de la Anunciación.
- Exposición del Santísimo a las 8 en la iglesia de San Mateo.

HORARIO DE MISAS
Anunciación del Señor -  Lunes, miércoles, viernes y sábados a las 6:45
                                         Domingos a las 12
San Mateo - Lunes a sábados a las 7:30
                    Domingos a las 11 y a la 1

OFICINA DE EMPLEO DE CÁRITAS DE LA UP
Lunes y jueves de 12 a 1 en el despacho de San Mateo.

Durante el mes de octubre, rezo del Rosario de lunes a sábado a las 7 en San Mateo y a las
6:15 en la Anunciación del Señor.



viernes, 3 de octubre de 2014

SAN FRANCISCO




¡Santísimo Padre nuestro: creador, redentor, consolador y salvador nuestro! Hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la tierra: para que te amemos con todo el corazón (cf. Lc 10,27), pensando siempre en ti; con toda el alma, deseándote siempre a ti; con toda la mente, dirigiendo todas nuestras intenciones a ti, buscando en todo tu honor; y con todas nuestras fuerzas, empleando todas nuestras energías y los sentidos del alma y del cuerpo en servicio, no de otra cosa, sino del amor a ti; y para que amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos, atrayendo a todos, según podamos, a tu amor, alegrándonos de los bienes ajenos como de los nuestros y compadeciéndolos en los males y no ofendiendo a nadie 


Lecturas del día:


27 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

"Somos tu viña y tu pueblo, Señor ten piedad de nosotros"



Releamos dos frases que resumen la lectura profética y el pasaje evangélico: "La viña del Señor todopoderoso es el pueblo de Israel, y los hombres de Judá, su plantel escogido. Esperaba de ellos derecho y no hay mas que asesinatos, esperaba justicia y solo hay lamentos" (Is 1,7). "Jesús les dijo: ¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en piedra angular; esto es obra del Señor y es realmente admirable? Por eso os digo que se os quitará el Reino de Dios y se entregará a un pueblo que dé a su tiempo los frutos que al Reino corresponden" (Mt 21, 42-43).
Dios se ha manifestado y ha hablado con los patriarcas, les ha propuesto establecer una alianza con ellos y, para proveer al pueblo, le ha elegido un terreno, la tierra prometida, y una descendencia futura, numerosa, "como las estrellas del cielo y la arena del mar".
Abrahán, Isaac y Jacob, a pesar de sus "crisis", pero confiando en Dios y guardando la alianza, han encaminado los pasos de su vida hacia la constitución del "pueblo de Israel". con el Éxodo, guiado por Moisés, y la instalación en la tierra prometida, realizada por Josué, aparece visiblemente el "pueblo de Israel". Superado el periodo de los jueces, surge David y, con él, el reino unido de Judá e Israel, tipo del "Reino mesiánico". Rápidamente sobreviene la división y con ella, la débil fidelidad a la alianza del pueblo elegido. El "pueblo de Israel" y el "Reino de Dios" siempre han mantenido una relación difícil y conflictiva. Los profetas en vano han vociferado apasionadamente la fidelidad de Dios y la infidelidad del pueblo. Después de la caída del Reino del Norte y posteriormente, la del Reino del Sur la situación ha sido de un sufrimiento difícil de aliviar.
La responsabilidad colectiva de los labradores y, según la conclusión de la parábola, de Israel, emerge con fuerza. Dios, el "amigo" y el "dueño", ha dicho y ha hecho cuanto podía para que fructificase la viña y los labradores asumieran la responsabilidad. Los resultados son amargos e Israel es responsable. Sin embargo, Dios no se da por vencido: como en otras ocasiones, no se rinde ante el pasado.
Jesús denuncia el pecado del pueblo elegido con la parábola de los labradores homicidas. El auténtico final, expresión de la misericordia del Padre celeste, es la urgencia y apremio de la invitación de Oseas: "Vuelve, Israel, al Señor; tu Dios, pues tu iniquidad te ha hecho caer. Buscad las palabras apropiadas y volved al Señor decidle: "Perdona todos nuestros pecados; como ofrenda te presentamos las palabras de nuestros labios" " (Os 14,2-3).


Señor, Señor, tu que abarcas con tu mano inmaculada el orbe entero, ten paciencia. con nosotros y compadécete de nuestras iniquidades, recuerda tu compasión y piedad. Visítanos con tu bondad y concédenos, ayudados con tu gracia, huir el resto de este día de las múltiples tramas del Maligno y, con la gracia del Espíritu Santo, ampara nuestras vidas de sus insidias.
Por la misericordia y la bondad de tu Hijo unigénito, con el que eres bendecido, junto con el Espíritu Santo vivificante. Ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén 


Ven, luz verdadera. Ven, vida eterna. Ven, misterio oculto. Ven, tesoro escondido. Ven, realidad inenarrable. Ven, persona inconcebible. Ven, regocijo inconmensurable. Ven, luz sin ocaso. Ven, esperanza verdadera de los que serán salvados. Ven, despertar de quienes duermen. Ven, resurrección de los muertos. Ven, omnipotente, con voluntad hacedora, renueva y transforma todas las cosas. Ven, invisible, intangible e impalpable. Ven, tu que ni cambias ni te mudas y en cada momento nos visitas y vienes a quienes yacemos en el infierno, tu que estas en las alturas. Ven, sumamente deseado y continuamente repetido, inefable e indecible. Ven, alegría eterna. Ven, corona inmarcesible. Ven, púrpura divina y rey nuestro. Ven, cinturón límpido, repujado de piedras preciosas. Ven, diestro consejero, purpúreo y soberano. Ven, tu que has deseado y deseas mi alma infeliz.
Ve junto al que esté solo, y yo lo estoy, ven. Ven, me separaste de los demás y solitario estoy en esta tierra. Ven, tu que te has convertido en deseo dentro de mi y te has hecho desear por mi, incluso siendo totalmente inaccesible. Ven, mi oxigeno y mi vida. Ven, consuelo de mi pobre vida humana. Ven, mi alegría y mi delicia ilimitada 
(Simeón el Nuevo Teólogo, Invocación al Espíritu Santo)


Lecturas del día:

Vídeo de la semana:





miércoles, 1 de octubre de 2014

CRISIS RELIGIOSA

La parábola de los “viñadores homicidas” es un relato en el que Jesús va descubriendo con acentos alegóricos la historia de Dios con su pueblo elegido. Es una historia triste. Dios lo había cuidado desde el comienzo con todo cariño. Era su “viña preferida”. Esperaba hacer de ellos un pueblo ejemplar por su justicia y su fidelidad. Serían una “gran luz” para todos los pueblos.
Sin embargo aquel pueblo fue rechazando y matando uno tras otro a los profetas que Dios les iba enviando para recoger los frutos de una vida más justa. Por último, en un gesto increíble de amor, les envío a su propio Hijo. Pero los dirigentes de aquel pueblo terminaron con él. ¿Qué puede hacer Dios con un pueblo que defrauda de manera tan ciega y obstinada sus expectativas?
Los dirigentes religiosos que están escuchando atentamente el relato responden espontáneamente en los mismos términos de la parábola: el señor de la viña no puede hacer otra cosa que dar muerte a aquellos labradores y poner su viña en manos de otros. Jesús saca rápidamente una conclusión que no esperan: “Por eso yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca frutos”.
Comentaristas y predicadores han interpretado con frecuencia la parábola de Jesús como la reafirmación de la Iglesia cristiana como “el nuevo Israel” después del pueblo judío que, después de la destrucción de Jerusalén el año setenta, se ha dispersado por todo el mundo.
Sin embargo, la parábola está hablando también de nosotros. Una lectura honesta del texto nos obliga a hacernos graves preguntas: ¿Estamos produciendo en nuestros tiempos “los frutos” que Dios espera de su pueblo: justicia para los excluidos, solidaridad, compasión hacia el que sufre, perdón…?
Dios no tiene por qué bendecir un cristianismo estéril del que no recibe los frutos que espera. No tiene por qué identificarse con nuestra mediocridad, nuestras incoherencias, desviaciones y poca fidelidad. Si no respondemos a sus expectativas, Dios seguirá abriendo caminos nuevos a su proyecto de salvación con otras gentes que produzcan frutos de justicia.
Nosotros hablamos de “crisis religiosa”, “descristianización”, “abandono de la práctica religiosa”… ¿No estará Dios preparando el camino que haga posible el nacimiento de una Iglesia más fiel al proyecto del reino de Dios? ¿No es necesaria esta crisis para que nazca una Iglesia menos poderosa pero más evangélica, menos numerosa pero más entregada a hacer un mundo más humano? ¿No vendrán nuevas generaciones más fieles a Dios?


De  Eclesalia.net