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jueves, 13 de febrero de 2014

DOMINGO 6 DEL TIEMPO ORDINARIO

“El Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor hay libertad”  (2 Cor 3,17).

Sofía, la Sabiduría divina construyó su casa.
Novgorod. Siglo XVI
Hacia mediados del siglo XVI en Rusia, los iconos se llenan de símbolos y de motivos alegóricos. Este ilustra el texto de los Proverbios X, 1-6: mientras que la personificación de la Sabiduría aparece en el medallón de la izquierda, el registro inferior representa a los criados que deguellan el ternero, preparan el vino y ponen la mesa - alusión evidente a la Eucaristía. Desde la cumbre de la torre, el rey Salomón se dirige a su pueblo, mientras que la Virgen al Niño, receptáculo de la Sabiduría, aparece en el medallón de la derecha. El sentido de la composición no es expresado por el ritmo o por la expresión, sino por los símbolos alegóricos: pues el icono pasa del mundo de la contemplación hacia el de la ilustración que requiere un esfuerzo mental del que quiere descifrar la complejidad de sus metáforas.


Respecto a la totalidad que nos manifiesta la sabiduría, las formas provisionales necesariamente se encuentran ligadas al principio de la coacción, de la constricción, y la constricción no es la ley del corazón. Esta condición de la existencia es una condición dura y hay que vivirla con la esperanza de que un día pasará este mundo, anclado en el pecado. Tenemos que preparar aquel mundo y, dentro de lo posible, anticiparlo ahora entre nosotros, sabiendo que se trata de una breve lluvia benéfica, de un fugaz rayo solar, ya que la verdadera estación está por llegar. Debemos, de alguna manera, insertar la levadura del futuro dentro del presente. Esta es nuestra tarea, en lo pequeño y en lo grande. Estas son las nuevas formas propuestas, clara y límpidamente, con la maravillosa y misteriosa música de las palabras evangélicas: «Habéis oído que se dijo, pero yo os digo». Nos encontramos en esta oscilación y es muy importante vivirla conscientemente, sin bandazos, sin fanatismos místicos que destruyen la antinomia de este mundo provisional, y sin mundanalidad -enorme en numerosos cristianos-, sino integrando las dos dimensiones y convirtiendo las palabras de la sabiduría en principio normativo de la sociedad, en regla de vida social. Ninguna sociedad responderá jamás, hasta que salgamos de este mundo transitorio, a las esperas y esperanzas que brotan de lo profundo. La respuesta que nos viene del Espíritu es una respuesta que brilla en el futuro, y sólo llega a nuestros días el reflejo de la luz (E. Balducci, Gli ultimi tempi, Roma 1998, 115).


«Pondré mi Ley en su interior, la escribiré en su corazón» (Jr 31,33). Si escudriñamos qué esconde la profundidad de nuestro corazón, si nos empleamos a fondo para descifrar lo escrito por una mano sabia y discreta, descubrimos que «lo que el ojo no vio», a veces misterioso hasta para nosotros, Dios lo ha preparado, lo ha diseñado, como un proyecto viable para nuestra vida; un proyecto que nos invita a vivir la única ley que nos hace libres, la del amor. Guiados por el Espíritu vivimos en el mundo anunciando una «Buena Noticia» que nos anima a vivir como cristianos adultos, a superar esas faltas de madurez que podrían llevarnos a una fe construida sobre una obediencia estéril y formal: «Cuando yo era niño, hablaba como niño, razonaba como niño; al hacerme hombre, he dejado las cosas de niño» (1 Cor 13,11). Para entrar en el Reino de los Cielos, Jesús pide una justicia superior a la observancia mecánica y desencarnada; solicita una adhesión capaz de interiorizar la norma y manifestar las verdaderas intenciones del corazón.
Esta nueva justicia transforma las dimensiones más profundas y personales de la relación con Dios en la cualidad de las relaciones que el discípulo establece con los hermanos. Dios «conoce las acciones de los hombres» y sabe que en una ofensa también se puede ocultar la voluntad de destruir al otro, que en una mirada, a veces, está latente el deseo de poseer, incluso con prepotencia, lo que no nos pertenece. Dios, que lo «ve todo», no acepta que el hombre reemplace con prácticas cultuales la exigencia de construir caminos de reconciliación, porque la misericordia vale más que los sacrificios.
Vivir según este estilo de vida nuevo, que Jesús ha inaugurado y que el Espíritu mantiene vivo, significa comprender la voluntad de Dios inmersos en la lógica del mundo, una lógica que parece sobrepasar la sabiduría oculta en nuestro interior. Entre el «sí» al camino evangélico y el «no» pronunciado a los «dominadores de este mundo», entre la vida y la muerte, pidamos que nuestra elección sea sin titubeos, inclinada al compromiso y no confusa o tibia.



Vídeo de la semana:
http://www.youtube.com/watch?v=551cmXQWZAY

Lecturas del día:
http://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/?f=2014-02-16



miércoles, 12 de febrero de 2014

NO A LA GUERRA ENTRE NOSOTROS

Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.
También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con él en hacer una vida más justa y fraterna.
Por eso, según Jesús, no basta cumplir la ley que ordena “No matarás”. Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata, cumple la ley, pero si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana.
Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.
Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.
No es este un hecho que se da solo en la convivencia social. Es también un grave problema en la Iglesia actual. El Papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de “cristianos en guerra contra otros cristianos”. Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: “No a la guerra entre nosotros”.
Así habla el Papa: “Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aún entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?”. El Papa quiere trabajar por una Iglesia en la que “todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis”.


De  Eclesalia.net

martes, 11 de febrero de 2014

EL PRINCIPIO DE AUTORIDAD

           Hasta hace casi 20 años tuvimos en Salamanca un obispo –que lo fue de la diócesis más de 30- al que los mayores recordamos con afecto, algunos con mucho afecto. En concreto, el que suscribe lo quería y él me quería. Algunos decían que era muy buena persona y no tan buen obispo. Quizá su mayor defecto consistía en su renuencia a tomar decisiones que pudieran molestar a cualquiera. Bondadoso y tolerante, fácilmente podía transigir con comportamientos interesados de algunos. Recuerdo muy bien algo que me dijo a propósito de un articulillo mío en el que defendía la objeción de conciencia de un joven salmantino que llegó a ir a la cárcel por su resistencia a la “mili”. Creo que fue el único fue a prisión por este “delito”. Faltaban entonces menos de 20 años para que el servicio militar dejara de ser obligatorio. Don Mauro, nuestro obispo, defendía que los jóvenes deberían ir al servicio militar, o al menos cumplir  los servicios sustitutivos que impusieran los jueces o las autoridades militares, que esto no lo recuerdo bien. No contento con la publicación de mi artículo, me lo hizo saber con una sentencia tajante: “no se puede conculcar el principio de autoridad”. Y yo me pregunto hoy, treinta años después, ¿dónde ha quedado eso del principio de autoridad? Más aún, ¿qué es eso del principio de autoridad? Desde los padres, pasando por los periodistas y llegando a jueces y políticos de la más alta responsabilidad, en aras de una libertad concebida muy “sui generis”, y de una falsa democracia, en nuestra sociedad ha desaparecido el principio de autoridad.

            Lo último ya lo saben. Insultar, acosar, denigrar y armar gresca a la puerta de la casa de algunos responsables de las más altas instancias del Estado, es un legítimo derecho de los ciudadanos, en virtud de la democracia (ja, ja, ja...). Así lo dicta la sentencia de una jueza de la Audiencia Provincial de Madrid. ¿En qué estaba pensando su Señoría? ¿Podría yo dormir tranquilo en mi cama si se me ocurriese dejar caer en tono rebajado contra ella alguno de los insultos que esos “demócratas” vociferaron contra la Vicepresidenta del Gobierno Español? ¿O enviaría a la Policía Judicial en busca mía? Creo ser demócrata y, precisamente por ello, no me parecería mal que se me pidieran cuentas por desacato.

            Viene todo esto al hilo de la actualidad. Pero en el trasfondo tengo unas palabras del hombre más libre de la Historia humana y que murió precisamente por ser libre. Él dijo: “no he venido a abolir la Ley sino a llevarla a su plenitud”. Nuestro problema ha venido a ser que, bajo capa y so pretexto de libertad y democracia, nos hemos cargado la Ley. Claro que los maestros son los corruptos de las altas esferas quienes se pueden permitir pagar abogados, alargar in infinitum los juicios y después pedir indultos. Porque el pobre hombre que cogió lo que necesitaba para comer puede pudrirse en prisión preventiva durante meses o años. Así nos va. Sin principio de autoridad, que han de defender padres de familia, educadores, gobernantes y jueces, el río se revuelve. Y a río revuelto, ganancia de buceadores (de cloacas). Es decir, de los corruptores de nuestro sistema ya antidemocrático. Incluidos algunos o muchos jueces politizados, que se cargan de un plumazo el principio de autoridad.


                                                                        JOSÉ MARÍA YAGÜE CUADRADO

lunes, 10 de febrero de 2014

ANTE EL DRAMA




El Secretariado de Migraciones de la Diócesis de Cádiz y Ceuta manifiesta su honda preocupación y  profundo dolor ante uno de los más graves dramas humanos de la inmigración ocurridos en las cercanías de la frontera de Ceuta y que ha desembocado en la muerte de una decena de inmigrantes en el paso fronterizo de El Tarajal. 
Según las noticias conocidas hay trece fallecidos. Se sigue a la búsqueda de supervivientes. De los fallecidos algunos son por aplastamiento, según la información procedente de Marruecos, mientras que otros han sido hallados ahogados en el agua a pocos metros de la orilla, en uno de los asaltos más trágicos  en este paso fronterizo.
A través de este comunicado queremos expresar nuestra solidaridad con las familias de todos estos inmigrantes, al tiempo que denunciamos la muerte de todas estas personas inocentes y las causas que las originan.
Demandamos de los Gobiernos de todos los países afectados en estos graves sucesos generados por una inmigración que vive una situación muy desesperada, que se aborden las políticas y los medios necesarios para evitar que se repitan estos dramas y tragedias.

Encomendamos en nuestras oraciones a todos estos hermanos fallecidos y a sus familias. Desde el silencio de nuestra oración queremos hacer llegar hasta la otra orilla nuestro dolor y nuestra solidaridad y afecto, al tiempo que expresamos nuestro deseo de que este paso fronterizo terrestre y las aguas que separan las dos orillas dejen de ser espacios de dolor, sufrimiento, dramas y muertes y se conviertan en lugares de encuentro, amistad e intercambio entre los pueblos de los dos continentes.


sábado, 8 de febrero de 2014

AVISOS SEMANA 10 DE FEBRERO

Lunes 10
-  A las 5 nos reunimos el Grupo de Mayores en el centro de la Anunciación del Señor.
-  También a las 5 en el centro de la Anunciación, Taller de punto.

Martes 11
-  A las 4:30 tendremos reunión de la Legión de María en  los locales de la  Iglesia de San Mateo.
-  A las 6:15,  siendo el día de la Virgen de Lourdes, celebraremos en la Unidad Pastoral, el Día del Enfermo en la Iglesia de la Anunciación del Señor. A las 6:15 comenzamos con el rezo de Vísperas para continuar con la Eucaristía.

Miércoles 12
-  Grupo de Habilidades Sociales a las 4:30 en el centro de San Mateo.
-  Oración de Silencio delante del Santísimo de 5 a 6 de la tarde en la Iglesia de la Anunciación del Señor.

Jueves 13
-  Taller de Guitarra de la UP a las 5 en los locales de la Anunciación.

Hemos inaugurado la Campaña contra el hambre de Manos Unidas con el lema “Un mundo nuevo, proyecto común”.  El 20 de Febrero celebramos el “Bocata Solidario” y la unidad pastoral lo celebrará en el centro de San Mateo.  Los tickets se pueden adquirir en el despacho de San Mateo (Unidad Pastoral) o antes de misa en ambas iglesias.

En el despacho de la Anunciación del Señor de 6 a 6:45 pueden pasar de lunes a viernes a abonar la cuota parroquial. Gracias a todos.

jueves, 6 de febrero de 2014

5º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

"Encomienda al Señor tu camino, confía en él, que él actuará"  (Sal 37,5ss).



Para las personas que buscan el sentido que anime su vida, la Palabra de Jesús abre perspectivas siempre inéditas, añade colores sorprendentes e impensables y proporciona el deseo de un proyecto de vida radicalmente diferente del que pueden ofrecer las realidades del «mundo». Una vez degustado el «sabor» nuevo de una existencia iluminada por Cristo, no hay más posibilidad para aquello que a menudo, y de modo mediocre, satisface fugazmente nuestros deseos de felicidad, dejándonos insatisfechos y decepcionados. Cuando permitimos que se avive el anhelo de una vida plena y «en abundancia» (cf. Jn 10,10), que dé sentido auténtico a nuestro ser y a nuestro obrar, permitimos que una fuerza, la del Espíritu, que trasciende nuestra valía, se manifieste al mundo a través de nosotros. «Sal» y «luz», tesoro valioso que llevamos en vasijas de barro, son dones no para retenerlos, sino para verterlos en los lugares donde se ha perdido el gusto y la esperanza de una vida digna de ser vivida o cuando alguien ha apagado la confianza.
Ninguna ritualidad exterior puede reemplazar las implicaciones más que comprometedoras descritas por Isaías: los gestos de compartir, la opción en favor de quienes sufren la privación injusta y forzada de aquellos bienes necesarios para vivir y que hacen visible y creíble la fe. La misión, y con ella el discípulo del Evangelio, conoce los tiempos del mensaje gritado desde las azoteas y la difusión de la Palabra escandalosa de la cruz hasta los confines del mundo, y también sabe reconocer los momentos silenciosos. discretos, extraordinariamente potentes de una caridad solidaria, de la que hablan las «buenas obras» que dan gloria al Padre, que está en los cielos. La comunidad cristiana no vive separada del mundo, sino inmersa en los acontecimientos de su tiempo, en los que está llamada a obrar: como la sal, que en sí no es ninguna comida y sólo unida, mezclada, deshecha en los alimentos, puede desarrollar su cometido; de la misma forma, la Palabra que el creyente anuncia tiene que penetrar y vivificar desde dentro los ambientes en los que es sembrada. Es un quehacer fiel y constante que debe hacerse presente en un testimonio de vida sencillo y sobrio, a veces trémulo y «débil», pero revestido de la fuerza de Dios, quien asegura su validez y eficacia.




Y lo que le sucede a la Iglesia nos sucede también a cada uno de nosotros en particular. Sus peligros son nuestros peligros. Sus combates son nuestros combates. Si la Iglesia fuera en cada uno de nosotros más fiel a su misión, ella sería, sin duda ninguna, lo mismo que su mismo Señor, mucho más amada y mucho más escuchada; pero también, sin duda alguna, sería, como él, más despreciada y más perseguida: «Yo les he dado Tu Palabra y el mundo los aborreció» (Jn 17,14; cf. 15,10-21). Si los corazones se manifestaran más claramente, el escándalo sería mucho más evidente, y este escándalo supondría un nuevo impulso para el cristianismo, porque «adquiere un poder mayor cuando es aborrecido por el mundo» (san Ignacio de Antioquía, Ad Romanos III, 3). El que el anticlericalismo esté «en baja», cosa de la que solemos felicitarnos, puede no ser siempre una señal feliz. Es verdad que este fenómeno puede ser debido a un cambio en la situación objetiva o a un mejoramiento tanto de una parte como de la otra, pero también podría significar que aquellos por quienes se conoce a la Iglesia, aun proponiendo todavía al mundo algunos valores dignos de estimación, se hubiesen acomodado a él, a sus ideales, a sus cláusulas y a sus costumbres. En ese caso, dejarían de ser embarazosos. Que la sal se puede desazonar es cosa que nos repite el Evangelio. Y si vivimos -me refiero a la mayor parte de los hombres- relativamente tranquilos en medio del mundo, esto quizá sea debido a que somos tibios 
                                                                     H. de Lubac, Meditación sobre la iglesia


Lecturas del día:

Vídeo de la semana:


miércoles, 5 de febrero de 2014

SALIR A LAS PERIFERIAS

Jesús da a conocer con dos imágenes audaces y sorprendentes lo que piensa y espera de sus seguidores. No han de vivir pensando siempre en sus propios intereses, su prestigio o su poder. Aunque son un grupo pequeño en medio del vasto Imperio de Roma, han de ser la “sal” que necesita la tierra y la “luz” que le hace falta al mundo.
“Vosotros sois la sal de la tierra”. Las gentes sencillas de Galilea captan espontáneamente el lenguaje de Jesús. Todo el mundo sabe que la sal sirve, sobre todo, para dar sabor a la comida y para preservar los alimentos de la corrupción. Del mismo modo, los discípulos de Jesús han de contribuir a que las gentes saboreen la vida sin caer en la corrupción.
“Vosotros sois la luz del mundo”. Sin la luz del sol, el mundo se queda a oscuras y no podemos orientarnos ni disfrutar de la vida en medio de las tinieblas. Los discípulos de Jesús pueden aportar la luz que necesitamos para orientarnos, ahondar en el sentido último de la existencia y caminar con esperanza.
Las dos metáforas coinciden en algo muy importante. Si permanece aislada en un recipiente, la sal no sirve para nada. Solo cuando entra en contacto con los alimentos y se disuelve con la comida, puede dar sabor a lo que comemos. Lo mismo sucede con la luz. Si permanece encerrada y oculta, no puede alumbrar a nadie. Solo cuando está en medio de las tinieblas puede iluminar y orientar. Una Iglesia aislada del mundo no puede ser ni sal ni luz.
El Papa Francisco ha visto que la Iglesia vive hoy encerrada en sí misma, paralizada por los miedos, y demasiado alejada de los problemas y sufrimientos como para dar sabor a la vida moderna y para ofrecerle la luz genuina del Evangelio. Su reacción ha sido inmediata: “Hemos de salir hacia las periferias”.
El Papa insiste una y otra vez: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”.
La llamada de Francisco está dirigida a todos los cristianos: “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos”. “El Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro”. El Papa quiere introducir en la Iglesia lo que él llama “la cultura del encuentro”. Está convencido de que “lo que necesita hoy la iglesia es capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones”.


De  Eclesalia.net

martes, 4 de febrero de 2014

BRILLARÁ TU LUZ EN LAS TINIEBLAS

            El lenguaje más eficaz es casi siempre el de los símbolos y las imágenes. Por eso seducen las parábolas de Jesús. ¿Cómo hablar del Dios innombrable si no es con imágenes? ¿Cómo hablar de los sentimientos íntimos si no es con una lágrima o una flor? Mueve más a la acción un poema de dos hermosos versos que un tratado de filosofía.  Claro que esto es, como todo lo humano, un arma de dos filos. Se puede seducir muy eficazmente a las masas con un slogan mentiroso. Por eso, al final sólo las obras valen. Cristo se llama a sí mismo “luz del mundo”, tras curar al ciego.

            “Parte tu pan con el hambriento. Hospeda al que está sin techo. Viste al que está desnudo. No te cierres a tu propia carne”. Así lo entendía ya un profeta siglos antes de Cristo. Y continúa: “cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía”.  En efecto, “el justo brilla en las tinieblas como una luz”. Pero, ¿quién es el justo? Por desgracia, hay que buscarlos con lupa y no precisamente entre los responsables de establecer justicia y equidad. Ni entre los vociferantes de las calles o de los medios pidiendo lo imposible cuando, al llegarles su turno, se muestran absolutamente incapaces de realizar lo posible.  El justo está, sí, en las calles o en las casas, o en los asilos o en los hospitales pero no gritando sino acompañando, dando de comer, ofreciendo su tiempo o desviviéndose de muchas maneras para que el pobre y el enfermo no estén solos y encuentren cariño y comida.

            “Vosotros sois sal de la tierra y luz del mundo”. ¿A quién dice eso Jesús? No a los sabios, ni a los poderosos, ni a los agitadores de vocación y profesión que gestionan lo público sin pudor y sin importarles un comino las personas ni las instituciones que a veces gobiernan. A muchos de ellos les llamó Jesús hipócritas y sepulcros blanqueados. Sal y luz para el mundo son, según Jesús, los mansos, los misericordiosos, los que no tergiversan la realidad para beneficio propio sin importarles la verdad, los que trabajan por la paz en lugar de crear discordia en cuanto alzan la voz. No se convierte nadie en sal y luz por imperativos partidistas, ni por consignas repetidas una y otra vez, ni siquiera por el cumplimiento exacto de normas éticas o religiosas.

            Solamente se llega a ser sal y luz que da gusto, sabor e inspiración al mundo cuando el corazón se ha hecho compasivo. Absténganse de opositar a ser luz para los demás los indiferentes, los arribistas, los codiciosos de dinero, de honores o de poder, los fantoches que manejan bien la palabra. Esa palabra que siempre suena altisonante y demagógica. Quien la pronuncia nos considera estúpidos a todos. ¡Cuántas de estas palabras se escuchan a diario en boca de políticos, tertulianos... salvadas por supuesto algunas honrosas excepciones! Como diría el papa Francisco, para ser sal y luz, hay que hacerse antes personas-cántaro que se vacían de sí mismas para saciar la sed de los demás.


                                                                                       JOSÉ MARÍA YAGÜE

LA FE NUTRE LAS PROTESTAS EN UCRANIA


Los ortodoxos median en las marchas y los greco-católicos denuncian su represión

El estado de permanente convulsión que vive Ucrania en los dos últimos meses ha acelerado los acontecimientos estos días, sobre todo tras el último choque entre manifestantes y fuerzas policiales, que se saldó con cinco muertos y 300 heridos en Kiev. En medio de esta fuerte tensión, han tenido una significativa difusión las imágenes de religiosos y miembros de comunidades cristianas tratando de mediar entre la población y la policía.
Gran parte estas comunidades son ortodoxas, pero los greco-católicos –con cinco millones de fieles en un país de unos 45 millones de habitantes– también siguen muy de cerca los acontecimientos, dejando ver con declaraciones públicas su claro apoyo a la oposición proeuropea.
Así, en una conversación con  Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), el obispo de la Eparquía
greco-católica ucraniana de París, Borys Gudziak, califica las manifestaciones como “una batalla por la dignidad”.
A su juicio, “en los dos últimos meses, Ucrania ha registrado un dramático cambio”, lo que ha llevado a un aumento de la “concienciación social” que ha recibido una respuesta que entiende injusta: “La brutalidad de las fuerzas gubernamentales está impulsando a cada vez más manifestantes a desempeñar un papel activo en esta apuesta por la dignidad”.
El conocimiento directo permite a Gudziak definir a la mayoría de los manifestantes como personas pacíficas y con una honda fe, siendo lo usual los rezos e incluso las confesiones con los sacerdotes que participan en las concentraciones: “Resulta difícil imaginarse una manifestación más devota en la Europa del siglo XXI”.

De  Vida Nueva

sábado, 1 de febrero de 2014

AVISOS SEMANA 3 DE FEBRERO

Lunes 3
-  A las 4:30 nos reunimos el Grupo de Mayores en el centro de San Mateo.

Miércoles 5
-  11:30: Eucaristía de la Aguedas en el Iglesia de San Mateo.
-  A las 5 nos reuniremos el Equipo de Pastoral de la Salud en el centro de la Anunciación del Señor.
-  Oración de Silencio ante del Santísimo de 5 a 6 de la tarde en la Iglesia de la Anunciación del Señor.
-  A las 8 de la tarde se reúne el Grupo de Doctrina Social de la Iglesia en el centro de la Anunciación del Señor.

Jueves 6
-  A las 5 clases de guitarra de la UP en el centro de la Anunciación.
-  A las 8 Exposición del Santísimo en la Iglesia de San Mateo.

Viernes 7
-  Formación bíblica a las 8 en el centro de San Mateo.

El domingo 9 se realizará la colecta en favor de Manos Unidas.