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domingo, 23 de junio de 2013

SAN JUAN BAUTISTA

"Serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos"  (Lc 1,76)



Oh Dios de nuestros padres, tú nos llamas a ser “voz”: concédenos reconocer tu Palabra, reconocer la única Palabra de vida eterna, para que anunciemos esta sola Verdad a los hermanos.
Oh Dios de nuestros padres, tú nos llamas a ser “el amigo del Esposo”: hazme solícito a preparar los corazones de los hombres, para que estén bien dispuestos a acogerlo.
Oh Dios de nuestros padres, tú nos llamas a señalar el Cordero de Dios a los hombres: haz que nunca me ponga sobre él, sino que él crezca y yo mengüe.


Lecturas del día:
http://www.servicioskoinonia.org/biblico/calendario/texto.php?codigo=20130624&cicloactivo=2013&cepif=0&cascen=0&ccorpus=0


AVISOS SEMANA 24 DE JUNIO

Lunes 24 
- San Juan Bautista
- A las 7:30, reunión de la subcomisión de la UP del foro Effeta en los locales de la Anunciación.

Miércoles 26
- A las 5, oración de silencio con exposición del Santísimo en la Anunciación.

Jueves 27
- Clase de guitarra de la UP a las 6 de la tarde en los locales de la Anunciación.
- Exposición del Santísimo en la Anunciación a las 6:15

Viernes 28
- Eucaristía de la Hermandad Ferroviaria a las 6:15.

A partir de julio no habrá exposición del Santísimo antes de las misas de San Mateo y la Anunciación hasta después del verano. Se mantiene en la oración de silencio todos los miércoles.
Tampoco habrá Eucaristía de la Hermandad Ferroviaria hasta el día de la fiesta de septiembre.

El despacho de la Unidad Pastoral de la calle Begonias estará abierto media hora antes de la misa, de 7 a 7:30, durante los meses de julio y agosto.




miércoles, 19 de junio de 2013

12 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

¿Quién soy yo para ti?


¿Y quién soy yo para ti, pues me mandas que te ame, y si ni lo hago te irritas contra mí y me amenazas con grandes miserias?
¡Pero qué! ¿No es ya muchísima miseria simplemente el no amarte?
Dime pues, Señor, por tu misericordia, quién eres tú para mí. Dile a mi alma: «Yo soy tu salud».
Y dímelo en forma que te oiga; ábreme los oídos del corazón, y dime: «Yo soy tu salud».
Y corra yo detrás de esa voz, hasta alcanzarte.
No escondas de mí tu rostro
                                                                  (Agustín de Hipona, Confesiones, I, 5)


En 1917, siendo Edith Stein asistente de Edmund Husserl, llegó a Friburgo una noticia doloroso. Adolf Reinach, asistente también de Husserl, había muerto en el campo de batalla de Flandes. El dolor que sintió Edith Stein fue grande, pensó en la mujer de Reinach. Edith tenía miedo de volver a ver a la viuda. Su ánimo estaba descompuesto: Reinach, que junto con Husserl constituía el fulcro del círculo de Gotinga, ya no vivía. A través de su bondad, había podido lanzar una mirada sobre aquel mundo que le parecía sin salida. El recuerdo no le ayudaba. ¿Qué le hubiera podido decir a su mujer, presa a buen seguro de la desesperación? Edith Stein no podía creer en una vida eterna.
La actitud resignada de la señora Reinach la sorprendió como un rayo de luz que provenía de aquel reino escondido. La viuda no se encontraba abatida por el dolor. A pesar del luto, estaba llena de una esperanza que la consolaba y le daba paz. Frente a esta experiencia, se hicieron añicos los argumentos racionales de Edith Stein. No fue el conocimiento claro y distinto, sino el contacto con la esencia de la verdad lo que transformó a Edith Stein. La fe brilló para ella en el misterio de la cruz. Tuvo que recorrer todavía un largo camino antes de que consiguiera extraer todas las consecuencias de esta experiencia. A una pensadora como Edith Stein no le resultaba fácil cortar todos los puentes y atreverse a dar el salto a la nueva vida. Pero el impacto fue tan fuerte que, todavía poco antes de su muerte, hablaba en estos términos de su experiencia al padre Hirschmann, jesuita: «Fue mi primer encuentro con la cruz y con la fuerza divina que ella comunica a quien la lleva. Vi por vez primera, tangible ante mí, a la Iglesia, nacida del dolor del Redentor, en su victoria sobre el punzón de la muerte. Fue éste el momento en el que se hizo añicos mi incredulidad y brilló la luz de Cristo, Cristo en el misterio de la cruz»
 (W. Herbstrith [ed.], Edith Stein, La mística della croce. Scritti spirítuali sul senso della vita, Roma 1987,
 p. 87).


Lecturas del día:
http://www.servicioskoinonia.org/biblico/calendario/texto.php?codigo=20130623&cicloactivo=2013&cepif=0&cascen=0&ccorpus=0

Vídeo de la semana:
http://www.youtube.com/watch?v=37mJFubYvXg


¿QUIÉN ES PARA NOSOTROS?

La escena es conocida. Sucedió en las cercanías de Cesarea de Filipo. Los discípulos llevan ya un tiempo acompañando a Jesús. ¿Por qué le siguen? Jesús quiere saber qué idea se hacen de él: “Vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Esta es también la pregunta que nos hemos de hacer los cristianos de hoy. ¿Quién es Jesús para nosotros? ¿Qué idea nos hacemos de él? ¿Le seguimos?

¿Quién es para nosotros ese Profeta de Galilea, que no ha dejado tras de sí escritos sino testigos? No basta que lo llamemos “Mesías de Dios”. Hemos de seguir dando pasos por el camino abierto por él, encender también hoy el fuego que quería prender en el mundo. ¿Cómo podemos hablar tanto de él sin sentir su sed de justicia, su deseo de solidaridad, su voluntad de paz?

¿Hemos aprendido de Jesús a llamar a Dios “Padre”, confiando en su amor incondicional y su misericordia infinita? No basta recitar el “Padrenuestro”. Hemos de sepultar para siempre fantasmas y miedos sagrados que se despiertan a veces en nosotros alejándonos de él. Y hemos de liberarnos de tantos ídolos y dioses falsos que nos hacen vivir como esclavos.

¿Adoramos en Jesús el Misterio del Dios vivo, encarnado en medio de nosotros? No basta confesar su condición divina con fórmulas abstractas, alejadas de la vida e incapaces de tocar el corazón de los hombres y mujeres de hoy. Hemos de descubrir en sus gestos y palabras al Dios Amigo de la vida y del ser humano. ¿No es la mejor noticia que podemos comunicar hoy a quienes buscan caminos para encontrarse con él?
¿Creemos en el amor predicado por Jesús? No basta repetir una y otra vez su mandato. Hemos de mantener siempre viva su inquietud por caminar hacia un mundo más fraterno, promoviendo un amor solidario y creativo hacia los más necesitados. ¿Qué sucedería si un día la energía del amor moviera el corazón de las religiones y las iniciativas de los pueblos?

¿Hemos escuchado el mandato de Jesús de salir al mundo a curar? No basta predicar sus milagros. También hoy hemos de curar la vida como lo hacía él, aliviando el sufrimiento, devolviendo la dignidad a los perdidos, sanando heridas, acogiendo a los pecadores, tocando a los excluidos. ¿Dónde están sus gestos y palabras de aliento a los derrotados?

Si Jesús tenía palabras de fuego para condenar la injusticia de los poderosos de su tiempo y la mentira de la religión del Templo, ¿por qué no nos sublevamos sus seguidores ante la destrucción diaria de tantos miles de seres humanos abatidos por el hambre, la desnutrición y nuestro olvido?


De  Eclesalia.net


martes, 18 de junio de 2013

DE UNA MUJER DE PUEBLO

             Teresa es una zamorana sin otros estudios que los de la escuela en su pueblo. Pero dice lo que siente para que se le entienda. Me parece oportuno ser hoy altavoz suyo porque el asunto es pertinente. Dejo el texto tal como está, como salió de su pluma porque es claro y contundente. Cabrían pequeños retoques de forma, pero mejor dejarlo tal cual, que bastante elocuente es.

Teresa Rosón Martín (Monfarracinos)
Señor Llamazares:
Estoy bastante sorprendida de conocer el empeño que usted tiene en retirar de la vista de los ciudadanos todo signo religioso, en el caso de que así fuera, -que no lo va a conseguir- ¿Cree usted que por retirar una cruz de madera, de plata o de lo que sea, con eso lograría que la figura de Cristo en la tierra desapareciera? Pues no Señor. Cristo quedaría presente en tantos lugares, le nombro algunos: Quedaría presente en las religiosas que están dando su vida al cuidado de ancianos desamparados, unos porque no tienen familiar, otros porque no pueden atenderlos y otros, en el peor de los casos porque no los quieren, y todo por Cristo, no por una fortuna para evadir en paraísos fiscales. Cristo quedaría presente en tantas personas seglares que colaboran en Manos Unidas, visitan prisiones, Cáritas, sin cobrar ni un céntimo. Cristo quedaría presente en esos conventos de clausura, aislados del mundo, que están rezando por usted y por mí sin cobrar un céntimo. Cristo está presente en esos misioneros que dejándolo todos se van al otro lado del charco a dar la vida si fuera necesario, regresando a su patria sin más fortuna que alguna enfermedad. O de aquel curita que silenciosamente recoge para su casa al inmigrante que sale del hospital para que termine de curarse, sin cobrar un céntimo. Cristo está presente en esos centros de religiosas que haciendo el papel de madres, porque las de ellos no pueden atenderlos o los han abandonado que es peor. Señor Llamazares, me parece que con lo que tenemos encima, creo que es más importante que dedique sus esfuerzos a tareas más importantes como dar de comer al que tiene necesidad, dar cobijo al que se está quedando sin vivienda, dar trabajo a los jóvenes que están perdiendo la ilusión siendo una carga para sus padres ya mayores, ... Para todos estos, un respeto, Señor Llamazares.

            Hasta aquí lo que hemos podido leer en “La Opinión” de Zamora. Bien, Teresa. Sorprende que haya tanto interés en algunos políticos para erradicar de la vida pública y de todos sus espacios la imagen y el recuerdo de aquel “hijo de hombre que tiene que padecer mucho, ser desechado por los notables, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día”. Claro, esos politiquillos son personajes que sirven a ideologías fracasadas, pero incapaces de “negarse a sí mismos, cargar con la cruz de cada día y seguir a Jesús”. Les resulta por eso molesta la persona de Jesucristo. Pues serían más justos y mejores servidores del pueblo, al que representan, si, en lugar de rechazarlo, lo siguieran de cerca. Métanse cuanto quieran con fallos y pecados de la Iglesia, que los tiene y muchos, pero dejen al menos en paz a Cristo y sus imágenes, cuya contemplación y seguimiento nos haría mejores a todos.

                                                                        JOSÉ MARÍA YAGÜE



domingo, 16 de junio de 2013

AVISOS SEMANA 17 DE JUNIO

Lunes 17
-  A las 4:30, reunión de Cáritas de la Anunciación y Fátima en los locales de Fátima
-  Reunión con los padres de niños y niñas del campamento de verano, a las 6 de la tarde, en la puerta de la iglesia de San Mateo.
-  A las 7:30, reunión de la subcomisión del Foro Effeta en el centro de la Anunciación.

Martes 18
-  Reunión del Grupo de Cáritas de la UP para revisar el curso.

Miércoles 19
-  Oración de Silencio a las 5, en la Anunciación, con exposición del Santísimo.

Jueves 20
-  A las 6 de la tarde, clases de guitarra de la UP en el centro de la Anunciación.
-  A las 8 exposición del Santísimo en San Mateo.

Viernes 21
-  A las 5:15, reunión del grupo de posconfirmación en el centro de la Anunciación.
-  A las 8, grupo de formación bíblica en el centro de San Mateo.


viernes, 14 de junio de 2013

CRISIS DE FE, UNA CRISIS CULTURAL

“Estamos ante una profunda crisis de fe, ante una pérdida de sentido religioso, que constituye el mayor desafío para la Iglesia de hoy”. El diagnóstico de Benedicto XVI nos obliga a responder a una pregunta que no es nueva: ¿sigue siendo la fe la posibilidad más radical y humana para el hombre, justo en un momento en el que este parece alcanzar sus deseos por caminos más mundanos y secularizados?
Más allá de la respuesta, lo que aquí nos interesa es la pregunta misma por esa posibilidad de la fe, lo cual nos permitirá descubrir la situación nueva que vivimos: la increencia como mentalidad dominante y una sociedad donde lo que se cuestiona, precisamente, es la fe en Dios.

Indiferencia existencial
Como ya hemos dicho más arriba, la crisis de fe es cultural, es decir, del humus en el que el ser humano se encuentra. No es tanto una actitud determinada contra ella, sino una atmósfera que ha terminado siendo una mentalidad. Esto hace que no pueda ser analizada en una dimensión exclusiva o unidireccional, y ni mucho menos puede ser achacada a la vida y pastoral de la Iglesia nacida del Concilio.
En este sentido, no es una crisis que afecte tanto al contenido de la fe, sino más bien a la gramática de la fe, es decir, al presupuesto de la fe y al lenguaje en el que se formula. No hay un problema de herejías doctrinales, sino de indiferencia existencial en torno a la fe y a su forma explícita de confesión eclesial. La cultura y el andamiaje social sobre el que se asentaba la fe cristiana, como un conjunto unitario o base común, se ha roto.
Es verdad que, desde el punto de vista del contenido de la fe, asistimos a un momento de ignorancia, confusión y ambigüedad. Pero este es, en realidad, un problema menor. Hay algunos aspectos que podemos señalar con preocupación: la comprensión de un Dios a-personal como energía del universo o aliento vital; una afirmación de la fe en la creación difícil de conjuntar con los datos que nos ofrecen las ciencias empíricas; la imposible afirmación de hecho de que el hombre es imagen de Dios en una comprensión eminentemente monista de su estructura fundamental; una confesión de la fe en Cristo más como Jesús de Nazaret que como verdadero Hijo de Dios encarnado; la siempre difícil comprensión de la mediación eclesial; la dificultad para afirmar una auténtica fe en la resurrección y la vida eterna.
No obstante, la crisis es más profunda. En la sociedad actual, tenemos la impresión de que el cristianismo ha dejado de ser el tejido fundamental de la sociedad, la comprensión decisiva del hombre y del mundo. Siempre hemos necesitado la conversión, el encuentro con el Señor, la purificación de las estructuras eclesiales, el arrojo misionero, pero estamos en un momento nuevo de la historia, en una auténtica encrucijada, donde el cristianismo ha dejado de ser la referencia fundamental para el desarrollo de la vida humana.
Hace años ya, denominamos esta situación como de post-cristianismo. Hemos conocido el desafío de una sociedad pre-cristiana que había que evangelizar desde el testimonio de la vida, especialmente, como belleza fundamental del existir humano, con la capacidad para unir fe, razón y vida (Iglesia antigua). Hemos vivido la evangelización cotidiana, al ritmo del humano vivir, tejiendo el discurrir de las horas y llenando los espacios con arquitectura y presencia social en una sociedad configurada por el propio cristianismo (Iglesia medieval). Desde aquí nos hemos lanzado a la evangelización de nuevos mundos llevando Evangelio y cultura, a veces con abusos y colonizaciones en nombre de la fe, pero con un resultado en su conjunto muy positivo (Iglesia moderna).
Ahora es un momento nuevo. Pues la cultura y la sociedad, sin ser pre-cristianas, ya no son decisivamente cristianas, sino post-cristianas y, en algunos casos, anti-cristianas. En ella, algunos quieren des-vincularse definitivamente de esta herencia, volviendo a un hedonismo y cinismo radical; otros permanecen en lo cristiano como valor occidental que hay que mantener frente a la agresividad del mundo islámico, lo que nos llevaría a un retorno a lo peor de la época medieval (cristianos culturales).

Otros siguen siendo tradicionalmente cristianos, pero de hecho viven en medio de la sociedad como si no lo fueran, dejan esta realidad exclusivamente para el ámbito de lo privado y familiar, sin capacidad ni brío para que esta forma de vida impregne de verdad la vida cotidiana en el ámbito donde se juegan las decisiones fundamentales…

De  Vida Nueva


P.D.: el que esté interesado en el artículo completo, puede ponerse en contacto conmigo a través del correo del blog

jueves, 13 de junio de 2013

11 DOMINGO DEL TIEMPO ORADINARIO

"Tu fe te ha salvado; vete en paz"  (Lc 7,50)



Señor Jesús, aquí estoy, en silencio a tus pies, como la pecadora. Mis lágrimas son como un bautismo de regeneración, y mi silencio, como la más elocuente de las con lesiones. He navegado lejos de ti por haber abandonado el timón a mi yo. Y al alejarme de ti me he perdido también a mí: lo confirma la tristeza y el vacío que tengo en el corazón. Sin embargo, tu Palabra me ha alcanzado (« Yo soy tu salvación»: Sal 35,3), y lo he creído.
Por eso vuelvo y me detengo a tus pies: de ahora en adelante camina tú en mí: «Sé que no puedo precisamente nada, literalmente; tú lo puedes todo, y de una manera incondicionada». Y ahora me ayudas a comprender, a vivir ese «amor grande que es la confesión de mi pecado, una confesión sincera hasta el fondo, profunda, completamente verdadera, absolutamente inexorable.
Sí, una confesión como ésta supone amar mucho, porque no hay nada a lo que pueda aferrarme de un modo tan desesperado como mi pecado (S. Kierkegaard). Sólo la palabra de tu perdón puede volver a darme la vida, fuerza de vida nueva.


Quien reconoce sus pecados y se acusa de ellos ya está con Dios. Dios reprueba tus pecados: si haces tú también lo mismo, te unes a Dios. El hombre y el pecador son como dos cosas distintas: el hombre es obra de Dios, el pecador es obra del hombre. Destruye lo que tú has hecho, a fin de que Dios salve lo que ha hecho él.
Debes odiar en ti tu obra y amar en ti la obra de Dios. Y cuando empieces a sentir disgusto en lo que has hecho, entonces empezarán tus obras buenas, porque repruebas tus obras malas. Entonces, obrarás la verdad y vendrás a la luz [...]. No te halagues, no te lisonjees a ti mismo, no te adules; no digas: «Soy justo», mientras no lo seas; así empezarás a obrar la verdad. Acércate después a la luz, a fin de que sea manifiesto que tus obras están hechas según Dios; en efecto, no podrías sentir dolor de tu pecado si Dios no te iluminara y no te lo mostrara su verdad [...].
Corred, hermanos míos, a fin de que no os sorprendan las tinieblas; velad por vuestra salvación, vigilad mientras estáis a tiempo; no os demoréis en correr al templo de Dios, no tardéis en realizar la obra del Señor, no os dejéis distraer de la oración continua, no os dejéis despojar de la devoción usual. Velad, mientras es de día; el día reluce y Cristo es el día. Él está dispuesto a perdonar, pero a los que reconocen sus pecados; y está dispuesto a castigar a los que defienden sus culpas, a los que pretenden ser justos, a los que se creen algo y no son nada.
 (Agustín de Hipona, Tratado sobre el evangelio de Juan XII, 13ss).


Vídeo de la semana:

Lecturas del día:



miércoles, 12 de junio de 2013

DEFENSOR DE LAS PROSTITUTAS

          Jesús se encuentra en casa de Simón, un fariseo que lo ha invitado a comer. Inesperadamente, una mujer interrumpe el banquete. Los invitados la reconocen enseguida. Es una prostituta de la aldea. Su presencia crea malestar y expectación. ¿Cómo reaccionará Jesús? ¿La expulsará para que no contamine a los invitados?

          La mujer no dice nada. Está acostumbrada a ser despreciada, sobre todo, en los ambientes fariseos. Directamente se dirige hacia Jesús, se echa a sus pies y rompe a llorar. No sabe cómo agradecerle su acogida: cubre sus pies de besos, los unge con un perfume que trae consigo y se los seca con su cabellera.
La reacción del fariseo no se hace esperar. No puede disimular su desprecio: “Si este fuera profeta, sabría quién es esta mujer y lo que es: una pecadora”. El no es tan ingenuo como Jesús. Sabe muy bien que esta mujer es una prostituta, indigna de tocar a Jesús. Habría que apartarla de él.

          Pero Jesús no la expulsa ni la rechaza. Al contrario, la acoge con respeto y ternura. Descubre en sus gestos un amor limpio y una fe agradecida. Delante de todos, habla con ella para defender su dignidad y revelarle cómo la ama Dios:“Tus pecados están perdonados”. Luego, mientras los invitados se escandalizan, la reafirma en su fe y le desea una vida nueva: “Tu fe te ha salvado. Vete en paz”. Dios estará siempre con ella.

         Hace unos meses, me llamaron a tomar parte en un Encuentro Pastoral muy particular. Estaba entre nosotros un grupo de prostitutas. Pude hablar despacio con ellas. Nunca las podré olvidar. A lo largo de tres días pudimos escuchar su impotencia, sus miedos, su soledad… Por vez primera comprendí por qué Jesús las quería tanto. Entendí también sus palabras a los dirigentes religiosos: “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas entrarán antes que vosotros en el reino de los cielos”.

         Estas mujeres engañadas y esclavizadas, sometidas a toda clase de abusos, aterrorizadas para mantenerlas aisladas, muchas sin apenas protección ni seguridad alguna, son las víctimas invisibles de un mundo cruel e inhumano, silenciado en buena parte por la sociedad y olvidado prácticamente por la Iglesia.         Los seguidores de Jesús no podemos vivir de espaldas al sufrimiento de estas mujeres. Nuestras Iglesias diocesanas no pueden abandonarlas a su triste destino. Hemos de levantar la voz para despertar la conciencia de la sociedad. Hemos de apoyar mucho más a quienes luchan por sus derechos y su dignidad. Jesús que las amó tanto sería también hoy el primero en defenderlas.


De  Eclesalia.net