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domingo, 7 de abril de 2013

AVISOS SEMANA 8 DE ABRIL



Martes 9
A las 5 en el centro de la Anunciación, Grupo de Pastoral de la Salud de la UP
Asímismo a las 5, reunión del grupo de Cáritas de La Anunciación y Fátima en los
locales de la parroquia de Fátima. 
A las 5:30 en los locales de San Mateo, reunión del grupo de la Legión de María.

Miércoles 10
A las 4:30 se reúne el Grupo de Mayores en el centro de San Mateo
A las 5, Oración de Silencio, con exposición del Santísimo, en la iglesia de la
Anunciacion.

Jueves 11
A las 6 de la tarde se reanuda la catequesis infantil, y a la misma hora en la iglesia
de San Mateo reunión con los padres de los niños y niñas de Primera Comunión.    
También a las 6, clases de guitarra de la UP en los locales de la Anunciación.

Viernes 12
Celebración de la Festividad de la Anunciación, a las 8 de la tarde en la iglesia 
de la Anunciación. Después de la Eucaristía, como años anteriores, en el centro 
de la Anunciación, compartiremos lo que cada uno traiga: tortilla de patata, queso, 
empanada, algún postre, etc, que se recogerán en el centro a las 6:30 de la tarde. La 
Unidad Pastoral pone la bebida.

Domingo 14
Se realiza la Marcha solidaria en favor de Cáritas, suspendida anteriormente por el
 mal tiempo. Comenzamos a las 9:30 con una Eucaristía en San Mateo, y al finalizar a
las 7 de la tarde en la Plaza de Barcelona se leerá un manifiesto contra la pobreza
y una oración.

A partir del lunes 8 de abril, Paco el cobrador de la parroquia empezará a pasar a 
cobrar las cuotas de San Mateo.    

viernes, 5 de abril de 2013

DE LA DUDA A LA FE



El hombre moderno ha aprendido a dudar. Es propio del espíritu de nuestros tiempos cuestionarlo todo para progresar en conocimiento científico. En este clima la fe queda con frecuencia desacreditada. El ser humano va caminando por la vida lleno de incertidumbres y dudas.
Por eso, todos sintonizamos sin dificultad con la reacción de Tomás, cuando los otros discípulos le comunican que, estando él ausente, han tenido una experiencia sorprendente: “Hemos visto al Señor”. Tomás podría ser un hombre de nuestros días. Su respuesta es clara: “Si no lo veo…no lo creo”.
Su actitud es comprensible. Tomás no dice que sus compañeros están mintiendo o que están engañados. Solo afirma que su testimonio no le basta para adherirse a su fe. Él necesita vivir su propia experiencia. Y Jesús no se lo reprochará en ningún momento.
Tomás ha podido expresar sus dudas dentro de grupo de discípulos. Al parecer, no se han escandalizado. No lo han echado fuera del grupo. Tampoco ellos han creído a las mujeres cuando les han anunciado que han visto a Jesús resucitado. El episodio de Tomás deja entrever el largo camino que tuvieron que recorrer en el pequeño grupo de discípulos hasta llegar a la fe en Cristo resucitado.
Las comunidades cristianas deberían ser en nuestros días un espacio de diálogo donde pudiéramos compartir honestamente las dudas, los interrogantes y búsquedas de los creyentes de hoy. No todos vivimos en nuestro interior la misma experiencia. Para crecer en la fe necesitamos el estímulo y el diálogo con otros que comparten nuestra misma inquietud.
Pero nada puede remplazar a la experiencia de un contacto personal con Cristo en lo hondo de la propia conciencia. Según el relato evangélico, a los ocho días se presenta de nuevo Jesús. No critica a Tomás sus dudas. Su resistencia a creer revela su honestidad. Jesús le muestra sus heridas.
No son “pruebas” de la resurrección, sino “signos” de su amor y entrega hasta la muerte. Por eso, le invita a profundizar en sus dudas con confianza: “No seas incrédulo, sino creyente”. Tomas renuncia a verificar nada. Ya no siente necesidad de pruebas. Solo sabe que Jesús lo ama y le invita a confiar: “Señor mío y Dios mío”.
Un día los cristianos descubriremos que muchas de nuestras dudas, vividas de manera sana, sin perder el contacto con Jesús y la comunidad, nos pueden rescatar de una fe superficial que se contenta con repetir fórmulas, para estimularnos a crecer en amor y en confianza en Jesús, ese Misterio de Dios encarnado que constituye el núcleo de nuestra fe. 

De  Eclesalia.net

jueves, 4 de abril de 2013

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA


"¡Señor mío y Dios mío!"  (Jn 20,28)



"Estaba muerto, pero ahora vivo para siempre". Jesús vino a compartir en todo nuestra condición humana, y ahora también nosotros tenemos en él la certeza de que la muerte no es la última palabra pronunciada sobre nuestro destino. Esta certeza cambia de manera radical la orientación de nuestro corazón. En él, vivo, también nosotros vivimos una vida nueva. Así pues, es importante que todos nuestros pensamientos, todas nuestras acciones, todos nuestros encuentros, estén imbuidos de la alegría y de la novedad de la vida resucitada que Jesús ha venido a traernos. La comunidad cristiana es el lugar en el que podemos llevar a cabo y alimentar de manera estable la experiencia de la vida nueva, repleta por fin de sentido y liberada de la angustia y del miedo.
Sin embargo, con excesiva frecuencia nos mostramos tardos e incrédulos, y nos reconocemos fácilmente en la figura de Tomás, el apóstol que quería tocar para creer. Como él, también nosotros perseguimos, con frecuencia, certezas que sean conformes a nuestras mezquinas medidas. Y el Señor nos deja hacer. Nos da las pruebas que queremos y espera a que, ante la evidencia, lleguemos a proclamar, con un ímpetu de fe y de amor, que él es nuestro Señor, nuestro Dios.


Vídeo de la semana:
http://www.youtube.com/watch?v=ckv9YS5OfNs

Lecturas del día:
http://www.servicioskoinonia.org/biblico/calendario/texto.php?codigo=20130407&cicloactivo=2013&cepif=0&cascen=0&ccorpus=0


miércoles, 3 de abril de 2013

ABRID LAS PUERTAS A CRISTO. NO TENGAIS MIEDO.


            Juan Pablo II comenzó su pontificado repitiendo una y otra vez esta invitación: no tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo. El papa Francisco ha comenzado poniendo en práctica con fuerza y transparencia esta invitación.

            Los discípulos de Jesús aparecen en el evangelio del próximo domingo llenos de miedo, con las puertas cerradas. No hay peor ratonera que una habitación cerrada a cal y canto. Por eso el Señor resucitado y su Espíritu producen como primer efecto la apertura de puertas y la salida a la plaza pública.

            ¿No ha padecido y padece aún nuestra iglesia de “agarofobia”, es decir, de miedo a la plaza pública? Por eso ha sido muy oportuna la llegada de este hombre sereno, sencillo, transparente, que no se cierra en hábitos y costumbres trasnochados, que se baja de su papamóvil para acariciar al minusválido, o hace cola para pagar una factura, o se resiste a enclaustrarse en las habitaciones vaticanas para estar más cerca de curas y obispos que pasan por la residencia de Santa Marta. O que, en lugar de celebrar el jueves santo en la Catedral de Roma (fastuosa Basílica Mayor de San Juan de Letrán) va a una cárcel de menores y lava los pies de doce reclusos (chicos y chicas), estando así cerca de los jóvenes.

            Sí. Toca a la iglesia y a los eclesiásticos bajarse de los pedestales. Que los pastores huelan a oveja, pide el Papa. Dicho de otro modo, que curas y monjas hemos de oler a humanidad. ¿No habíamos perdido, encerrados en nuestros templos, la dinámica de la Encarnación? Lo que ese misterio implica en Cristo es “hacerse en todo semejante a los hombres menos en el pecado y someterse a la muerte y muerte en Cruz”. ¿Quiénes nos hemos creído ser los curas cuando, sin alejarnos del pecado, nos hemos alejado del mundo y de los hombres? ¿No estará en eso la raíz de muchas de nuestras lacras y, ciertamente, de nuestra falta de credibilidad?

            No tengáis miedo, les decía Jesús a las mujeres tras su primera aparición de resucitado. Y nos lo dice a nosotros hoy. De modo muy espontáneo pero firme nos lo está gritando el Papa venido de Argentina. Por cierto, cuentan que ya ha hecho un milagro: que un argentino le caiga bien a todo el mundo. Añado por mi cuenta  que ya ha hecho dos: que un jesuita caiga bien a todos. Difícil, pero cierto. Pues que dure. Aunque sabemos que no dejarán de sobrevenir críticas y desacuerdos cuando reafirme los valores irrenunciables no sólo para el papa sino para cualquier cristiano. Esos valores evangélicos, como la defensa de la vida, que nunca van a cambiar y que se cuestionan hoy por doquier y para desgracia de todos.

            Aprendamos a vivir la Pascua. Que no consiste en “hacer la pascua” al prójimo. Por el contrario, vivir la Pascua es vivir de la fe como columna inconmovible de nuestra esperanza y nuestra alegría. Esa fe que también sustenta y orienta todo nuestro quehacer y nuestro compromiso por la mejora y transformación del mundo en el que nos toca vivir.  Que, sin esto, todo queda en agua de borrajas. Ni las creencias, ni las prácticas religiosas se justifican si no generan acciones liberadoras.

                                                                            JOSÉ MARÍA YAGÜE


martes, 2 de abril de 2013

FRASES DE LA MISA CRISMAL DE FRANCISO, OBISPO DE ROMA



28 Marzo 2013
 
1.- Al revestirnos con nuestra humilde casulla, puede hacernos bien sentir sobre los hombros y en el corazón el peso y el rostro de nuestro pueblo fiel, de nuestros santos y de nuestros mártires, que en este tiempo son tantos.

2.- La unción, queridos hermanos, no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría rancio el aceite... y amargo el corazón.

3.-Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones.

4.-El sacerdote que sale poco de sí, que unge poco – no digo «nada» porque, gracias a Dios, la gente nos roba la unción – se pierde lo mejor de nuestro pueblo, eso que es capaz de activar lo más hondo de su corazón presbiteral. El que no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor. Todos conocemos la diferencia: el intermediario y el gestor «ya tienen su paga», y puesto que no ponen en juego la propia piel ni el corazón, tampoco reciben un agradecimiento afectuoso que nace del corazón.

5.-Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones.

6.- Esto os pido: sed pastores con «olor a oveja», que eso se note –; en vez de ser pastores en medio al propio rebaño, y pescadores de hombres.

                                                                                          Miguel Ruano
                                                       

lunes, 1 de abril de 2013

ENCONTRARNOS CON EL RESUCITADO



Según el relato de Juan, María de Magdala es la primera que va al sepulcro, cuando todavía está oscuro, y descubre desconsolada que está vacío. Le falta Jesús. El Maestro que la había comprendido y curado. El Profeta al que había seguido fielmente hasta el final. ¿A quién seguirá ahora? Así se lamenta ante los discípulos: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.
Estas palabras de María podrían expresar la experiencia que viven hoy no pocos cristianos: ¿Qué hemos hecho de Jesús resucitado? ¿Quién se lo ha llevado? ¿Dónde lo hemos puesto? El Señor en quien creemos, ¿es un Cristo lleno de vida o un Cristo cuyo recuerdo se va apagando poco a poco en los corazones?
Es un error que busquemos “pruebas” para creer con más firmeza. No basta acudir al magisterio de la Iglesia. Es inútil indagar en las exposiciones de los teólogos. Para encontrarnos con el Resucitado es necesario, ante todo, hacer un recorrido interior. Si no lo encontramos dentro de nosotros, no lo encontraremos en ninguna parte.
Juan describe, un poco más tarde, a María corriendo de una parte a otra para buscar alguna información. Y, cuando ve a Jesús, cegada por el dolor y las lágrimas, no logra reconocerlo. Piensa que es el encargado del huerto. Jesús solo le hace una pregunta: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas?”.
Tal vez hemos de preguntarnos también nosotros algo semejante. ¿Por qué nuestra fe es a veces tan triste? ¿Cuál es la causa última de esa falta de alegría entre nosotros? ¿Qué buscamos los cristianos de hoy? ¿Qué añoramos? ¿Andamos buscando a un Jesús al que necesitamos sentir lleno de vida en nuestras comunidades?
Según el relato, Jesús está hablando con María, pero ella no sabe que es Jesús. Es entonces cuando Jesús la llama por su nombre, con la misma ternura que ponía en su voz cuando caminaban por Galilea: “¡María!”. Ella se vuelve rápida:“Rabbuní, Maestro”.
María se encuentra con el Resucitado cuando se siente llamada personalmente por él. Es así. Jesús se nos muestra lleno de vida, cuando nos sentimos llamados por nuestro propio nombre, y escuchamos la invitación que nos hace a cada uno. Es entonces cuando nuestra fe crece.
No reavivaremos nuestra fe en Cristo resucitado alimentándola solo desde fuera. No nos encontraremos con él, si no buscamos el contacto vivo con su persona. Probablemente, es el amor a Jesús conocido por los evangelios y buscado personalmente en el fondo de nuestro corazón, el que mejor puede conducirnos al encuentro con el Resucitado. 

De  Eclesalia.net

AVISOS SEMANA 1 DE ABRIL

Esta semana se reanuda la Oración de Silencio, con exposición del Santísimo, el miércoles a las 5 en la Anunciación.
El jueves, clases de guitarra de la UP a las 6 en los locales de la Anunciación.
¡Feliz Pascua de Resurrección!