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domingo, 11 de noviembre de 2012

AVISOS SEMANA 12 DE NOVIEMBRE


Lunes 12
- A las 4:30 reunión del grupo de Cáritas de la Anunciación y Fátima en la parroquia de Fátima
- A las 5:00, Grupo de Mayores en el centro de la Anunciación del Señor.

Martes 13
- A las 4:30 grupo de la Legión de María en los locales de San Mateo.

Miércoles 14
- A las 4:30 de la tarde se reúne el Grupo de Habilidades en el centro de San Mateo
- A las 5 oración de silencio con exposición del Santísimo en la Iglesia de la Anunciación.
- A las 8:30 de la tarde el Grupo de jóvenes en el centro de la Anunciación del Señor. 

Jueves 15
- Grupo de Vida Ascendente a las 4:30 en el centro de San Mateo.
- De 6 a 8 de la tarde, clases de guitarra en el centro de la Anunciación.
- A las 6:15 exposición del Santísimo en la Anunciación del Señor.

Viernes 16
- A las 8:00 de la tarde nos vemos el Grupo de Biblia en el centro de San Mateo. 

Sábado 17  
- A las 6 de la tarde se convoca al Grupo de matrimonios en el centro de la Anunciación del Señor.


LO MEJOR DE LA IGLESIA

Confianza en Dios: como un niño en brazos de su madre.


El contraste entre las dos escenas no puede ser más fuerte. En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los dirigentes religiosos: “¡Cuidado con los letrados!”, su comportamiento puede hacer mucho daño. En la segunda, llama a sus discípulos para que tomen nota del gesto de una viuda pobre: la gente sencilla les podrá enseñar a vivir el Evangelio.
Es sorprendente el lenguaje duro y certero que emplea Jesús para desenmascarar la falsa religiosidad de los escribas. No puede soportar su vanidad y su afán de ostentación. Buscan vestir de modo especial y ser saludados con reverencia para sobresalir sobre los demás, imponerse y dominar.
La religión les sirve para alimentar fatuidad. Hacen “largos rezos” para impresionar. No crean comunidad, pues se colocan por encima de todos. En el fondo, solo piensan en sí mismos. Viven aprovechándose de las personas débiles a las que deberían servir.
Marcos no recoge las palabras de Jesús para condenar a los escribas que había en el Templo de Jerusalén antes de su destrucción, sino para poner en guardia a las comunidades cristianas para las que escribe. Los dirigentes religiosos han de ser servidores de la comunidad. Nada más. Si lo olvidan, son un peligro para todos. Hay que reaccionar para que no hagan daño.
En la segunda escena, Jesús está sentado enfrente del arca de las ofrendas. Muchos ricos van echando cantidades importantes: son los que sostienen el Templo. De pronto se acerca una mujer. Jesús observa que echa dos moneditas de cobre. Es una viuda pobre, maltratada por la vida, sola y sin recursos. Probablemente vive mendigando junto al Templo.
Conmovido, Jesús llama rápidamente a sus discípulos. No han de olvidar el gesto de esta mujer, pues, aunque está pasando necesidad, “ha echado todo lo que tenía para vivir”. Mientras los letrados viven aprovechándose de la religión, esta mujer se desprende de todo por los demás, confiando totalmente en Dios.
Su gesto nos descubre el corazón de la verdadera religión: confianza grande en Dios, gratuidad sorprendente, generosidad y amor solidario, sencillez y verdad. No conocemos el nombre de esta mujer ni su rostro. Solo sabemos que Jesús vio en ella un modelo para los futuros dirigentes de su Iglesia.
También hoy, tantas mujeres y hombres de fe sencilla y corazón generoso son lo mejor que tenemos en la Iglesia. No escriben libros ni pronuncian sermones, pero son los que mantienen vivo entre nosotros el Evangelio de Jesús. De ellos hemos de aprender los presbíteros y obispos.

De  Eclesalia.net


sábado, 10 de noviembre de 2012

FIELES LAICOS: SER Y MISIÓN


Tras el Concilio Vaticano II, el proyecto de una Iglesia Pueblo de Dios y la correspondiente eclesiología de comunión considera a todos los miembros como corresponsables de su misión ya constituye sin duda las huellas del futuro.

No podemos olvidar que el primer rasgo que caracteriza la tarea de la Iglesia es, precisamente, el hecho de que ella no existe para si misma, sino que está al servicio del Reino, como plan de liberación y salvación: este reino de justicia, de paz y de libertad definitivas,  esta "utopía del corazón humano" constituye el  anhelo supremo y el punto de referencia de toda actividad en la Iglesia.
La misma Lumen Gentium, al anteponer el bautismo y la vocación cristiana a todo ministerio o tarea eclesial, dejaba claro el reto "el criterio matriz y referencial de la eclesiología es el cristiano laico”.
Dar paso a los laicos no es sólo un imperativo teológico y, por supuesto, no debería ser un simple recurso a la suplencia cuando no queda otro remedio. Como los más auténticamente "sacerdotes en el mundo", los laicos son quienes mejor pueden ejercer ese "sacerdocio de discernimiento' para interpelar los "signos de los tiempos", dada su inmersión y sintonía cultural como las realidades familiares, sociales, políticas, etc.
Admitir y promover la mayoría de edad del laicado tiene sin duda, unas inevitables consecuencias eclesiológicas, con repercusiones directas en la vida interna de la Iglesia. El teólogo alemán K. Rahner, apuntaba cómo la madurez del  laico comporta una capacidad crítica y reflexiva, respecto a las normas sociales y de la misma enseñanza jerárquica.

Está aún mediatizando el despliegue de nuestra Iglesia - y hay que tenerlo en cuenta a la hora de sentir el despertar de todo al laicado-, los modos y maneras de entender y vivir la Iglesia hoy, conviven entre nosotros distintas sensibilidades, unas más tradicionales y otras que quieren abrirse a un diálogo más cercano a las nuevas situaciones que la sociedad nos plantea, todas ellas unidas firmemente en la profesión sincera de una misma fe y un mismo amor a nuestro Salvador Jesús, pero divididas a veces en la interpretación práctica y el uso diario de preceptos, costumbres, actitudes, expresiones y modos de actuar y reaccionar ante la vida en la sociedad de hoy con toda su complejidad y desafíos, sus dolores y esperanzas.

Así pues los diversos modos de entender la Iglesia provocan no pocas tensiones. Es indudable que estamos perdiendo a los jóvenes, estamos perdiendo a gente seria, estamos perdiendo a pensadores leales y a comprometidos sociales que quieren renovar las estructuras de la sociedad que viene, y encuentran en la Iglesia a veces sólo incomprensión, repetición, cerrazón, ideales teóricos y condenaciones prácticas. Estamos perdiendo credibilidad, vitalidad, influencia en las fuerzas que van moldeando rápidamente el futuro inmediato de la humanidad, y perdemos esa influencia porque vamos despacio, vamos retrasados, somos cerrados y somos altivos, y ese paso lento y pesado no nos permite acompañar el volar rápido de la humanidad de hoy. No hemos de extrañarnos, incluso, de que sean muchos los católicos de buena voluntad que sienten cada vez menos atracción hacia la Iglesia en sus enseñanzas y ceremonias, y simplemente se vayan alejando del contacto con la práctica religiosa tradicional porque no les dice nada. Y no les dice nada porque en no pocas ocasiones nuestro lenguaje es repetitivo, distanciado de la realidad, autoritario e impositivo.

¿Cómo ha de ser en suma, la Iglesia del futuro?, nos hemos preguntado y al respondernos a este interrogante a una conclusión hemos llegado de una forma simple y sencilla: seguramente ya no volverá a ser, como lo fue o pretendió alguna vez, detentadora del poder, animadora y controladora de la realidad intelectual, cultural y social. En el seno de una sociedad irreversiblemente pluralista, la Iglesia deberá, por el contrario, alzarse como heraldo de la libertad de la fe.

Antes de encontrar la respuesta a por qué el hombre de hoy se cierra al Evangelio, es indispensable tomar conciencia de la necesidad de convertirnos personalmente y reconvertir la institución sobre la que descansa la tarea de la Evangelización.
No echemos de menos el pasado de la Iglesia, es ella hoy la que está llamada a seguir, a abrirse al mundo, ella camina con los hombres. La manera de traducir el Evangelio a la vida cotidiana es lo que hace creíble al mensajero y aceptable el mensaje.

Volviendo nuevamente al Concilio Vaticano II, el fiel laico se convierte en el prototipo del cristiano y la mundanidad o secularidad es su rasgo más específico, aunque no sea su dimensión exclusiva. En cuanto experto en mundanidad y en cuanto miembro activo de la Iglesia, tiene el derecho y el deber de manifestar su opinión sobre todos los asuntos de la Iglesia (LG, 37), incluido el derecho a la opinión pública de participar en su vida interna (LG, 33) y de constituirse en la vanguardia de su acción misionera (LG, 36) alcanzando así su mayoría de edad en la Iglesia (LG, 37).
La eclesiología de comunión es el marco de una renovada teología del laicado. Al cambiar al laicado transformamos a la misma Iglesia y al modificar el modelo eclesiológico replanteamos la teología del laicado. En buena parte aquí se juega el futuro del cristianismo del siglo XXI.
Una condición que puede calificarse de fundamental y hasta de estratégica en este momento es la formación de los seglares. El Papa Juan Pablo II,  se hace eco de una proposición de los Padres sinodales  en la que afirman claramente que "la formación de los laicos se ha de colocar entre las prioridades de la diócesis y se ha de incluir en los programas de acción pastoral de modo que todos los esfuerzos de la comunidad (sacerdotes, laicos y religiosos) concurran a este fin".

Teniendo presente que la formación pedida ni es sólo "de libros", ni es del todo previa, nos formamos no sólo para la vida, sino también en la vida y desde la vida, es decir, en el diario rodar de las acciones compartidas, de los momentos de reflexión, planificación y evaluación, compartidos, valorados y decididos de forma conjunta. En este sentido, no hay que esperar a que "estén formados" los laicos. También aquí, "se hace camino al andar".

RETOS DE CARA AL FUTURO

Ante la realidad que presenta el laicado a la llamada evangélica y eclesial de construir Reino, sentimos que hemos de responder a algunos retos:

1°) Recuperación de una definición positiva del laico, cómo "ser cristiano en la Iglesia misterio".
2°) Superación del binomio (clero/laico/a) y del trinomio (clérigo/laico-a/religioso-a), dentro el binomio originario COMUNIDAD-MINISTERIOS, dentro de una eclesiología de totalidad como MISTERIO-COMUNIÓN-MISIÓN.
3°) Redescubrir la categoría de laicidad eclesial (secularidad), en cuanto dimensión de toda la Iglesia, así como la importancia de la inserción concreta del laico/a en la Iglesia particular, ejerciendo su servicio y su compromiso asociado, para hacer presente el misterio de Jesucristo total.
(Plan Diocesano de Pastoral 2001-2004 Pág.: 14 al 18)


                                                                          Miguel Angel Ruano Sánchez


INTERVENCIONES DEL SÍNODO (2)


S. E. R. Mons. Juan José PINEDA FASQUELLE, C.M.F., Obispo titular de Obori, Obispo auxiliar y Vicario General de Tegucigalpa (HONDURAS)

La parroquia es una entidad vigente para “la transmisión de la fe cristiana”. Allí se puede llevar a cabo la “Nueva Evangelización”. Trabajamos para dar vida a las parroquias para crear lugares de vida cristiana, sostener la fe de sus miembros e iluminar con su testimonio. La renovación pastoral de nuestras parroquias implica ponerlas en “estado permanente de misión”, evitando ser sedes burocráticas. Creemos en la “corresponsabilidad pastoral de los bautizados”, que ponen al servicio de la comunidad su fe, sus tiempos, talentos y tesoros. Así los programas parroquiales de pastoral e iniciación cristiana se enriquecen con la colaboración de todos para una Iglesia más comunitaria: bautizados coherentes para una parroquia corresponsable, “casa y escuela de comunión”. El compromiso por la nueva evangelización tiene como finalidad originaria ser misionera, parroquias menos orientada hacia el interior y más comprometidas con el anuncio de la fe. Consideremos la comunidad parroquial como puerta de la transmisión de la fe y de la experiencia eclesial, centro de irradiación y de testimonio de vida cristiana, lugar de búsqueda de la verdad, de reforzamiento de la fe, de comunicación del mensaje, comunidad donde se vive la alegría del Espíritu y sede misionera. Presbíteros y laicos integrados en la animación misionera. ¡Gran riqueza son los laicos comprometidos en la comunidad parroquia! Esta vocación laical es uno de los frutos más valioso del Concilio Vaticano II. Ellos dan un fuerte impulso a la nueva evangelización y a la transmisión de la fe. Aparecida nos indica así: renovación parroquial, conversión pastoral, estado permanente de misión. Ser Iglesia así evita sectarismos. La parroquia es “Iglesia doméstica” presente en la vida cotidiana, anunciando el mensaje vivificador del Evangelio. Nueva evangelización significa rehacer el tejido cristiano de la sociedad humana, ayudando a la Iglesia a seguir estando presente entre las casas de sus hijos (Cfr. J P II, Ch. L. 26). Nacimos como Iglesia integrada en la animación misionera de las comunidades. Se realiza la integración de los Movimientos, pero no falta la lectura eclesiológica o su integración “imperfecta”, al margen o fuera del plan parroquial de pastoral.




¿Cuáles son las dimensiones constitutivas que no pueden faltar nunca en la evangelización? A través del sumario de los Hechos de los Apóstoles (Hch 2, 42.46-47), podemos identificar cuatro: 1. “Se mantenían constantes... en la fracción del pan y en las oraciones...”: la Eucaristía es la fuente inagotable de la vida de la comunidad. 2. “Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles”, heraldos de la Palabra de Dios en todos los ámbitos de la existencia humana. San Pablo habla de educación al “pensamiento de Cristo” (cf. 1 Co 2, 16). San Máximo el Confesor lo describe de este modo: “También yo, de hecho, digo que tengo el pensamiento de Cristo, es decir, el pensamiento que piensa según Él y piensa Él a través de todas las cosas”. 3. “Se mantenían constantes... en la comunión”: si tienen en común a Jesucristo, los cristianos tienden libremente a compartir con todos los hermanos su propia existencia. La comunión para el cristiano precede cada cosa, es el “a priori” necesario. 4. “... el Señor agregaba al grupo a los que cada día se iban salvando”: la misión de la Iglesia es el testimonio grato que deja ver la alegría del encuentro con Jesús, que se convierte en ansia por que todos los hombres sean salvados. El método, no un método, de la nueva evangelización consiste en proponer una vida de comunidad en la cual los fieles conscientemente practiquen, de forma regular, estas cuatro dimensiones constitutivas, indicadas en el texto de los Hechos de los Apóstoles.


La preocupación que quiero destacar especialmente es el desafío que supone, sobre todo para la gente joven, la manipulación del lenguaje en su búsqueda del mensaje de Jesucristo. Los jóvenes viven en una cultura del relativismo, e incluso de la banalización de la verdad, a veces sin darse cuenta de ello. Es una cultura que ellos no han creado. Quizás no conozcan ninguna otra cultura, pero deben encontrar a Cristo en medio de esta cultura sin tener familiaridad con el lenguaje de la fe.
No estoy pensando en el gran número de gente joven que encuentran su fuerza y apoyo en acontecimientos como la Jornada Mundial de la Juventud, sino en todos esos jóvenes, hombres y mujeres, que, en un momento complejo y difícil de sus vidas, en su búsqueda de significado, se encuentran muy solos entre sus compañeros de clase y de estudio; muchos incluso sufren la hostilidad y la incomprensión mientras intentan encontrar o mantener su fe en Jesucristo.
¿Dónde estamos presentes entre la gran población estudiantil, especialmente aquella cuya formación básica cristiana ha sido de todo menos superficial en su familia o escuela?
El desafío de la Nueva Evangelización debe estar marcada por una sólida confrontación de ideas, no en términos de agresión ideológica, sino para ayudar a los jóvenes a discernir sus ideas.
La cultura del individualismo debe ser contrarrestada con la creación de una variedad de nuevas comunidades eclesiales, no sólo las que pertenecen a los movimientos eclesiales, sino también alrededor de las parroquias, que serán las piedras que edificarán las comunidades eucarísticas del futuro.


                                                                       Raúl Román

jueves, 8 de noviembre de 2012

DOMINGO 32 DEL TIEMPO ORDINARIO


“Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”  (Mt 5,3)



La palabra que de hoy nos invita a reflexionar sobre la fe. Esta consiste, simplemente, en creer que Dios es Dios y en fiarse por eso de él, abandonarse en sus manos, darle por completo a nosotros mismos sin cálculos ni preocupaciones por el mañana. Esta «oblatividad» es desconsiderada y loca —o al menos imprudente— para quien afirma que está bien creer, sí, pero “con los pies en la tierra”, sin dejar de lado una humana prudencia; sin embargo, esta fe la encontramos a menudo precisamente en quienes no tienen ninguna seguridad para hacer frente al hoy ni al mañana.

Estas dos viudas tan pobres presentadas en la Sagrada Escritura nos enseñan a no tener miedo de ofrecer a Dios todo lo que tenemos y somos, nos invitan a consagrarle nuestra vida: si hacemos que llegue a ser «suyo» lo que es nuestro, será después tarea suya la preocupación por ello.

Mi familia, mi trabajo, mis pocos o muchos recursos de todo tipo pueden ser sometidos á la lógica de la fe y ser confiados y entregados por completo al Señor. No se trata de una elección de despreocupación ni del sentimiento de un instante; al contrario, se convierte en el compromiso cotidiano de administrar como nuestros —y, por consiguiente, con un corazón conforme al nuestro— los que eran «nuestros» bienes: afectos, ocupaciones, dotes. La palabra es hoy casi un desafío: probemos a echar con fe nuestra vida en el tesoro de la comunión de los santos, día tras día. El Señor dispondrá de ella para bien de cada uno de sus hijos, y dispondrá un mayor beneficio también para nosotros. Podernos darle, sobre todo, lo que tenemos como más “nuestro”: la pobreza existencial, el pecado. Esto es lo que ha venido a buscar en la humanidad, para tomarlo sobre sí y transformarlo en sacrificio de amor.

Si somos capaces de poner en sus manos también nuestra miseria, sentiremos la alegría de vivir de él, por él, en él. 

Vídeo de la semana:

Lecturas del día:



martes, 6 de noviembre de 2012

EL DRAMA CONTINÚA EN LAS COSTAS ESPAÑOLAS




Se ha intensificado en la última semana la llegada de pateras a las costas españolas, un sueño por una vida mejor que, en más de 20 casos, se ha convertido en tragedia. Hechos que vienen a recordar que no debemos olvidar a nuestros hermanos del Sur, que sufren de tal modo que arriesgan su vida y la de sus hijos por un futuro.
Por muy mal que estemos nosotros, en crisis, ellos siempre están peor; aquí no hay guerra ni hay, en líneas generales, hambre. Es una de las tareas de la Iglesia dar voz a los últimos y reclamar para ellos dignidad. Así lo ha entendido la Diócesis de Cádiz, que acaba de reclamar a los gobernantes esfuerzos para reorientar el flujo migratorio por cauces de dignidad y que se fomente el desarrollo de los pueblos del Sur.

De  Vida Nueva

domingo, 4 de noviembre de 2012

AVISOS SEMANA 5 DE NOVIEMBRE


Lunes 5 de Noviembre
- Visita del grupo de Cáritas parroquial de Fátima y la Anunciación a la casa de Samuel (antigua casa del SIDA).
- Celebraremos San Martín de Porres, patrono Grupos de Limpieza de la unidad pastoral, en la Iglesia de la Anunciación del Señor a los 6:45 de la tarde.
- A las 7:30 de la tarde se reúne el Grupo de Formación de Adultos sobre la doctrina social de la Iglesia en el centro de la Anunciación del Señor.

Miércoles 7 de Noviembre
- A las 5 de la tarde reunión del Equipo de Pastoral de la Salud de la Unidad Pastoral en el centro de la Anunciación del Señor.
- A las 5, oración de silencio, con exposición del Santísimo, en la Iglesia de la Anunciación.

Jueves 8 de Noviembre
- A las 7 de la tarde exposición del Santísimo en San Mateo
- De 6 a 8 de la tarde Talleres de Guitarra en el centro de la Anunciación del Señor.

Viernes 9 de Noviembre
- A las 12 de la mañana nos vemos el Grupo de Alfabetización en el centro de la Anunciación del Señor.   


sábado, 3 de noviembre de 2012

LO IMPORTANTE


 Un escriba se acerca a Jesús. No viene a tenderle una trampa. Tampoco a discutir con él. Su vida está fundamentada en leyes y normas que le indican cómo comportarse en cada momento. Sin embargo, en su corazón se ha despertado una pregunta: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?” ¿Qué es lo más importante para acertar en la vida?
Jesús entiende muy bien lo que siente aquel hombre. Cuando en la religión se van acumulando normas y preceptos, costumbres y ritos, es fácil vivir dispersos, sin saber exactamente qué es lo fundamental para orientar la vida de manera sana. Algo de esto ocurría en ciertos sectores del judaísmo.
Jesús no le cita los mandamientos de Moisés. Sencillamente, le recuerda la oración que esa misma mañana han pronunciado los dos al salir el sol, siguiendo la costumbre judía: “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón”.
El escriba está pensando en un Dios que tiene poder de mandar. Jesús le coloca ante un Dios cuya voz hemos de escuchar. Lo importante no es conocer preceptos y cumplirlos. Lo decisivo es detenernos a escuchar a ese Dios que nos habla sin pronunciar palabras humanas.
Cuando escuchamos al verdadero Dios, se despierta en nosotros una atracción hacia el amor. No es propiamente una orden. Es lo que brota en nosotros al abrirnos al Misterio último de la vida: “Amarás”. En esta experiencia, no hay intermediarios religiosos, no hay teólogos ni moralistas. No necesitamos que nadie nos lo diga desde fuera. Sabemos que lo importante es amar.
Este amor a Dios no es un sentimiento ni una emoción. Amar al que es la fuente y el origen de la vida es vivir amando la vida, la creación, las cosas y, sobre todo, a las personas. Jesús habla de amar “con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser”. Sin mediocridad ni cálculos interesados. De manera generosa y confiada.
Jesús añade, todavía, algo que el escriba no ha preguntado. Este amor a Dios es inseparable del amor al prójimo. Sólo se puede amar a Dios amando al hermano. De lo contrario, el amor a Dios es mentira. ¿Cómo vamos a amar al Padre sin amar a sus hijos e hijas?
No siempre cuidamos los cristianos esta síntesis de Jesús. Con frecuencia, tendemos a confundir el amor a Dios con las prácticas religiosas y el fervor, ignorando el amor práctico y solidario a quienes viven excluidos por la sociedad y olvidados por la religión. Pero, ¿qué hay de verdad en nuestro amor a Dios si vivimos de espaldas a los que sufren? 

De  Eclesalia.net

viernes, 2 de noviembre de 2012

DOMINGO 31 DEL TIEMPO ORDINARIO

"Nosotros debemos amarnos porque Él nos amó primero"  (1 Jn 4,19)

Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios. El Señor es Uno (Dt 6, 4 ss)


El rabí de Sasson contaba:  Aprendí de un campesino cómo deben amar los hombres. Este campesino se encontraba con otros en una hospedería y estaba bebiendo. Se quedó callado durante mucho tiempo con los otros, pero cuando el vino le movió el corazón, dirigiéndose a un compañero que se sentaba a su lado, le preguntó: Dime, ¿me quieres o no? El otro respondió: Te quiero mucho. Y dijo el campesino a su vez: Dices que me quieres mucho; sin embargo, no sabes lo que necesito. Si verdaderamente me quisieras, lo sabrías. El amigo no se atrevió a rebatirle, y el campesino que le había preguntado calló de nuevo. Yo, en cambio, comprendí: amar a los hombres significa intentar conocer sus necesidades y sufrir sus penas.

                                                                Martin Buber: Historias jasídicas


Oh Dios, fuente única de todo lo que existe, tú eres nuestro Padre: concédenos el amor para que, fieles a tu mandamiento, podamos amarte con un corazón indiviso, buscándote en todas las cosas. Enséñanos a amarte «con toda la mente»: ilumina nuestra inteligencia para que, libre de la duda y de la vana presunción, sepa descubrir tu designio de salvación en la historia y en las circunstancias cotidianas.
Haz que te amemos «con todas nuestras fuerzas», consagrando a ti y a tu servicio nuestras capacidades y nuestros límites, nuestras acciones y nuestras impotencias, nuestros logros y nuestros fallos. Ayúdanos, Señor, a amarte en cada hermano que tú has puesto a nuestro lado y que tú fuiste el primero en amar, hasta el sacrificio de tu propio Hijo. Que su oblación eterna nos dé la fuerza y la alegría de perdernos a nosotros mismos en la caridad para recobrarnos plenamente en ti, que eres el Amor.

Vídeo de la semana:

Lecturas del día:

jueves, 1 de noviembre de 2012

FIELES DIFUNTOS


...
¡Ah, por fin, por fin se han acordado de vosotros!
Ellos querrían haceros hoy vivir, haceros revivir en el recuerdo,
haceros participar de su charla, gozar de su merienda y compartir su bota.
(Ah, sí, y a veces cuelgan
del monumento de una "fealdad casi lúbrica",
la amarillenta foto de un señor,
bigote lacio, pantalones desplanchados, gran cadena colgante sobre el hinchado abdomen.)
Ellos querrían ayudaros, salvaros,
convertir en vida, en cambio, en flujo, vuestra helada mudez.
Ah, pero vosotros no podéis vivir, vosotros no vivís: vosotros sois.
Igual que Dios, que no vive, que es: igual que Dios.
Sólo allí donde hay muerte puede existir la vida,
oh, muertos inmortales.
Oh, nunca os pensaré, hermanos, padre, amigos, con nuestra carne humana, en nuestra diaria servidumbre,
en hálito o en afición semejantes
a las de vuestros tristes días de crisálidas.
No, no. Yo os pienso luces bellas, luceros,
fijas constelaciones
de un cielo inmenso donde cada minuto,
innumerables lucernas se iluminan.
Oh, bellas luces,
proyectad vuestra serena irradiación
sobre los tristes que vivimos.
Oh gloriosa luz, oh ilustre permanencia.
Oh inviolables mares sin tornado,
sin marea, sin dulce evaporación,
dentro de otro universal océano de la calma.
Oh virginales notas únicas, indefinidamente prolongadas, sin variación, sin aire, sin eco.
Oh ideas purísimas dentro de la mente invariable de Dios.
Ah, nosotros somos un horror de salas interiores en cavernas sin fin,
una agonía de enterrados que se despiertan a la media noche,
un fluir subterráneo, una pesadilla de agua negra por entre minas de carbón,
de triste agua, surcada por la más tórpidas lampreas,
nosotros somos un vaho de muerte,
un lúgubre concierto de lejanísimos cárabos, de agoreras zumayas, de los más secretos autillos.
Nosotros somos como horrendas ciudades que hubieran siempre vivido en black-out,
siempre desgarradas por los aullidos súbitos de las sirenas fatídicas.
Nosotros somos una masa fungácea y tentacular, que avanza en la tiniebla a horrendos tentones,
monstruosas, tristes, enlutadas amebas.
¡Oh, norma, oh cielo, oh rigor,
oh esplendor fijo!
¡Cante, pues, la jubilosa llama, canten el pífano y la tuba
vuestras epifanías cándidas,
presencias que alentáis mi esfuerzo amargo!
¡Canten, sí, canten,
vuestra gloria de ser!
                              Quede a nosotros
turbio vivir, terror nocturno,
angustia de las horas.
¡Canten, canten la trompa y el timbal!
Vosotros sois los despiertos, los díáfanos,
los fijos.
Nosotros somos un turbión de arena,
nosotros somos médanos en la playa,
que hacen rodar los vientos y las olas,
nosotros, sí, los que estamos cansados,
nosotros, sí, los que tenemos sueño.

                                        Dámaso Alonso. El día de los difuntos.

El que desee el poema completo:

Lecturas del día: