ESTA ES UNA PÁGINA CREADA PARA INFORMACIÓN Y LA PARTICIPACIÓN DE TODOS LOS MIEMBROS DE LA UNIDAD PASTORAL DE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR Y SAN MATEO DE SALAMANCA. Correo electrónico: bloganunciacion@yahoo.es
viernes, 31 de octubre de 2014
jueves, 30 de octubre de 2014
LA ENFERMEDAD DE LAS 3 D
Mons. Osoro en su inicio como Arzobispo de Madrid, ha
advertido que “el ser humano necesita que se le diga quién es. Yo digo que hay
una gran enfermedad, y lo llamo la enfermedad de las 3D, y es importante que la
descubramos y vivamos. Hay un desdibujamiento”.
En este sentido ha explicado que “cuando habla del ser
humano, dice que es imagen de Dios, y que la descripción de lo que es de verdad
esa imagen de Dios es lo que dice el Señor cuando dice que Dios es amor. El ser
humano es imagen de ese Dios, que es amor. Ese desdibujamiento es una
enfermedad. Cuando uno no sabe lo que es, camina mal”.
“La otra D, ha apuntado, es el desencanto, la desesperanza,
la desilusión, motivadas por situaciones que son reales”. Y es que muchos
jóvenes “no tienen trabajo, o están por horas. Eso es un desencanto, pero
también lo es cuando tenéis razones incluso para saber vivir”.
Por último, la tercera D, que “es la desorientación. El ser
humano, o vive como un vagabundo o vive como un peregrino. Al vagabundo le da
igual estar hoy aquí, en Madrid, que en Valencia, Orense, Asturias, Oviedo,
Santander. Al peregrino no, porque tiene metas.
Esa enfermedad no puedo quitarla solo, pero entre vosotros y
yo podemos quitarla, porque podemos dar otra noticia distinta: que hay metas,
esperanza, que nadie sobra en este mundo, que todos nos necesitamos, que no
podemos hacer una cultura del descarte sino que tenemos que tenemos que hacer
la civilización del amor, o lo que el Papa actual llama la cultura del
encuentro, donde nadie sobra.
CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS
"Dales,
Señor, el descanso eterno; brille para ellos una luz perpetua. Descansen en
paz. Amén"
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Yo soy el camino, la verdad y la vida. |
Ante la muerte se impone el silencio, ese silencio que,
haciéndonos entrar en el diálogo de la eternidad y revelándonos el lenguaje del
amor, nos pone en una comunicación profunda con este insondable misterio.
Existe un vínculo fortísimo entre aquellos que han dejado de vivir en el
espacio y en el tiempo y los que se encuentran aún inmersos en ellos. Si bien
la desaparición física de las personas queridas nos hace sufrir su inalcanzable
lejanía, mediante la fe y la oración experimentamos una más íntima comunión con
ellos. Cuando parece que nos dejan es en realidad el momento en el que se
establecen más firmemente en nuestra vida: siguen estando presentes en
nosotros, forman parte de nuestra interioridad, los encontramos en esa patria
que ya llevamos en el corazón, allí donde habita la Trinidad.
San Pablo nos anima a vivir de una manera positiva el
misterio de la muerte, haciéndole frente día tras día, aceptándola como una ley
de la naturaleza y de la gracia, para ser despojados progresivamente de lo que
debe perecer hasta encontrarnos ya milagrosamente transformados en aquello en
que debemos convertirnos. La «muerte cotidiana» se revela así más bien como un
nacimiento: el lento declinar y el ocaso desembocan en un alba luminosa. Todos
los sufrimientos, las fatigas y las tribulaciones de la vida presente forman
parte de este necesario, de este cotidiano morir, a fin de pasar a la vida
inmortal. Debemos vivir fijando nuestra mirada en el objeto de la
bienaventurada esperanza, apoyándonos únicamente en la fidelidad del Señor, que
nos ha prometido la eternidad.
Si vivimos así, cuando lleguemos al ocaso de esta vida no
veremos caer las tinieblas de la noche, sino que aparecerá ante nosotros -una
expectativa sorprendente, no obstante-, el alba de la eternidad y tendremos la
inefable alegría de sentirnos una sola cosa con el Señor.
Después de una larga fatiga seremos plenamente suyos y esa
pertenencia será plenitud de bienaventuranza en la visión cara a cara.
Señor, cada día se eleva desde la tierra una acongojada
oración por aquellos que han desaparecido en el misterio: la oración que pide
reposo para el que expía, luz para el que espera, paz para quien anhela tu amor
infinito.
Descansen en paz: en la paz del puerto, en la paz de la
meta, en tu paz, Señor. Que vivan en tu amor aquellos a los que he amado,
aquellos que me han amado. No olvides, Señor, ningún pensamiento de bien que me
haya sido dirigido, y el mal, oh Padre, olvídalo, cancélalo.
A los que pasaron por el dolor, a los que parecieron
sacrificados por un destino adverso, revélales, contigo mismo, los secretos de
tu justicia, los misterios de tu amor. Concédenos esa vida interior para que en
la intimidad nos comuniquemos con el mundo invisible en el que están: con ese
mundo fuera del tiempo y del espacio que no es lugar, sino estado, y no está
lejos de nosotros, sino a nuestro alrededor; que no es de muertos, sino de
vivos.
(Primo Mazzolari).
Señor, Señor Jesús, tú eres la vida eterna de la patria
verdadera y eterna, puesto que tú nos la has procurado.
Tú eres la lámpara de la casa paterna que ilumina
suavemente, tú eres el sol de la justicia en la tierra, tú eres el día que no
llega nunca al término, tú eres el lucero del alba. Allí sólo tú eres el
templo, el sacerdote y la víctima.
Tú sólo el rey y el jefe, el Señor y el maestro; tú eres el
sendero de la unificación, tú eres el manantial y la paz, tú eres la dulzura
infinita. Allí todos los que te pertenecen te siguen, y tú estás siempre, no te
vas nunca, diriges la casta danza sobre los prados de la alegría...
Por eso, cuando se despierta en nosotros la nostalgia de la
vida eterna, de la patria verdadera, de la comunión con todos los santos allá
arriba en la ciudad que está sobre los montes elevados, entonces debemos
convertirnos aquí abajo en humildemente pequeños en la casa del Señor, debemos
cargar sobre nosotros la aflicción junto con nuestra Madre dolorosa, la Iglesia.
(Quodvultdeus de Cartago, cit. en K. Rahner,Mater Ecclesiae, Milán 1972,
p. 108).
Lecturas del día:
Vídeo:
miércoles, 29 de octubre de 2014
TODOS LOS SANTOS
"Vosotros sed perfectos, como vuestro Padre celestial es
perfecto" (Mt 5,48)
La santidad pertenece únicamente a Dios, y nadie puede
reclamarla nunca para sí. La distancia entre nuestro carácter de criaturas y el
Creador, la fractura entre nuestros deseos y nuestras realizaciones, la
necesidad de ajustar las cuentas con los compromisos y dolores de la historia
nos impiden creer que nuestra filiación divina sea algo que se nos debe. Desde
este punto de vista, el balance de la historia es aún ruinoso: no somos santos.
Con todo, podemos construir la santidad en parte,
armonizando nuestra propia vida con el designio de justicia que Dios ha pensado
para el mundo. Lo hacen «los pobres en el espíritu», que no consiguen encontrar
en ellos mismos motivos para ir hacia delante y se confían al grano de mostaza
del Reino de Dios. Lo hacen los «servidores» del Señor, que intentan imitar el
obrar misericordioso de Dios en la historia para convertirse en un posible
signo de salvación, en un poco de levadura del Reino de Dios.
Se trata de tareas desmesuradas, que nadie consigue llegar a
término por sí solo. Únicamente si nos confiamos a aquella parte todavía no
revelada de nosotros mismos, a la semejanza que nos hace hijos e hijas de Dios
y amados por él, sólo si creemos y nos confiamos con fe y amor a la promesa de
nuestro bautismo, llegaremos a comprender cómo la salvación forma parte ya de
nuestra vida y que es propio de la santidad de Dios sostener nuestra santidad.
Padre santo, tú nos has llamado hijos tuyos. Nosotros te damos
gracias por tu santidad, que conduce la historia. No comprendemos todavía hasta
el fondo lo que significa sentirse amados por tu santidad, pero tú mantienes
viva en nosotros la imagen que has proyectado para cada uno.
Hijo justo del Padre, tú nos has abierto un paso en la
historia, donde conseguimos ver cómo actúa el Padre en la historia y cómo obra
en ella el Hijo. Ayúdanos a imitar tu única filiación, haznos capaces de
confiarnos al Padre.
Espíritu de justicia y de santidad, si tú no purificas
nuestros corazones nunca seremos capaces de abrir nuestros ojos a la mirada de
Dios, nunca seremos capaces de cantar las alabanzas de Dios en la liturgia, no
conseguiremos llamarnos hijos. Infunde en nuestro corazón la capacidad de
escuchar la voz del Padre que nos llama hijos suyos amados.
También nosotros hemos sido creados a imagen y semejanza de
Dios. Y lo que produce en nosotros la imagen divina no es otra cosa que la
santificación, esto es, la participación en el Hijo en el Espíritu. Así que,
después de que la naturaleza humana se hubiera encaminado a la perversión y se
hubiera corrompido la belleza de la imagen, fuimos restaurados en el estado
original, porque mediante el Espíritu ha sido reformada la imagen del Creador,
es decir, del Hijo, a través del cual viene todo del Padre.
También el sapientísimo Pablo dice: «¡Hijos míos, por
quienes estoy sufriendo de nuevo dolores de parto hasta que Cristo llegue a
tomar forma definitiva en vosotros!» (Gal 4,19). Y él mismo mostrará que la
figura de la formación de la que se habla aquí ha sido imprimida en nuestras
almas por medio del Espíritu, proclamando: «Porque el Señor es el Espíritu, y
donde está el Espíritu del Señor hay libertad. Por nuestra parte, con la cara
descubierta, reflejando como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos
transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosa, como corresponde a la
acción del Espíritu del Señor» (2 Cor 3,17ss) (Cirilo de Alejandría)
Lecturas de la festividad:
EN LAS MANOS DE DIOS
Los hombres de hoy no sabemos qué hacer con la muerte. A
veces, lo único que se nos ocurre es ignorarla y no hablar de ella. Olvidar
cuanto antes ese triste suceso, cumplir los trámites religiosos o civiles
necesarios y volver de nuevo a nuestra vida cotidiana.
Pero tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros
hogares arrancándonos nuestros seres más queridos. ¿Cómo reaccionar entonces
ante esa muerte que nos arrebata para siempre a nuestra madre? ¿Qué actitud
adoptar ante el esposo querido que nos dice su último adiós? ¿Que hacer ante el
vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y amigas?
La muerte es una puerta que traspasa cada persona en
solitario. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No
sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en
el misterio insondable de Dios. ¿Cómo relacionarnos con él?
Los seguidores de Jesús no nos limitamos a asistir
pasivamente al hecho de la muerte. Confiando en Cristo resucitado, lo
acompañamos con amor y con nuestra plegaria en ese misterioso encuentro con
Dios. En la liturgia cristiana por los difuntos no hay desolación, rebelión o
desesperanza. En su centro solo una oración de confianza: “En tus manos, Padre
de bondad, confiamos la vida de nuestro ser querido”
¿Qué sentido pueden tener hoy entre nosotros esos funerales
en los que nos reunimos personas de diferente sensibilidad ante el misterio de
la muerte? ¿Qué podemos hacer juntos: creyentes, menos creyentes, poco
creyentes y también increyentes?
A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro.
Nos hemos hecho más críticos, pero también más frágiles y vulnerables; somos
más incrédulos, pero también más inseguros. No nos resulta fácil creer, pero es
difícil no creer. Vivimos llenos de dudas e incertidumbres, pero no sabemos
encontrar una esperanza.
A veces, suelo invitar a quienes asisten a un funeral a
hacer algo que todos podemos hacer, cada uno desde su pequeña fe. Decirle desde
dentro a nuestro ser querido unas palabras que expresen nuestro amor a él y
nuestra invocación humilde a Dios:
“Te seguimos queriendo, pero ya no sabemos cómo encontrarnos
contigo ni qué hacer por ti. Nuestra fe es débil y no sabemos rezar bien. Pero
te confiamos al amor de Dios, te dejamos en sus manos. Ese amor de Dios es hoy
para ti un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer.
Disfruta de la vida plena. Dios te quiere como nosotros no te hemos sabido
querer. Un día nos volveremos a ver”.
De Eclesalia.net
martes, 28 de octubre de 2014
SANTOS Y DIFUNTOS
Este
año, sábado y domingo corresponden a dos fiestas de honda tradición en España:
los Santos y los Difuntos. A estas alturas, por pequeña que sea la instrucción
de los practicantes habituales, creo que todo el mundo entiende la diferencia
entre las dos festividades, por más que tradicionalmente los difuntos se vengan
celebrando en los cementerios el día 1 de noviembre, invadiendo la hermosísima
festividad de los Santos.
Santidad
y muerte son dos realidades muy distintas y, en la teoría, no relacionadas. Sin
embargo, a nadie se declara santo sino tras de su muerte. Algunos son
proclamados santos inmediatamente de su muerte, lo que se llama “morir en olor
de santidad”. La gente, el pueblo –más que la Jerarquía- percibe
inmediatamente que un Juan XXIII o el Obispo Romero de El Salvador son santos.
A veces, la jerarquía tarda mucho en reconocer la santidad y, en cambio, la ve
y proclama cuando faltan las evidencias. Es muy posible que el olfato del
pueblo sea más fino, preciso y hasta más acorde con lo que ocurre en el cielo
que el de los pastores.
Pero
no se trata de polemizar sobre las hoy muy prolíficas declaraciones de
santidad, sino de dilucidar lo que ésta es. A juzgar por la Liturgia del día de los
Santos, la cosa es bien sencilla de entender: ser santos es querernos a
nosotros mismos como hijos de Dios y, por tanto, vivir en lo posible como
tales, en la obediencia a su voluntad. Esto se traduce en querer para sí la
felicidad que Jesucristo, hablando de Sí mismo, enuncia en la bellísima página
de las Bienaventuranzas. Y no otra. Por tanto quedan excluidos de la santidad
los codiciosos, los violentos, los falsos, los arrogantes, los incapacitados
para la misericordia, los retorcidos de pensamiento, los satisfechos y quienes
no son operarios de la paz. Por el contrario, santos son los pobres, los sencillos, los de
fiar, los sinceros, los insatisfechos con este mundo que buscan cambiarlo, los
compasivos y los constructores de la paz. Sobre todo cuando por ser y actuar
así, son objeto de persecución por los corruptos de este mundo.
A
pesar de las apariencias, estos santos son legión. Muchos más de cuyos nombres aparecen en el “taco” del Sagrado
Corazón. Quizá tus padres, hermanos, tíos ya difuntos. Que pasaron
desapercibidos pero dejaron con su vida, como las olas lo hacen en la playa, el
eco del paso de Dios.
Hay
otros muchos que no han llegado a tanto. Vivieron. Sufrieron. Hicieron sufrir.
Realizaron algunas cosas bien (¿quién no?), otras mal, amaron a su manera...
Pero están en nuestra memoria. Muy amados unos, no tanto otros. Todos están “en
las manos de Dios”, como dice en hermosa expresión el libro de la Sabiduría. A ellos nos unimos y
recordamos, orantes, en nuestras visitas al cementerio. Y, en este año, al caer
en domingo, en la santa misa muchos podremos escuchar preciosas lecturas que
nos invitar a confiar en que, no por sus méritos, pero sí por la misericordia
de Dios, han sido glorificados y gozan de la herencia de sus hijos. Dios es muy
generoso en el perdón. Y encuentra los caminos, muy difíciles para nosotros, de
lograr que el mal no quede impune pero salvando a quienes lo hacen. La muerte
es purificadora.
JOSÉ MARÍA YAGÜE
domingo, 26 de octubre de 2014
AVISOS SEMANA 27 DE OCTUBRE
Lunes 27
A las 5 de la tarde en el centro
de Anunciación del Señor se reúne el Grupo de Mayores.
A las 8 se convoca al Grupo de Doctrina Social de la Iglesia en el centro de la Anunciación del Señor.
Martes 28
Oración de Silencio, con exposición del Santísimo, a las 6 en la Anunciación.
Jueves 30
Clases de guitarra de la Unidad Pastoral a partir de las 5 en los locales de la Anunciación.
A las 6 de la tarde en el centro
de San Mateo comienza la “Escuela de familia" para todos los padres de
catequesis.
Viernes 31
A las 5 se reúne le
Grupo de Tricotar en el centro de la
Anunciación del Señor.
A las 8 dentro de la
jornada del DOMUND tendremos Oración Misionera y mesa redonda en la Iglesia de la Anunciación del Señor.
CÁRITAS DE LA UP
La Acogida de Cáritas son los lunes y jueves de 11 a 1 en la Iglesia de Ntra. Sra. de Fátima.
Orientación laboral: los lunes y jueves de 12
a 1 en el despacho de San Mateo
La formación del Equipo de Cáritas son los
lunes a las 4:30 en los locales de la parroquia de Fátima y los martes a las
4,30 en el centro de San Mateo.
RECAUDACIÓN DEL PRIMER DOMINGO DE MES DE
OCTUBRE:
San Mateo ------------------- 756 Euros
Anunciación de Señor ---- 336 Euros
RECAUDACIÓN DEL DOMUND – 2014:
San Mateo -------------------- 1357 Euros
Anunciación del Señor ----- 300 Euros
1 de Noviembre (Todos los Santos) el horario
de misa como un domingo.
jueves, 23 de octubre de 2014
DOMINGO 30 DEL TIEMPO ORDINARIO
"Amarás
al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y al prójimo como a ti
mismo" (Mt 22,37.39)
La respuesta de Jesús al escriba con la cita del "Escucha, Israel" nos ayuda a aclarar qué conlleva amar a Dios, una
actitud que no puede entenderse como el mero sentimiento con el que una persona
ama a otra para hacerle el bien. En el Antiguo Testamento, "amar a Dios" es escucharlo, es confiar en su palabra prometedora, es condicionar la vida a la
Palabra. Amar a Dios equivale a decidirse por Dios con la totalidad del ser;
sin reservas. La actualidad de la respuesta de Jesús a la cuestión propuesta
por el escriba sobre el precepto mas importante de la Ley ilustra aspectos de
hoy día. Por ejemplo, numerosos bautizados vacilan y se preguntan qué hacer en
situaciones particulares, y todo porque no han decidido en realidad qué es lo
mas urgente o conveniente en la vida. Solo Dios es la causa por la cual vale la
pena invertir todos los recursos vitales, la única en la que tiene sentido
gastar la existencia.
La verdad del primer mandamiento depende de cómo se viva el
segundo, el amor al prójimo. ¿Y qué es amar al prójimo según la perspectiva de
Jesús? Jesús introduce una novedad en el concepto del prójimo que supera toda
barrera: no es solo el amigo o el consanguíneo, sino también el extraño o
extranjero, e incluso el enemigo (cf Mt 5,43-48). El prójimo no viene
determinado ni definido por un listado de principios generales, sino por el
amor concreto que descubre al otro y lo que puede hacer por él. Jesús nos enseña
la realización perfecta de este amor concreto con su profunda compasión por
cualquier persona necesitada, sana o enferma. En Jesús descubrimos el modelo
supremo para hacemos próximos, el ejemplo donde inspiramos en las situaciones
de "proximidad". Podemos enumerarlas bajo una triple tipología: el amor
al prójimo como atención solicita ante las necesidades del otro, como perdón y
reconciliación con el enemigo, y como servicio al amigo o al hermano.
Señor, te bendecimos porque nos muestras el sendero de la
vida con el mandamiento del amor cuya practica nos acerca cada vez mas a ti y
nos conforma mejor con Jesucristo, tu amadísimo Hijo.
Ayúdanos a amarte, destronando de nuestro corazón los ídolos
y dejando que tu Palabra plasme en nosotros la criatura nueva, que te pertenece
por entero. Te hacemos hueco en nuestra vida. Queremos amarte, Dios nuestro,
como el único y reconocer que eres el guía de la vida. Tu nos permites superar
las indecisiones en las pequeñas y grandes elecciones y nos ayudas a vencer
nuestro pequeño yo "autárquico", que continuamente nos dice que para
vivir hasta con nuestros propios recursos y que somos autónomos para amar. Que
tu Palabra nos libere de la seducción de este yo "diminuto", chato de
ideales, encorvado sobre si mismo y privado de amor y solidaridad con el
prójimo.
Te pedimos que nos concedas la gracia de tu Espíritu para
que podamos servirte fielmente amando a nuestros hermanos, especialmente a los
necesitados y humildes, tus preferidos.
¿Qué pensáis, hijas, que es su voluntad? Que seamos del todo
perfectas; que para ser unos con El y con el Padre, como su Majestad le pidió,
mirad qué nos falta para llegar a esto. Acá solas estas dos que nos pide el
Señor: amor de su Majestad y del prójimo; es en lo que hemos de trabajar;
guardándolas con perfección, hacemos su voluntad, y Así estaremos unidos con
El. Mas ¡qué lejos estamos de hacer como debemos a tan gran Dios estas dos
cosas, como tengo dicho! Plega a Su majestad nos dé gracia para que merezcamos llegar
a este estado, que en nuestra mano esta si queremos.
La mas cierta Señal que - a mi parecer - hay de si guardamos
estas dos cosas es guardando bien la del amor del prójimo; porque si amamos a
Dios no se puede saber (aunque hay indicios grandes para entender que lo
amamos), mas el amor del prójimo, si. Y estad ciertas que mientras mas en este
os viereis aprovechadas, mas lo estáis en el amor de Dios; porque es tan grande
el que Su Majestad nos tiene que en pago del que tenemos al prójimo hará que
crezca el que tenemos a Su Majestad por mil maneras; en esto yo no puedo dudar (Teresa de Jesús: "Moradas del castillo interior").
Lecturas del día:
Vídeo de la semana:
AVISOS SEMANA 20 OCTUBRE
Lunes 20
A las 4:30 se convoca al
Grupo de Mayores en el centro de San
Mateo.
A las 8 se convoca al Grupo de Doctrina Social de la iglesia en el centro de la Anunciación del Señor.
Martes 21
4:30 Grupo de la Legión de María en los locales de San Mateo.
Oración de Silencio a las 6 en la iglesia de la Anunciación, con exposición del Santísimo.
Miércoles 22
4:30 en el centro de
San Mateo se convoca al Grupo de Habilidades Sociales.
Jueves 23
A las 6 en la capilla de la Hermandad Ferroviaria tendremos la eucaristía de mes.
A las 8 habrá Exposición del Santísimo en el Iglesia de San
Mateo.
Taller de Guitarra de la UP a partir de las 5 en los locales de la Anunciación.
Viernes 24
A las 5 se reúne le Taller de Tricotar en el centro de la Anunciación del Señor.
A las 7:30 dentro de la
jornada del DOMUND tendremos la eucaristía de los ancianos y enfermos en la
Iglesia de San Mateo.
La Acogida de Cáritas de la UP son los lunes y jueves de 11 a 1 en la Iglesia de Ntra. Sra. de Fátima.
La formación del Equipo de Cáritas es los
lunes a las 4:30 en los locales de la parroquia de Fátima y los martes a las
4:30 en el centro de San Mateo.
miércoles, 22 de octubre de 2014
CREER EN EL AMOR
La religión cristiana les resulta a no pocos un sistema
religioso difícil de entender y, sobre todo, un entramado de leyes demasiado
complicado para vivir correctamente ante Dios. ¿No necesitamos los cristianos
concentrar mucho más nuestra atención en cuidar antes que nada lo esencial de
la experiencia cristiana?
Los evangelios han recogido la respuesta de Jesús a un
sector de fariseos que le preguntan cuál es el mandamiento principal de la Ley.
Así resume Jesús lo esencial: lo primero es “amarás al Señor, tu Dios, con
todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser”; lo segundo es “amarás
a tu prójimo como a ti mismo”.
La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo
decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Lo primero es
vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos
en cosas accidentales y secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca
todo lo demás. Sin amor todo queda pervertido.
Al hablar del amor a Dios, Jesús no está pensando en los
sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón; tampoco nos está
invitando a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor, nuestro
Dios, con todo el corazón es reconocer a Dios como Fuente última de nuestra
existencia, despertar en nosotros una adhesión total a su voluntad, y responder
con fe incondicional a su amor universal de Padre de todos.
Por eso añade Jesús un segundo mandamiento. No es posible
amar a Dios y vivir de espaldas a sus hijos e hijas. Una religión que predica
el amor a Dios y se olvida de los que sufren es una gran mentira. La única
postura realmente humana ante cualquier persona que encontramos en nuestro
camino es amarla y buscar su bien como quisiéramos para nosotros mismos.
Todo este lenguaje puede parecer demasiado viejo, demasiado
gastado y poco eficaz. Sin embargo, también hoy el primer problema en el mundo
es la falta de amor, que va deshumanizando, uno tras otro, los esfuerzos y las
luchas por construir una convivencia más humana.
Hace unos años, el pensador francés, Jean Onimus escribía
así: “El cristianismo está todavía en sus comienzos; nos lleva trabajando solo
dos mil años. La masa es pesada y se necesitarán siglos de maduración antes de
que la caridad la haga fermentar”. Los seguidores de Jesús no hemos de olvidar
nuestra responsabilidad. El mundo necesita testigos vivos que ayuden a las
futuras generaciones a creer en el amor pues no hay un futuro esperanzador para
el ser humano si termina por perder la fe en el amor.
martes, 21 de octubre de 2014
A VUELTAS CON EL “AMOR”
Martín
Buber decía acerca de la palabra “Dios”:
«Dios... es la palabra más vilipendiada de todas las
palabras humanas. Ninguna ha sido tan mancillada, tan mutilada... Las
generaciones humanas han hecho rodar sobre esta palabra el peso de su vida
angustiada, y la han oprimido contra el suelo.
Yace en el polvo y sostiene el peso de todas ellas. Las
generaciones humanas, con sus partidismos religiosos, han desgarrado esta
palabra. Han matado y se han dejado matar por ella...
Los hombres dibujan un monigote y escriben debajo la palabra
«Dios». Se asesinan unos a otros, y dicen: «lo hacemos en nombre de Dios...»
Debemos respetar a los que prohíben esta palabra, porque se rebelan contra la
injusticia y los excesos que con tanta facilidad se cometen con una supuesta
autorización de «Dios». ¡Qué bien se comprende que muchos propongan callar,
durante algún tiempo, acerca de las «últimas cosas» para redimir esas palabras
de las que tanto se ha abusado!»”.
Continúa planteándose el mismo autor si será posible
“purificar la Palabra
de «Dios» de tanto vilipendio y mancillamiento”. Él piensa que no sólo es
posible sino necesario y que habrá que levantarla del suelo y erigirla en un
momento histórico trascendental.
He traído a colación estos famosos párrafos del filósofo
judío, porque habría que decir otro tanto del término quizá más usado en
nuestro lenguaje humano: “el amor”. También esta palabra ha sido maltratada,
vilipendiada, desprestigiada hasta el infinito. Pero de amor y casi sólo de
amor trata el Evangelio de Jesucristo. ¡Es tan necesaria hablar de Dios y de Amor! Dios es amor,
dice la Biblia. Jesucristo
es la expresión más elocuente de ese AMOR de Dios a los hombres. Y el mismo
Jesús propone como principal, si no único mandamiento: “amar a Dios sobre con
toda tu alma, con todo tu corazón, con todo tu ser y al prójimo como a ti
mismo”.
¡Cuán lejos
estamos de entender y practicar el amor! Es, sin embargo, la clave suprema para
traer al mundo la paz y la tan proclamada igualdad humana. Con tal de que la
entendamos como Jesús, siguiendo las viejas enseñanzas de su Pueblo: “no
oprimirás ni vejarás al emigrante... no explotarás a viudas y huérfanos... no
serás usurero con el pobre... si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo
devolverás antes de ponerse el sol”.
A lo que
hay que añadir hoy: serás fiel a tu palabra, juramento o promesa cuando
contraes matrimonio, cuando te comprometes a servir a tu Pueblo como
gobernante, maestro, médico, sacerdote... Renunciarás a tu bienestar, te sacrificarás
en tus gustos, aficiones, lujos con tal de que tus hermanos los hombres puedan
vivir con dignidad. Si así te comportas, has empezado a entender, dignificar la
palabra AMOR y a disfrutar de su ejercicio. Sólo entonces entenderás también la
palabra DIOS.
JOSÉ MARIA YAGÜE
viernes, 17 de octubre de 2014
EL ANTIVIRUS MISIONERO
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Monseñor Figaredo en Camboya |
“Aunque agradezcan la colaboración económica que podamos
brindarles, no nos engañemos: los necesitamos a ellos mucho más que ellos a
nosotros…”
A España, la crisis del ébola la ha pillado con la
moral muy baja de defensas, descompensados los niveles éticos y con la flora
intestinal arrasada a base de tragar tanto despropósito. De ahí tal vez que la
capacidad de indignar, lenta de reflejos, se eriza por el sacrificio de un
perro y se amodorra con los recortes que han desmantelado un sistema que
propicia que un virus nos ponga en jaque, dejando la grandeza como sociedad
madura retratándose a sí misma en las redes sociales. Aunque tampoco los medios
de comunicación más convencionales se han resistido a la tentación de volver a cuestionarse
la repatriación de los dos misioneros infectados por ébola.
En tiempos donde la solidez de las personas se mira por
el saldo que tiene su tarjeta, que eleva a tronos televisivos a figurines de
cartón piedra y los vende como modelos, cuesta digerir el desprecio al
testimonio de esos dos héroes. Otros miles como Miguel o Manuel nos
dignifican en los vertederos del mundo. Es bueno recordarlo en la semana del DOMUND.
Pero, aunque agradezcan la colaboración económica que podamos brindarles, no
nos engañemos: los necesitamos a ellos mucho más que ellos a nosotros. Son los
mejores conocedores de las miserias del mundo, de las raíces de los problemas y
no solo del final o de la anécdota, como ha señalado Kike Figaredo, de
gira estos días en España para concienciar sobre las misiones. La anécdota para
una complacida conciencia primermundista es el perro sacrificado. La raíz:
la miseria, la explotación y el abandono tras el pillaje de siglos. El final
conocido es la muerte de los misioneros y los gastos generados. La raíz es la
que hacen crecer esos hombres y mujeres que zurcen los pedazos de un
África rota por las potencias, creando asistencia sanitaria donde había
hechiceros, desarmando resentimientos étnicos, educando a los huérfanos del
sida y, ahora, acogiendo a los del ébola, los nuevos apestados, dando calor a
mujeres violentadas en cuerpo y alma, devolviendo la dignidad a niños usados
como máquinas de guerra…
En realidad, los misioneros y misioneras conforman un
impagable sistema inmunológico para la sociedad. Su testimonio, que asoma a sus
bocas y ojos cuando les preguntas por su alegría permanente, nos previene ante
la mezquindad. Aunque siempre hay algún contagio.
De Vida Nueva
jueves, 16 de octubre de 2014
DOMINGO 29 DEL TIEMPO ORDINARIO
"Yo soy el Señor; y no hay otro" (Is 45,5)
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Icono del Salvador entre las potencias. A. Rublev (S. XV) Él es el Rey de la historia. |
La primera lectura nos recuerda que, a pesar de todas las
apariencias, las autoridades de este mundo reciben el poder de Dios, que es el
Señor de la historia. Esto no quiere decir que se trate de un poder absoluto,
de derecho divino y, por lo tanto, inopinable, sino todo lo contrario: quiere
decir que todo poder esta llamado, siempre y en todo momento, a responder ante
Dios de la veracidad y justicia de su propio ejercicio. Este es el reclamo de
la celebre sentencia evangélica sobre el tributo debido al Cesar y la entrega
completa a Dios.
Inspirarse en la Palabra de Jesús para tratar la
problemática del poder y la responsabilidad del cristiano en el mundo significa
distinguir dos planos distintos, el de Dios y el de los hombres, y saberlos
interrelacionar significa separar la cuestión del poder terreno —legítimo e
ilegítimo— de las exigencias de la voluntad de Dios. El evangelio nos recuerda
que no solo se debe responder de las decisiones públicas ante los hombres, sino
que todos son responsables de sus decisiones, públicas y privadas, ante Dios.
Como el poder del Cesar alcanza exactamente hasta donde
llegan las monedas con su efigie, Así el poder de Dios llega hasta donde
alcanza su imagen. Y puesto que el hombre es la criatura modelada por Dios a
imagen y semejanza (Gn 1,26), se sigue que, en cuanto "imagen" de Dios,
pertenecemos plenamente a Dios, que cualquier dimensión de nuestra vida se
refiere a él, incluida la política. Esto no nos mengua, sino mas bien nos ayuda
a liberamos de espejismos ante el poder y de colisiones frente a regimenes
económicos, políticos y militares que impidan a la humanidad realizar con
libertad y justicia su vocación de ser imagen de Dios. Distinguir los dos
planos, indicados claramente por Jesús también nos pone en guardia frente a las
recurrentes tentaciones integristas que anidan solapadamente bajo formas de "fundamentalismo cristiano".
Señor, tu eres el Rey de la historia y todo lo que haces es
para bien de los que te aman: incluso en las pruebas más difíciles. Te pedimos
que con la ayuda del Espíritu veamos con la luz de la fe los complejos
acontecimientos de la historia y contemplemos la mano amorosa que dirige el
maravilloso proyecto de salvación de tu pueblo y de toda la humanidad. Te damos
gracias porque nos llamas a colaborar en tus designios y nos pides que asumamos
responsabilidades civiles y políticas. La Palabra de tu Hijo es esclarecedora:
nos enseña a tomar conciencia de que el poder humano no puede ser ni "demonizado" ni divinizado, sino que en él se debe manifestar la
orientación de nuestra libertad.
Te damos gracias por crearnos a tu imagen y descubrirnos la
grandeza de la vocación cristiana. Gracias porque podemos responderte con
pequeñas y grandes cosas en la vida cotidiana, en el trabajo, en la política,
en el voluntariado, en los asuntos sociales y mundanos, sin evadirnos del
compromiso, la fatiga, ni las pruebas del tiempo: la fidelidad y la
perseverancia, Gracias porque con tu ayuda podremos vivir todo esto, dándole al
Cesar lo que es del César y a ti, nuestro Dios, cuanto es tuyo: nuestras vidas.
La misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de
orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden
religioso. Pero precisamente de esta misión religiosa derivan funciones,
luces y energías que pueden servir pora establecer y consolidar la comunidad
humana según la ley [...].
El concilio exhorta a los cristianos, ciudadanos de la
ciudad temporal y de la ciudad eterna, o cumplir con fidelidad sus deberes
temporales, guiados siempre por el Espíritu evangélico. Se equivocan los
cristianos que, pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues
buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales,
sin darse cuenta de que a propia fe es un motivo que les obliga al más
perfecto cumplimiento de todas ellas según la vocación personal de cada uno.
Pero no es menos grave el error de quienes, por el contrario, piensan que
pueden entregarse totalmente a los asuntos temporales, como si éstos fuesen
ajenos del todo a la vida religiosa, pensando que éstos se reducen meramente
a ciertos actos de culto y al cumplimiento de determinados obligaciones
morales. El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado
como uno de los más graves errores de nuestra época. Ya en el Antiguo
Testamento los profetas reprendían con vehemencia semejante escándalo. Y en
el Nuevo Testamento sobre todo, Jesucristo personalmente conminaba graves
penas contra él. No se creen, por consiguiente, oposiciones artificiales
entre las ocupaciones profesionales y sociales, por una parte, y la vida
religioso por otro. El cristiano que falta a sus obligaciones temporales
falta a sus deberes con el prójimo; falta, sobre todo, o sus obligaciones
para con Dios y pone en peligro su eterna salvación.
Concilio Vaticano II,
constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual,
Lecturas del día:
Vídeo de la semana:
|
miércoles, 15 de octubre de 2014
LOS POBRES SON DE DIOS
A espaldas de Jesús, los fariseos llegan a un acuerdo para
prepararle una trampa decisiva. No vienen ellos mismos a encontrarse con él. Le
envían a unos discípulos acompañados por unos partidarios de Herodes Antipas.
Tal vez, no faltan entre estos algunos poderosos recaudadores de los tributos
para Roma.
La trampa está bien pensada: “¿Es lícito pagar
impuestos al César o no?”. Si responde negativamente, le podrán acusar de
rebelión contra Roma. Si legitima el pago de tributos, quedará desprestigiado
ante aquellos pobres campesinos que viven oprimidos por los impuestos, y a los
que él ama y defiende con todas sus fuerzas.
La respuesta de Jesús ha sido resumida de manera lapidaria a
lo largo de los siglos en estos términos: “Al César lo que es del César y
a Dios lo que es de Dios”. Pocas palabras de Jesús habrán sido citadas tanto
como éstas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada y manipulada desde intereses
muy ajenos al Profeta, defensor de los pobres.
Jesús no está pensando en Dios y en el César de Roma como
dos poderes que pueden exigir cada uno de ellos, en su propio campo, sus
derechos a sus súbditos. Como todo judío fiel, Jesús sabe que a Dios “le
pertenece la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes”
(salmo 24). ¿Qué puede ser del César que no sea de Dios? Acaso los súbditos del
emperador, ¿no son hijos e hijas de Dios?
Jesús no se detiene en las diferentes posiciones que
enfrentan en aquella sociedad a herodianos, saduceos o fariseos sobre los
tributos a Roma y su significado: si llevan “la moneda del impuesto” en
sus bolsas, que cumplan sus obligaciones. Pero él no vive al servicio del
Imperio de Roma, sino abriendo caminos al reino de Dios y su justicia.
Por eso, les recuerda algo que nadie le ha preguntado: “Dad
a Dios lo que es de Dios”. Es decir, no deis a ningún César lo que solo es de
Dios: la vida de sus hijos e hijas. Como ha repetido tantas veces a sus
seguidores, los pobres son de Dios, los pequeños son sus predilectos, el reino
de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.
No se ha de sacrificar la vida, la dignidad o la felicidad
de las personas a ningún poder. Y, sin duda, ningún poder sacrifica hoy más
vidas y causa más sufrimiento, hambre y destrucción que esa “dictadura de una
economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” que, según el papa
Francisco, han logrado imponer los poderosos de la Tierra. No podemos permanecer
pasivos e indiferentes acallando la voz de nuestra conciencia en la práctica
religiosa.
De Eclesalia.net
martes, 14 de octubre de 2014
SANTA TERESA DE AVILA
Vuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Soberana Majestad, eterna Sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, Alteza, un Ser, Bondad:
La gran vileza mirad,
que hoy os canta amor así:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, pues me criastes,
vuestra, pues me redimistes,
vuestra, pues que me sufristes,
vuestra, pues que me llamastes.
Vuestra, porque me esperastes,
vuestra, pues no me perdí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
que haga tan vil criado?
¿Cuál oficio le habéis dado
a este esclavo pecador?
Veisme aquí, mi dulce amor,
amor dulce, veisme aquí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma:
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición.
Dulce Esposo y Redención
pues por vuestra me ofrecí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida;
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad;
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a todo digo que sí.
¿Qué queréis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo:
pues del todo me rendí,
¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis, dadme oración;
si no, dadme sequedad,
si abundancia y devoción,
y si no esterilidad.
Soberana Majestad,
sólo hallo paz aquí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme, pues, sabiduría,
o, por amor, ignorancia;
dadme años de abundancia,
o de hambre y carestía.
Dad tiniebla o claro día,
revolvedme aquí y allí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis que esté holgando
quiero por amor holgar;
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando:
decid dónde, cómo y cuándo,
decid dulce Amor, decid:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme Calvario o Tabor,
desierto o tierra abundosa;
sea Job en el dolor,
o Juan que al pecho reposa;
sea viña fructuosa,
o estéril, si cumple así:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Sea José puesto en cadena,
o de Egipto adelantado,
o David sufriendo pena,
o ya David encumbrado.
Sea Jonás anegado,
o libertado de allí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Haga fruto o no lo haga,
esté callando o hablando,
muéstrame la ley mi llaga,
goce de Evangelio blando;
esté penando o gozando,
sólo Vos en mí vivid.
¿Qué mandáis hacer de mi?
Vuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?
¿Qué mandáis hacer de mí?
Soberana Majestad, eterna Sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, Alteza, un Ser, Bondad:
La gran vileza mirad,
que hoy os canta amor así:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, pues me criastes,
vuestra, pues me redimistes,
vuestra, pues que me sufristes,
vuestra, pues que me llamastes.
Vuestra, porque me esperastes,
vuestra, pues no me perdí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
que haga tan vil criado?
¿Cuál oficio le habéis dado
a este esclavo pecador?
Veisme aquí, mi dulce amor,
amor dulce, veisme aquí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma:
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición.
Dulce Esposo y Redención
pues por vuestra me ofrecí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida;
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad;
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a todo digo que sí.
¿Qué queréis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo:
pues del todo me rendí,
¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis, dadme oración;
si no, dadme sequedad,
si abundancia y devoción,
y si no esterilidad.
Soberana Majestad,
sólo hallo paz aquí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme, pues, sabiduría,
o, por amor, ignorancia;
dadme años de abundancia,
o de hambre y carestía.
Dad tiniebla o claro día,
revolvedme aquí y allí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis que esté holgando
quiero por amor holgar;
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando:
decid dónde, cómo y cuándo,
decid dulce Amor, decid:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme Calvario o Tabor,
desierto o tierra abundosa;
sea Job en el dolor,
o Juan que al pecho reposa;
sea viña fructuosa,
o estéril, si cumple así:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Sea José puesto en cadena,
o de Egipto adelantado,
o David sufriendo pena,
o ya David encumbrado.
Sea Jonás anegado,
o libertado de allí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Haga fruto o no lo haga,
esté callando o hablando,
muéstrame la ley mi llaga,
goce de Evangelio blando;
esté penando o gozando,
sólo Vos en mí vivid.
¿Qué mandáis hacer de mi?
Vuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?
RENACE LA ALEGRÍA
Con
este lema nos aprestamos a celebrar un año más la Jornada Mundial de las
Misiones, el otrora popular DOMUND. Como siempre, esta jornada se celebra el
tercer domingo de octubre, coincidente este año con el domingo 29 del tiempo
ordinario en el que leemos el conocido Evangelio del “Dad a Dios lo que es de
Dios y al Cesar lo que es del César”.
El
lema procede de la Exhortación
Apostólica del Papa Francisco que lleva por título “La
alegría del Evangelio”. En tiempo de frustraciones, quejas y tan graves como
múltiples desajustes en nuestra sociedad y en el mundo entero, el Papa nos
invita a no dejarnos robar la alegría. Alegría que sólo puede provenir, para
ser auténtica y duradera, del encuentro con Jesús. Así nos lo dice el Papa:
“Con
Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. Éste es el fin de
la actividad misionera: ayudar a extender esta alegría, anunciando a todos
la posibilidad de nacer y renacer al encuentro con Dios. Un renacer a
la vida de fe que, como tantas veces comprueban los misioneros, ha sido
revelado a los pequeños. Los misioneros,
llenos de alegría, comparten con los más pobres su experiencia
de encuentro con Cristo. Los que reciben este anuncio y abren su
corazón a él, también acogen con alegría la Buena Noticia de la
salvación. Francisco nos dice cuál es el origen de esta gran alegría: “El
amor con el que el Padre ama al Hijo llega hasta nosotros y, por obra del
Espíritu Santo, nos envuelve”; y además, nos invita a participar en
ella: “¿Por qué no entramos también nosotros en este río de alegría?”.
Los
dos párrafos anteriores son parte de la campaña con la que las Obras misionales
pontificias (OMP) invitan a todos los cristianos a orar por las misiones y
colaborar económicamente con los misioneros. Constituyen una fantástica
invitación. En mundo tan carente de alegría y sobrado de lamentos, es muy de
agradecer que se nos muestre el modo de encontrar la alegría profunda y
duradera, endógena. Muy distinta y contraria a la que es producto de experiencias finalmente
decepcionantes.
Sí.
La clave está en el encuentro con Jesucristo.
Es lo único que explica la alegría, la fortaleza y la libertad que nos
muestran muchos misioneros viviendo en las condiciones de vida más adversas,
expuestos a enfermedades, a atentados y a un sinnúmero de riesgos en países
distintos y distantes de sus raíces culturales. Quizá
el secreto está en que se han atrevido a “dar a Dios lo que es de Dios”. Es
decir, a ofrecer su vida, sus capacidades, su todo al único que recompensa con
creces. Pero no por interés personal, sino por haber reconocido que el centro
de sí mismos no es otro que el Señor y que eso se expresa cuando se es capaz de
“perder su vida por Cristo y su Evangelio”. Es decir, en la práctica, por los
otros y, en concreto, por los más pobres. Tal es el mensaje del Domund de este
año: renacer a la alegría por el encuentro con Jesucristo. ¿Nos atreveremos a
iniciar en serio el camino hacia él?
JOSÉ MARÍA YAGÜE
AVISOS SEMANA 13 DE OCTUBRE
Los lunes y los jueves de 12 a 1 se abre la Oficina de empleo de Cáritas de la UP en el despacho de San Mateo.
El martes 14 de octubre a las 5 se convoca al
Grupo de Mayores en el centro de la
Anunciación del Señor.
Jueves 16 de octubre a las 5 comenzara el Grupo de Vida Ascendente en el centro de San Mateo.
También el jueves, de 5 a 7, clases de guitarra en el centro de la Anunciación.
Viernes 17 de Octubre a las 8 se reanuda la
Formación Bíblica en el centro de San
Mateo.
Todos los martes en la Iglesia de la
Anunciación del Señor de 6 a 7 de la
tarde habrá Oración de Silencio, con exposición del Santísimo.
El próximo domingo 19 en la misa de 1 de San Mateo, se celebrará el día del Domund a nivel diocesano.
El próximo domingo 19 en la misa de 1 de San Mateo, se celebrará el día del Domund a nivel diocesano.
Durante el mes de octubre a las 7 de la tarde en la Iglesia de San
Mateo, rezo del Rosario (de lunes a sábado) y en la Anunciación del Señor a
las 6:15 lunes, miércoles, viernes y sábado antes de la misa.
lunes, 13 de octubre de 2014
TENGO PREPARADO EL BANQUETE
Raramente
los comentaristas del Evangelio nos fijamos en los destinatarios de las
palabras de Jesús. Sin embargo, es frecuente que los evangelistas expliciten a
quienes se dirige preferentemente Jesús. En el caso de la parábola del banquete
de bodas que el Rey prepara para su hijo, esta denuncia tiene un destino
preciso: los sacerdotes y “ancianos” del pueblo. Entrecomillo “ancianos” porque
no se trata de los mayores de edad, sino de los notables, los dirigentes, los
que parten y reparten el bacalao. La parábola que leíamos el domingo pasado de
los arrendatarios asesinos que se quedan con todos los frutos de la viña también
se dirigía a los mismos.
Jesús sabía
que “el mayor problema” de Israel, de su pueblo, no era la gente llana y
empobrecida. El mayor problema eran los dirigentes. En su tiempo, la clase
dirigente estaba conformada por los sacerdotes (poder religioso), los saduceos
(poder económico) y los “ancianos” (poder político). Todos ellos subordinados a
un poder superior que, en ese momento, lo detentaba el Imperio de Roma. Estoy
inclinado a pensar que a la pregunta de las encuestas sobre los principales problemas
de nuestro país, ya no hay que responder con el paro, el terrorismo (ahora el
las minorías radicales musulmanas), la deuda con la que nacen los españolitos
que vienen al mundo (más bien pocos), ni con ningún otro que no sea el de los
dirigentes. Sí, éste es el gran problema: nuestros dirigentes
Unos,
endiosados, iluminados y locos, manipuladores de la opinión pública y empeñados
en destruir la unidad nacional; otros, especialistas en incumplir lo que
prometieron (por ejemplo traicionándose a sí mismos y a quienes les votaron no
reformando leyes injustas e inhumanas), corruptos muchos y encubridores todos
de latrocinios generalizados; los de más allá, populistas, acertados quizá en
el análisis y la crítica a los demás, pero instalados en la utopía y no exentos
ellos mismos de corrupción; y los de más acá, a la deriva, sin alternativas que
no sean el insulto y las ocurrencias de turno, al más puro estilo de quienes negaron
mendazmente lo evidente (la crisis económica) y nos condujeron a la ruina. Difícil
solución la de este gran mal, porque, efectivamente, toda sociedad necesita
dirigentes. Y no se atisba la llegada de quienes quieran serlo con vocación de
servicio. Ni tampoco se adivinan los valores morales en una sociedad generadora
de fuerza humanizadora y solidaria, de donde emerjan buenos dirigentes.
Sí parece
claro que nuestra sociedad va tomando conciencia del problema. Pero no es
suficiente. Esa conciencia ha de llevar, no sólo a la crítica sino a una mayor
lucidez a la hora de votar y, por supuesto, a una mayor honradez en la gestión
de los asuntos personales (por ejemplo, el pago de impuestos) y profesionales.
Seguramente, habrá que manifestarse contra las injusticias del sistema, pero echándose
a la calle sólo para reclamar pequeños
intereses particulares y menos aún con la violencia, sino para reclamar el
saneamiento de nuestra vida pública.
Gran
desafío al que estamos abocados los españolitos, sobre todo los de a pie.
JOSÉ MARÍA
YAGÜE
INIVITACIÓN
Jesús conocía muy bien cómo disfrutaban los campesinos de
Galilea en las bodas que se celebraban en las aldeas. Sin duda, él mismo tomó
parte en más de una. ¿Qué experiencia podía haber más gozosa para aquellas
gentes que ser invitados a una boda y poder sentarse con los vecinos a
compartir juntos un banquete de bodas?
Este recuerdo vivido desde niño le ayudó en algún momento a
comunicar su experiencia de Dios de una manera nueva y sorprendente. Según
Jesús, Dios está preparando un banquete final para todos sus hijos pues a todos
los quiere ver sentados, junto a él, disfrutando para siempre de una vida
plenamente dichosa.
Podemos decir que Jesús entendió su vida entera como una
gran invitación a una fiesta final en nombre de Dios. Por eso, Jesús no impone
nada a la fuerza, no presiona a nadie. Anuncia la Buena Noticia de Dios,
despierta la confianza en el Padre, enciende en los corazones la esperanza. A
todos les ha de llegar su invitación.
¿Qué ha sido de esta invitación de Dios? ¿Quién la anuncia?
¿Quién la escucha? ¿Dónde se habla en la Iglesia de esta fiesta final? Satisfechos
con nuestro bienestar, sordos a lo que no sea nuestros intereses inmediatos,
nos parece que ya no necesitamos de Dios ¿Nos acostumbraremos poco a poco a
vivir sin necesidad de alimentar una esperanza última?
Jesús era realista. Sabía que la invitación de Dios puede
ser rechazada. En la parábola de “los invitados a la boda” se habla de diversas
reacciones de los invitados. Unos rechazan la invitación de manera consciente y
rotunda: “no quisieron ir. Otros responden con absoluta indiferencia: “no
hicieron caso”. Les importan más sus tierras y negocios.
Pero, según la parábola, Dios no se desalienta. Por encima
de todo, habrá una fiesta final. El deseo de Dios es que la sala del banquete
se llene de invitados. Por eso, hay que ir a “los cruces de los caminos”,
por donde caminan tantas gentes errantes, que viven sin esperanza y sin futuro.
La Iglesia ha de seguir anunciando con fe y alegría la invitación de Dios
proclamada en el Evangelio de Jesús.
El papa Francisco está preocupado por una predicación que se
obsesiona “por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se
intenta imponer a fuerza de insistencia”. El mayor peligro está según él en que
ya “no será propiamente el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos
doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas. El
mensaje correrá el riesgo de perder su frescura y dejará de tener olor a
Evangelio”.
NOTA
Este fin de semana no he podido crear la entrada correspondiente al 28 domingo del tiempo ordinario por cuestiones totalmente ajenas a mi voluntad. Ya lo siento.
Espero poder ir retomando el blog progresivamente.
Juan Montero
QUÉ ES UN CONSEJO PASTORAL DE LA PARROQUIA
El Consejo Parroquial de Pastoral es una novedad vivamente
recomendada por el Concilio Vaticano II. Es el organismo que, en comunión con
la Iglesia Diocesana, intenta realizar la unidad y la corresponsabilidad de
presbíteros, religiosos y seglares en el cumplimiento de la misión de la
Iglesia en el ámbito de la comunidad parroquial o en el de una unidad pastoral,
esforzándose para que la Iglesia sea fiel a su misión y eficiente en el
desempeño de la misma en su realidad concreta. La finalidad del Consejo es la
programación, animación, coordinación y revisión de toda la acción pastoral de
la Parroquia. El Código de Derecho canónico recoge la teología conciliar en el
canon 536.
Los rasgos más destacables son que el consejo pastoral tiene
voto meramente consultivo, y se rige por las normas que establezca el Obispo
diocesano.
Este consejo es definido como «un órgano colegiado
"permanente" de carácter consultivo...». Sus miembros son: natos,
elegidos y nombrados.
.- Son natos el párroco, los vicarios parroquiales, los
diáconos, y los laicos instituidos en los ministerios estables de lector y de
acólito. Los miembros elegidos lo son por un entre participantes de las
principales acciones pastorales, comunidades (eclesiales, de vida consagrada y
vida apostólica insertas activamente en la parroquia), asociaciones y
movimientos apostólicos y otras instituciones de especial importancia para la
comunidad parroquial. También cabe que haya miembros nombrados, en este caso
directamente por el párroco.
La definición prosigue que «es un órgano colegiado... que,
representando a toda la comunidad parroquial...», Pero la relación entre representación y
elección no es siempre de conexión: ni en la familia, ni en la comunidad
política, ni en la Iglesia. La representación no siempre tiene a la elección
como medio de realizarse: en la Iglesia viene de la misión de Cristo a su
autoridad, que es vicaria de Cristo Cabeza y representa al Cristo total, a la
Iglesia. La elección no expresa, pues, la esencia de la representatividad
política; pero es un medio de realizarla. Por esto los ordenamientos jurídicos
tienden a mayor ecuación entre representación y elección como expresión de
mayor democraticidad, sobre todo donde los elegidos responden ante el pueblo.
En los consejos pastorales, la mayoría de sus miembros son laicos pertenecientes
a diversas realidades pastorales y que no han recibido el sacramento del
orden; ni han sido elegidos por la comunidad parroquial (aunque lo hayan sido
en su grupo o asociación); «gozan sólo de voto consultivo» (c. 536, § 2), no
participan de la autoridad del jerarca (Obispo, en el consejo diocesano;
párroco en el parroquial): tal consejo no tiene, pues, título alguno para poder
decir que «representa a toda la comunidad parroquial» «a la parroquia». Es a
lo sumo representativo, no representante. Con otras palabras: el Consejo es un reflejo
de la parroquia, y por tanto se representa sólo a sí mismo.
El canon 512 sobre el consejo pastoral diocesano lo establece
también con más que suficiente claridad: no habla de representar, sino de que
los miembros del consejo «sean escogidos de modo que a través de ellos quede
realmente configurada (configuretur: que otros traducen por
"reflejada") la porción del pueblo de Dios que constituye la
diócesis, teniendo en cuenta sus distintas condiciones sociales y profesiones,
así como también la parte que tienen en el apostolado tanto personalmente como
asociados con otros.
Es importante hacer notar todo eso, para hacer crecer la
tarea pastoral diaria como quiere la Iglesia, no como nosotros queremos, y que
este consejo no venga a querer ser ejecutivo, y menos fiscalizador y juez de
las asociaciones y entidades apostólicas.
La definición de consejo pastoral parroquial termina
diciendo que «es un órgano... consultivo que, representando a toda la comunidad
parroquial, promueve, potencia y dinamita las tareas pastorales de la misma».
Conociendo bien las realidades de nuestro ser y hacer diario
en la parroquia y en la Unidad pastoral, mejoraremos en la tarea de evangelizar
con la alegría que nos da el Evangelio.
Raúl Román Sánchez
sábado, 4 de octubre de 2014
AVISOS SEMANA 6 DE OCTUBRE
Lunes 6
- A las 4:30 se convoca al Grupo de Habilidades Sociales en el centro de San Mateo.
Martes 7
- Oración de Silencio de 6 a 7 en la Anunciación del Señor.
Miércoles 8
- A las 4:30 Grupo de Mayores en el centro de San Mateo.
- A las 4:45 se convoca al Grupo de Pastoral de la Salud en el centro de la Anunciación.
- Rezo del Rosario Misionero a las 7 en la iglesia de San Mateo.
Jueves 9
- Clases de Guitarra de la UP de 5 a 8 en los locales de la Anunciación.
- Exposición del Santísimo a las 8 en la iglesia de San Mateo.
HORARIO DE MISAS
Anunciación del Señor - Lunes, miércoles, viernes y sábados a las 6:45
Domingos a las 12
San Mateo - Lunes a sábados a las 7:30
Domingos a las 11 y a la 1
OFICINA DE EMPLEO DE CÁRITAS DE LA UP
Lunes y jueves de 12 a 1 en el despacho de San Mateo.
Durante el mes de octubre, rezo del Rosario de lunes a sábado a las 7 en San Mateo y a las
6:15 en la Anunciación del Señor.
- A las 4:30 se convoca al Grupo de Habilidades Sociales en el centro de San Mateo.
Martes 7
- Oración de Silencio de 6 a 7 en la Anunciación del Señor.
Miércoles 8
- A las 4:30 Grupo de Mayores en el centro de San Mateo.
- A las 4:45 se convoca al Grupo de Pastoral de la Salud en el centro de la Anunciación.
- Rezo del Rosario Misionero a las 7 en la iglesia de San Mateo.
Jueves 9
- Clases de Guitarra de la UP de 5 a 8 en los locales de la Anunciación.
- Exposición del Santísimo a las 8 en la iglesia de San Mateo.
HORARIO DE MISAS
Anunciación del Señor - Lunes, miércoles, viernes y sábados a las 6:45
Domingos a las 12
San Mateo - Lunes a sábados a las 7:30
Domingos a las 11 y a la 1
OFICINA DE EMPLEO DE CÁRITAS DE LA UP
Lunes y jueves de 12 a 1 en el despacho de San Mateo.
Durante el mes de octubre, rezo del Rosario de lunes a sábado a las 7 en San Mateo y a las
6:15 en la Anunciación del Señor.
viernes, 3 de octubre de 2014
SAN FRANCISCO
¡Santísimo Padre nuestro: creador, redentor, consolador y
salvador nuestro! Hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la tierra:
para que te amemos con todo el corazón (cf. Lc 10,27), pensando
siempre en ti; con toda el alma, deseándote siempre a ti; con toda la mente,
dirigiendo todas nuestras intenciones a ti, buscando en todo tu honor; y con
todas nuestras fuerzas, empleando todas nuestras energías y los sentidos del
alma y del cuerpo en servicio, no de otra cosa, sino del amor a ti; y para que
amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos, atrayendo a todos, según
podamos, a tu amor, alegrándonos de los bienes ajenos como de los nuestros y
compadeciéndolos en los males y no ofendiendo a nadie
Lecturas del día:
27 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
"Somos tu viña y tu pueblo, Señor ten piedad de nosotros"
Releamos dos frases que resumen la lectura profética y el
pasaje evangélico: "La viña del Señor todopoderoso es el pueblo de
Israel, y los hombres de Judá, su plantel escogido. Esperaba de ellos derecho y
no hay mas que asesinatos, esperaba justicia y solo hay lamentos" (Is 1,7). "Jesús les dijo: ¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que
rechazaron los constructores se ha convertido en piedra angular; esto es obra
del Señor y es realmente admirable? Por eso os digo que se os quitará el Reino
de Dios y se entregará a un pueblo que dé a su tiempo los frutos que al Reino
corresponden" (Mt 21, 42-43).
Dios se ha manifestado y ha hablado con los patriarcas, les
ha propuesto establecer una alianza con ellos y, para proveer al pueblo, le ha
elegido un terreno, la tierra prometida, y una descendencia futura, numerosa, "como las estrellas del cielo y la arena del mar".
Abrahán, Isaac y Jacob, a pesar de sus "crisis", pero
confiando en Dios y guardando la alianza, han encaminado los pasos de su vida
hacia la constitución del "pueblo de Israel". con el Éxodo, guiado por
Moisés, y la instalación en la tierra prometida, realizada por Josué, aparece
visiblemente el "pueblo de Israel". Superado el periodo de los jueces,
surge David y, con él, el reino unido de Judá e Israel, tipo del "Reino
mesiánico". Rápidamente sobreviene la división y con ella, la débil fidelidad a
la alianza del pueblo elegido. El "pueblo de Israel" y el "Reino
de Dios" siempre han mantenido una relación difícil y conflictiva. Los profetas
en vano han vociferado apasionadamente la fidelidad de Dios y la infidelidad
del pueblo. Después de la caída del Reino del Norte y posteriormente, la del
Reino del Sur la situación ha sido de un sufrimiento difícil de aliviar.
La
responsabilidad colectiva de los labradores y, según la conclusión de la
parábola, de Israel, emerge con fuerza. Dios, el "amigo" y el "dueño", ha dicho y ha hecho cuanto podía para que fructificase la viña
y los labradores asumieran la responsabilidad. Los resultados son amargos e
Israel es responsable. Sin embargo, Dios no se da por vencido: como en otras
ocasiones, no se rinde ante el pasado.
Jesús denuncia el pecado del pueblo elegido con la parábola
de los labradores homicidas. El auténtico final, expresión de la misericordia
del Padre celeste, es la urgencia y apremio de la invitación de Oseas: "Vuelve, Israel, al Señor; tu Dios, pues tu iniquidad te ha hecho caer.
Buscad las palabras apropiadas y volved al Señor decidle: "Perdona todos
nuestros pecados; como ofrenda te presentamos las palabras de nuestros
labios" " (Os 14,2-3).
Señor, Señor, tu que abarcas con tu mano inmaculada el orbe
entero, ten paciencia. con nosotros y compadécete de nuestras iniquidades,
recuerda tu compasión y piedad. Visítanos con tu bondad y concédenos, ayudados
con tu gracia, huir el resto de este día de las múltiples tramas del Maligno y,
con la gracia del Espíritu Santo, ampara nuestras vidas de sus insidias.
Por la misericordia y la bondad de tu Hijo unigénito, con el
que eres bendecido, junto con el Espíritu Santo vivificante. Ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén
Ven, luz verdadera. Ven, vida eterna. Ven, misterio oculto.
Ven, tesoro escondido. Ven, realidad inenarrable. Ven, persona inconcebible.
Ven, regocijo inconmensurable. Ven, luz sin ocaso. Ven, esperanza verdadera de
los que serán salvados. Ven, despertar de quienes duermen. Ven, resurrección de
los muertos. Ven, omnipotente, con voluntad hacedora, renueva y transforma
todas las cosas. Ven, invisible, intangible e impalpable. Ven, tu que ni
cambias ni te mudas y en cada momento nos visitas y vienes a quienes yacemos en
el infierno, tu que estas en las alturas. Ven, sumamente deseado y
continuamente repetido, inefable e indecible. Ven, alegría eterna. Ven, corona
inmarcesible. Ven, púrpura divina y rey nuestro. Ven, cinturón límpido,
repujado de piedras preciosas. Ven, diestro consejero, purpúreo y soberano.
Ven, tu que has deseado y deseas mi alma infeliz.
Ve junto al que esté solo, y yo lo estoy, ven. Ven, me
separaste de los demás y solitario estoy en esta tierra. Ven, tu que te has
convertido en deseo dentro de mi y te has hecho desear por mi, incluso siendo
totalmente inaccesible. Ven, mi oxigeno y mi vida. Ven, consuelo de mi
pobre vida humana. Ven, mi alegría y mi delicia ilimitada
(Simeón el Nuevo
Teólogo, Invocación al Espíritu Santo)
Lecturas del día:
Vídeo de la semana:
miércoles, 1 de octubre de 2014
CRISIS RELIGIOSA
La parábola de los “viñadores homicidas” es un relato en el
que Jesús va descubriendo con acentos alegóricos la historia de Dios con su
pueblo elegido. Es una historia triste. Dios lo había cuidado desde el comienzo
con todo cariño. Era su “viña preferida”. Esperaba hacer de ellos un pueblo
ejemplar por su justicia y su fidelidad. Serían una “gran luz” para todos los
pueblos.
Sin embargo aquel pueblo fue rechazando y matando uno tras
otro a los profetas que Dios les iba enviando para recoger los frutos de una
vida más justa. Por último, en un gesto increíble de amor, les envío a su
propio Hijo. Pero los dirigentes de aquel pueblo terminaron con él. ¿Qué puede
hacer Dios con un pueblo que defrauda de manera tan ciega y obstinada sus
expectativas?
Los dirigentes religiosos que están escuchando atentamente
el relato responden espontáneamente en los mismos términos de la parábola: el
señor de la viña no puede hacer otra cosa que dar muerte a aquellos labradores
y poner su viña en manos de otros. Jesús saca rápidamente una conclusión que no
esperan: “Por eso yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios
y se le dará a un pueblo que produzca frutos”.
Comentaristas y predicadores han interpretado con frecuencia
la parábola de Jesús como la reafirmación de la Iglesia cristiana como “el
nuevo Israel” después del pueblo judío que, después de la destrucción de
Jerusalén el año setenta, se ha dispersado por todo el mundo.
Sin embargo, la parábola está hablando también de nosotros.
Una lectura honesta del texto nos obliga a hacernos graves preguntas: ¿Estamos
produciendo en nuestros tiempos “los frutos” que Dios espera de su pueblo:
justicia para los excluidos, solidaridad, compasión hacia el que sufre,
perdón…?
Dios no tiene por qué bendecir un cristianismo estéril del
que no recibe los frutos que espera. No tiene por qué identificarse con nuestra
mediocridad, nuestras incoherencias, desviaciones y poca fidelidad. Si no
respondemos a sus expectativas, Dios seguirá abriendo caminos nuevos a su
proyecto de salvación con otras gentes que produzcan frutos de justicia.
Nosotros hablamos de “crisis religiosa”,
“descristianización”, “abandono de la práctica religiosa”… ¿No estará Dios
preparando el camino que haga posible el nacimiento de una Iglesia más fiel al
proyecto del reino de Dios? ¿No es necesaria esta crisis para que nazca una
Iglesia menos poderosa pero más evangélica, menos numerosa pero más entregada a
hacer un mundo más humano? ¿No vendrán nuevas generaciones más fieles a Dios?
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